«recognize and promote the understanding that multiculturalism reflects the cultural and racial diversity of Canadian society and acknowledges the freedom of all members of Canadian society to preserve, enhance and share their cultural heritage»
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Multiculturalismo.
Doctrina según la cual un Estado liberal no puede ser culturalmente neutral y debe reconocer derechos diferenciados a los grupos minoritarios, no solo derechos individuales idénticos para todos.
También conocido como: multiculturalidad · sociedad multicultural · política del reconocimiento · ciudadanía multicultural · derechos diferenciados de grupo · multikulti
Sección 01
Definición
canónica.
Conviene separar dos usos que la misma palabra confunde. En sentido descriptivo, «multicultural» nombra un hecho: en un territorio conviven grupos con lenguas, religiones y orígenes distintos. En sentido normativo, «multiculturalismo» nombra una doctrina sobre qué debe hacer el Estado con ese hecho, y esa doctrina tiene autores, fechas y adversarios concretos. Todo lo que sigue va sobre lo segundo. Lo que une a sus defensores, por debajo de sus diferencias, es el rechazo del modelo del crisol, aquel en el que se espera que los miembros de los grupos minoritarios se asimilen a la cultura dominante.
La palabra entra en el derecho positivo antes que en la filosofía política. La «Canadian Multiculturalism Act» (aprobada el 21 de julio de 1988, consolidada como R.S.C. 1985, c. 24, cuarto suplemento) declara política del Gobierno de Canadá «reconocer y promover la comprensión de que el multiculturalismo refleja la diversidad cultural y racial de la sociedad canadiense y reconoce la libertad de todos los miembros de la sociedad canadiense de preservar, mejorar y compartir su herencia cultural». El preámbulo compromete al Estado con una política «diseñada para preservar y realzar la herencia multicultural de los canadienses mientras se trabaja por la igualdad de todos los canadienses en la vida económica, social, cultural y política». Ahí está ya la estructura entera: reconocimiento de la diferencia y, en la misma frase, igualdad de ciudadanía. Justificar que esas dos cosas caben juntas es la tarea que hereda la teoría.
La justificación llega en dos versiones que se citan como si fueran una sola y no lo son. La primera es la de Charles Taylor en «The Politics of Recognition» (1992; edición ampliada al cuidado de Amy Gutmann, Princeton University Press, 1994). Taylor parte de una tesis sobre la identidad: nos definimos siempre en diálogo con otros, de manera que la falta de reconocimiento, o el reconocimiento equivocado, hiere y puede encerrar a alguien en una imagen degradada de sí mismo. De ahí que reconstruya el reproche que la política de la diferencia dirige al liberalismo de la dignidad igual, el que aplica reglas uniformes y desconfía de los fines colectivos: «la pretensión es que el conjunto supuestamente neutral de principios ciegos a la diferencia de la política de la dignidad igual es de hecho el reflejo de una cultura hegemónica». Y la frase que se cita siempre: «en consecuencia, la sociedad supuestamente justa y ciega a la diferencia no solo es inhumana (porque suprime identidades), sino también, de manera sutil e inconsciente, ella misma altamente discriminatoria». Su ejemplo es Quebec y la supervivencia del francés.
La segunda versión es explícitamente liberal y llega con «Multicultural Citizenship» (Oxford University Press, 1995), de Will Kymlicka. Su argumento no descansa en el valor intrínseco de las culturas, sino en dos premisas individualistas: la pertenencia cultural es la condición del ejercicio de la autonomía, porque proporciona el contexto en el que las opciones significan algo, y el Estado no puede ser culturalmente neutral aunque se lo proponga. La entrada «Multiculturalism» de la Stanford Encyclopedia of Philosophy resume así lo segundo: aunque los Estados «pueden prohibir la discriminación racial y evitar el establecimiento oficial de cualquier religión, no pueden evitar establecer una lengua para la escolarización pública y otros servicios estatales». Si hay que elegir lengua escolar, calendario y festivos, la ceguera a la diferencia es una descripción falsa de lo que el Estado hace, y la pregunta se desplaza: en qué condiciones se compensa a quien no está en la cultura por defecto.
Kymlicka ordena el campo con dos distinciones que ahorran la mitad de las discusiones. La primera separa el origen de la diversidad: «dado que "multicultural" invita a esta clase de confusión, usaré los términos "multinacional" y "poliétnico" para referirme a las dos formas principales de pluralismo cultural». Multinacional es el Estado que incorporó culturas antes autogobernadas y concentradas en un territorio; poliétnico, el que recibió inmigración individual o familiar. Los derechos que corresponden a cada caso no son los mismos. La segunda distinción ordena los instrumentos: «hay al menos tres formas de derechos específicos de grupo: (1) derechos de autogobierno; (2) derechos poliétnicos; y (3) derechos de representación especial». El límite liberal está en el mismo libro, y es lo que separa esta doctrina del relativismo cultural: «sostendré que los liberales pueden y deben respaldar ciertas protecciones externas, cuando promueven la equidad entre grupos, pero deben rechazar las restricciones internas que limitan el derecho de los miembros del grupo a cuestionar y revisar autoridades y prácticas tradicionales». Protección externa es lo que un grupo reclama frente a la sociedad mayor; restricción interna, lo que reclama sobre los suyos.
