«Two Concepts of Liberty, Inaugural Lecture as Chichele Professor of Social and Political Theory (Oxford, 1958: Clarendon Press), 55 pp.»
testpolitica / conceptos / libertad-negativa-vs-positiva
Libertad negativa y libertad positiva.
Distinción que Isaiah Berlin fijó en Oxford en 1958: no son dos cantidades de libertad, sino dos respuestas a preguntas distintas, «¿hasta dónde me dejan en paz?» y «¿quién manda sobre mí?».
También conocido como: libertad negativa · libertad positiva · freedom from / freedom to · libertad formal y libertad real · libertad como no interferencia
Sección 01
Definición
canónica.
Isaiah Berlin fija la distinción en 1958, en su lección inaugural como Chichele Professor of Social and Political Theory en Oxford. La Clarendon Press publicó «Two Concepts of Liberty» ese mismo año como folleto de cincuenta y cinco páginas, y en 1969 se incorporó a «Four Essays on Liberty». Su editor, Henry Hardy, lo tiene por el más discutido y contestado de sus textos. Lo que hace allí no es definir dos clases de libertad, sino avisar de que la palabra responde a dos preguntas que no son la misma. El sentido negativo contesta a: ¿cuál es el ámbito dentro del cual se debe dejar al sujeto hacer o ser lo que es capaz de hacer o ser, sin interferencia de otros? El positivo contesta a otra cosa: ¿qué o quién es la fuente de control que puede determinar a alguien a hacer o ser esto en lugar de aquello? Berlin lo remacha en la misma página: «las dos preguntas son claramente distintas, aunque las respuestas puedan solaparse». No son los dos extremos de una escala. Son dos preguntas independientes, y de ahí sale casi toda la confusión posterior: se discute como si hubiera una cantidad de libertad y dos maneras de repartirla.
El problema que venía a resolver era el de su época: en 1958 dos bloques que se encarcelaban mutuamente reclamaban la misma palabra sin sentir que mentían, y Berlin quiso explicar cómo era posible sin recurrir a la hipocresía. Lo dijo con menos aparato en una entrevista de televisión de 1962: si la fuente de la libertad está en mí, «es comparativamente poco importante cuánto control haya, con tal de que el control lo ejerza yo mismo, o mis representantes, o mi nación, mi pueblo, mi tribu, mi Iglesia». Ahí está el mecanismo: cuando la libertad se define como que quien manda sea de los míos, la cantidad de mando deja de ser una variable relevante. El paso peligroso no es el concepto positivo: es el deslizamiento desde «yo soy mi propio amo» hasta «nosotros somos nuestros propios amos» y de ahí a «el Estado somos nosotros». Berlin le pone nombre: «esta monstruosa suplantación, que consiste en equiparar lo que X elegiría si fuera algo que no es con lo que X busca y elige realmente».
La distinción, sin embargo, es tres siglos anterior a Berlin. Hobbes la usa en 1651 para demoler el concepto republicano de libertad: en las torres de Lucca está escrita la palabra LIBERTAS, dice, «pero nadie puede inferir de ahí que un hombre concreto tenga más libertad, o más inmunidad frente al servicio de la República, que en Constantinopla». Cinco años después Harrington le responde en «Oceana» con la fórmula contraria: «si la libertad de un hombre consiste en el imperio de su razón, cuya ausencia lo entregaría a la servidumbre de sus pasiones, entonces la libertad de una república consiste en el imperio de sus leyes, cuya ausencia la entregaría a la lujuria de los tiranos». Y Constant, en 1819, da la versión más cercana a la de Berlin: la libertad de los antiguos consistía en ejercer colectivamente partes de la soberanía, y era compatible con «el sometimiento completo del individuo a la autoridad del conjunto»; la de los modernos es el derecho a no estar sometido más que a las leyes. Berlin recoge esa herencia cuando escribe que «la respuesta a la pregunta ¿quién me gobierna? es lógicamente distinta de la pregunta ¿hasta dónde interfiere el gobierno conmigo?».
El eslabón que hizo célebre al concepto positivo es Rousseau. En el capítulo VII del libro I del «Contrato social» (1762) escribe que el pacto encierra tácitamente el compromiso de que quien se niegue a obedecer a la voluntad general será obligado por todo el cuerpo, «lo que no significa otra cosa sino que se le forzará a ser libre». Es la frase que Berlin persigue durante todo el ensayo. Conviene no leerla más allá de lo que dice: Rousseau describe la ejecución forzosa de un contrato que el propio obligado ha suscrito, para que el pacto social «no sea un vano formulario», no un programa de reeducación. Que la fórmula sea explotable no la vuelve totalitaria por sí sola, y la genealogía que Berlin traza desde ella lleva discutiéndose desde entonces.
Esa genealogía, además, salta por encima de la formulación canónica del concepto positivo en lengua inglesa, que no procede de ningún revolucionario. La firma T. H. Green, idealista de Oxford, en una conferencia dada en Leicester ante la asociación liberal local y publicada en 1881, y le sirve para defender las leyes de fábricas, la escolarización obligatoria y la responsabilidad del patrono por accidentes: «no queremos decir meramente ausencia de restricción o de coacción [...] queremos decir un poder o capacidad positiva de hacer o disfrutar algo que merezca la pena hacer o disfrutar, y además algo que hagamos o disfrutemos en común con otros». La libertad positiva, en su enunciado más citado, es un argumento liberal de 1881, no una consigna de partido único.
Conviene leer lo que Berlin concede, porque casi nunca se cita. Concede que ofrecer derechos políticos «a hombres medio desnudos, analfabetos, desnutridos y enfermos es burlarse de su condición»; concede que hay situaciones en las que las botas valen más que las obras de Shakespeare. Lo que no concede es que al remedio se le llame más libertad: «cada cosa es lo que es: la libertad es la libertad, no la igualdad ni la equidad ni la justicia ni la cultura, ni la felicidad humana ni una conciencia tranquila». Y señala dónde está de verdad el desacuerdo: si soy demasiado pobre para comprar algo que ninguna ley me prohíbe, me considero víctima de coacción solo porque creo que otros han dispuesto las cosas de forma que yo no tengo dinero y otros sí; «dicho de otro modo, este uso del término depende de una teoría social y económica particular sobre las causas de mi pobreza o mi debilidad». La disputa entre las dos libertades no es una disputa de valores. Es una disputa sobre a quién se atribuye la causa.
De ahí salen las tres distinciones internas que el debate público funde en una. La primera separa la libertad de sus condiciones: la renta, la salud o la escuela pueden ser requisitos para servirse de la libertad sin ser libertad ellas mismas, y quien lo afirma y quien lo niega pueden acabar votando las mismas leyes. La segunda es interna al concepto positivo: el autodominio individual, el del estoico que se repliega a lo que Berlin llama «la ciudadela interior», no es el autogobierno colectivo, y solo el segundo autoriza a coaccionar a nadie en nombre de su libertad. La tercera es que existe un tercer concepto que no cabe en el par: la libertad republicana como no dominación. El nombre es reciente (la relectura de la tradición clásica se asocia a Quentin Skinner y la doctrina contemporánea a Philip Pettit), pero la fórmula es la que Harrington oponía a Hobbes. Un siervo con un amo benévolo que nunca interfiere es libre en sentido negativo y no lo es en sentido republicano, porque su margen entero depende de una voluntad ajena que podría retirarlo mañana. Mucho de lo que hoy se discute sobre dependencia laboral, vivienda o deuda pertenece a esa familia y no tiene casilla en el par.
Los dos conceptos están además codificados en derecho, y en el mismo. El artículo 4 de la Declaración de 1789 es libertad negativa en estado puro: «la libertad consiste en poder hacer todo lo que no perjudica a otro», que es la idea que Mill convertirá setenta años después en principio de daño, según el cual el único fin que autoriza a ejercer poder sobre un miembro de una comunidad civilizada contra su voluntad «es evitar el daño a otros». El artículo 9.2 de la Constitución española es libertad positiva escrita en un boletín oficial: encarga a los poderes públicos «promover las condiciones para que la libertad y la igualdad [...] sean reales y efectivas» y «remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud». El artículo 3 de la Constitución italiana de 1947 ya ordenaba «remover los obstáculos de orden económico y social que, limitando de hecho la libertad y la igualdad de los ciudadanos, impiden el pleno desarrollo de la persona humana». No hay un concepto constitucional y otro subversivo: hay dos artículos.
Sección 02
Fuentes
verificadas.
Cada afirmación factual del cuerpo se rastrea a alguna de estas fuentes. Si una afirmación no encaja, es un fallo nuestro: dilo.
«The answer to the question 'Who governs me?' is logically distinct from the question 'How far does government interfere with me?' It is in this difference that the great contrast between the two concepts of negative and positive liberty, in the end, consists.»
«It is only because I believe that my inability to get a given thing is due to the fact that other human beings have made arrangements whereby I am, whereas others are not, prevented from having enough money with which to pay for it, that I think myself a victim of coercion or slavery. In other words, this use of the term depends on a particular social and economic theory about the causes of my poverty or weakness.»
«It is true that to offer political rights, or safeguards against intervention by the state, to men who are half naked, illiterate, underfed, and diseased is to mock their condition; they need medical help or education before they can understand, or make use of an increase in their freedom. What is freedom to those who cannot make use of it? [...] First things come first: there are situations, as a nineteenth century Russian radical writer declared, in which boots are superior to the works of Shakespeare; individual freedom is not everyone's primary need.»
«Everything is what it is: liberty is liberty, not equality or fairness or justice or culture, or human happiness or a quiet conscience.»
«This monstrous impersonation, which consists in equating what X would choose if he were something he is not, or at least not yet, with what X actually seeks and chooses, is at the heart of all political theories of self-realization.»
«And if the source of freedom lies in me, then it's comparatively unimportant how much control there is, provided the control is exercised by myself, or my representatives, or my nation, my people, my tribe, my Church, and so forth. Provided that I am governed by people who are sympathetic to me, or understand my interests, I don't mind how much of my life is pried into, or whether there is a private province which is divided from the public province [...]»
«Afin donc que ce pacte social ne soit pas un vain formulaire, il renferme tacitement cet engagement qui seul peut donner de la force aux autres, que quiconque refusera d'obéir à la volonté générale, y sera contraint par tout le corps : ce qui ne signifie autre chose sinon qu'on le forcera d'être libre ; car telle est la condition qui donnant chaque Citoyen à la Patrie le garantit de toute dépendance personnelle.»
«There is written on the Turrets of the city of Luca in great characters at this day, the word LIBERTAS; yet no man can thence inferre, that a particular man has more Libertie, or Immunitie from the service of the Commonwealth there, than in Constantinople. Whether a Common-wealth be Monarchicall, or Popular, the Freedome is still the same.»
«Again, if the liberty of a man consists in the empire of his reason, the absence whereof would betray him to the bondage of his passions, then the liberty of a commonwealth consists in the empire of her laws, the absence whereof would betray her to the lust of tyrants.»
«Comparez maintenant à cette liberté celle des anciens. Celle-ci consistait à exercer collectivement, mais directement, plusieurs parties de la souveraineté tout entière [...] mais en même temps que c'était là ce que les anciens nommaient liberté, ils admettaient, comme compatible avec cette liberté collective, l'assujettissement complet de l'individu à l'autorité de l'ensemble.»
«La liberté consiste à pouvoir faire tout ce qui ne nuit pas à autrui : ainsi, l'exercice des droits naturels de chaque homme n'a de bornes que celles qui assurent aux autres membres de la société la jouissance de ces mêmes droits. Ces bornes ne peuvent être déterminées que par la loi.»
«That principle is, that the sole end for which mankind are warranted, individually or collectively, in interfering with the liberty of action of any of their number, is self-protection. That the only purpose for which power can be rightfully exercised over any member of a civilised community, against his will, is to prevent harm to others. His own good, either physical or moral, is not a sufficient warrant.»
«Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social.»
«Toda persona tiene derecho a la libertad y a la seguridad. Nadie puede ser privado de su libertad, sino con la observancia de lo establecido en este artículo y en los casos y en la forma previstos en la ley.»
«È compito della Repubblica rimuovere gli ostacoli di ordine economico e sociale, che, limitando di fatto la libertà e l'eguaglianza dei cittadini, impediscono il pieno sviluppo della persona umana e l'effettiva partecipazione di tutti i lavoratori all'organizzazione politica, economica e sociale del Paese.»
«The lecture was delivered and published in 1958, and ever since it appeared it has been the most discussed and the most contested of his texts.»
«This was the burden of his speech in November, 1876, after he had been elected by the North Ward to represent them on tho town council.»
«In contemporary political theory and philosophy, it most often refers to a specific (and still contested) interpretation of the classical republican tradition, associated especially with the work of Quentin Skinner; together with a research program dedicated to developing insights from this tradition into an attractive contemporary political doctrine, associated especially with the work of Philip Pettit. According to republicans in this second sense (sometimes called ‘civic republicans’ or ‘neo-republicans’), the paramount republican value is political liberty, understood as non-domination or independence from arbitrary power.»
Sección 03
En España,
hoy.
En España la palabra funciona como consigna sin que casi nunca se aclare en qué sentido se usa, y el equívoco tiene rango constitucional. El artículo 17.1 reconoce el derecho «a la libertad y a la seguridad» en clave negativa: nadie puede ser privado de ella salvo en los casos y en la forma previstos en la ley. El 9.2 encarga a los poderes públicos hacerla «real y efectiva» removiendo obstáculos, que es la definición positiva. Quien pide que le dejen abrir su negocio, que no le multen por una opinión o que no le vigilen invoca la primera; quien pide vivienda asequible, renta mínima o educación gratuita invoca la segunda. Ninguno de los dos cita mal la Constitución: citan artículos distintos. Por eso discutir sobre quién defiende la libertad suele ser estéril. La pregunta con contenido es la de Berlin: cuando alguien dice que una medida quita libertad, ¿está diciendo que alguien interfiere en su conducta, o que se le retira una capacidad? Un impuesto alto y un alquiler impagable se describen los dos como pérdida de libertad, y lo que separa a las dos descripciones no es un valor sino una atribución de causa. Este test separa las dos cosas a propósito. El eje de libertad civil mide coacción no fiscal del Estado sobre la conducta individual (aborto, eutanasia, drogas, vigilancia), que es libertad negativa clásica en la convención de Locke y Mill; la libertad de expresión tiene eje propio y la coacción fiscal vive en el eje económico. Fundirlas convertiría automáticamente a cualquier partidario de impuestos altos en autoritario civil, y a cualquier partidario de bajarlos en libertario en materia de aborto o de vigilancia. Ninguna de las dos cosas se sigue.
Sección 04
Trampas
comunes.
- Tratarlas como dos cantidades de la misma cosa, como si un país pudiera tener «más negativa y menos positiva» en una balanza. Berlin dice literalmente lo contrario: son respuestas a dos preguntas distintas (¿hasta dónde me dejan en paz? y ¿quién manda sobre mí?) y las respuestas pueden solaparse. Una misma ley puede aumentar las dos a la vez, o reducir las dos a la vez, y entonces la balanza no explica nada.
- Leer «libertad positiva» como eufemismo de totalitarismo, que es lo que hace la mitad de los artículos de prensa que lo citan de segunda mano. Su formulación canónica en inglés es una conferencia de T. H. Green ante una asociación liberal en 1881 para defender las leyes de fábricas, la escolarización obligatoria y la responsabilidad del patrono por accidentes. Berlin advierte de una degeneración posible del concepto y describe con precisión su mecanismo; no lo identifica con el gulag.
- Leer «libertad negativa» como indiferencia ante la pobreza. Berlin escribe que ofrecer derechos políticos a hombres «medio desnudos, analfabetos, desnutridos y enfermos» es burlarse de su condición, y que hay situaciones en las que las botas valen más que las obras de Shakespeare. Su objeción es nominal, no moral: se niega a llamar libertad al remedio porque «cada cosa es lo que es».
- Confundir la libertad negativa con el libertarianismo. La libertad negativa berliniana es compatible con impuestos, regulación y bienes públicos: el propio Berlin concede que sin instrucción ni medios la libertad es inservible, y su objeción a llamar libertad al remedio es de vocabulario, no de política. Citarlo contra la redistribución es proyectarle un Nozick que no publica «Anarquía, Estado y utopía» hasta 1974. Y el hombre que firmó la fórmula «poder o capacidad positiva» era concejal liberal en Oxford, elegido por el North Ward en 1876. Ninguno de los dos conceptos trae partido incorporado.
- Confundir «¿quién me gobierna?» con «¿cuánto me gobiernan?». Es la confusión que Constant diagnosticó en 1819: la ciudad antigua tenía libertad colectiva máxima y libertad privada mínima, porque deliberar sobre la guerra en la plaza pública era compatible con «el sometimiento completo del individuo a la autoridad del conjunto». Autogobierno democrático y libertad individual son separables, y a veces se separan.
- Olvidar que hay un tercer concepto. La libertad republicana como no dominación (lo que Harrington opuso a Hobbes en 1656) sostiene que se puede no ser interferido y aun así no ser libre, si el margen depende por completo de una voluntad ajena que podría retirarlo mañana. Casi todo lo que se discute sobre dependencia laboral, arrendaticia o de deuda es de esa familia, y no cabe en el par negativa-positiva.
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