Las objeciones vienen de familias distintas y conviene no amontonarlas. La cosmopolita (Jeremy Waldron) niega la premisa antropológica: las culturas ya son híbridas, y protegerlas congela una versión supuestamente pura. La libertaria (Chandran Kukathas) niega que existan derechos de grupo, deja solo derechos individuales de asociación y de salida, y reserva al Estado la indiferencia en lugar de la ingeniería cultural. La redistributiva (Brian Barry, Todd Gitlin, Richard Rorty) sostiene que la política del reconocimiento desplaza a la de la redistribución y erosiona la confianza que sostiene el Estado de bienestar. La igualitarista universalista, de nuevo Barry, rompe la analogía de fondo: una discapacidad limita las oportunidades de alguien, mientras que una convicción religiosa modela su disposición a aprovecharlas, y eso no genera el mismo título a compensación. Y la feminista, que es la más incómoda porque acepta las premisas y llega a otra conclusión, la formula Susan Moller Okin en «Is Multiculturalism Bad for Women?» (Boston Review, octubre-noviembre de 1997): «en el caso de una cultura minoritaria más patriarcal en el contexto de una cultura mayoritaria menos patriarcal, no puede construirse ningún argumento basado en el autorrespeto o la libertad según el cual las mujeres de esa cultura tengan un interés claro en su preservación». Es el problema de las minorías dentro de las minorías, y es la razón por la que la distinción entre protecciones externas y restricciones internas se lleva tanto peso.
El giro que explica el uso actual de la palabra ocurre entre 2010 y 2011, y no lo dan los filósofos. En octubre de 2010, ante las juventudes de la CDU en Potsdam, Angela Merkel declaró, según la crónica de la BBC publicada el 17 de octubre: «y por supuesto, el enfoque [de construir] una [sociedad] multicultural y vivir unos al lado de otros y disfrutar unos de otros ... ha fracasado, ha fracasado por completo». El 5 de febrero de 2011, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, David Cameron sostuvo que «bajo la doctrina del multiculturalismo de Estado hemos alentado a culturas distintas a vivir vidas separadas, apartadas unas de otras y apartadas de la corriente principal», y propuso sustituir la tolerancia pasiva por un «liberalismo musculoso». Desde entonces, en el debate europeo la palabra es sobre todo una acusación.
Que pasara a significar «fracaso» no zanja el asunto empírico, y ahí es donde el uso polémico y el técnico se separan del todo. La propia Stanford advierte que «el mayor desafío del multiculturalismo hoy puede no ser filosófico sino político», y recoge investigación que discute que las políticas se hayan retirado de verdad. Kymlicka respondió en un informe para el Migration Policy Institute (febrero de 2012) que la narrativa del auge y caída «1) caracteriza mal la naturaleza de los experimentos de multiculturalismo que se han emprendido, 2) exagera hasta qué punto se han abandonado», y que «hablar de la retirada del multiculturalismo ha oscurecido el hecho de que una forma de integración multicultural sigue siendo una opción viva para las democracias occidentales». Se puede estar en contra de todo esto; lo que no se sostiene es dar por hecho que lo que Merkel y Cameron declararon muerto es lo mismo que Kymlicka defendía. La Stanford lo dice sin adornos: «la mayoría de las teorías del multiculturalismo de inmigración no aspiran a la separación, sino a diseñar términos más justos de inclusión de las minorías religiosas y culturales en la sociedad general».
Sección 02
Fuentes
verificadas.
Cada afirmación factual del cuerpo se rastrea a alguna de estas fuentes. Si una afirmación no encaja, es un fallo nuestro: dilo.
«the Government of Canada recognizes the diversity of Canadians as regards race, national or ethnic origin, colour and religion as a fundamental characteristic of Canadian society and is committed to a policy of multiculturalism designed to preserve and enhance the multicultural heritage of Canadians»
«Consequently, the supposedly fair and difference-blind society is not only inhuman (because suppressing identities) but also, in a subtle and unconscious way, itself highly discriminatory.»
«The claim is that the supposedly neutral set of difference-blind principles of the politics of equal dignity is in fact a reflection of one hegemonic culture.»
«Since ‘multicultural’ invites this sort of confusion, I will use the terms ‘multinational’ and ‘polyethnic’ to refer to the two main forms of cultural pluralism.»
«There are at least three forms of group-specific rights: (1) self-government rights; (2) polyethnic rights; and (3) special representation rights.»
«I will argue that liberals can and should endorse certain external protections, where they promote fairness between groups, but should reject internal restrictions which limit the right of group members to question and revise traditional authorities and practices.»
«While states may prohibit racial discrimination and avoid official establishment of any religion, they cannot avoid establishing one language for public schooling and other state services»
«most theories of immigrant multiculturalism do not aim at separation but rather devising fairer terms of inclusion for religious and cultural minorities into mainstream society»
«In the case of a more patriarchal minority culture in the context of a less patriarchal majority culture, no argument can be made on the basis of self-respect or freedom that the female members of the culture have a clear interest in its preservation.»
«And of course, the approach [to build] a multicultural [society] and to live side-by-side and to enjoy each other... has failed, utterly failed.»
«Under the doctrine of state multiculturalism, we have encouraged different cultures to live separate lives, apart from each other and apart from the mainstream.»
«we need a lot less of the passive tolerance of recent years and a much more active, muscular liberalism»
«This paper will argue that the master narrative 1) mischaracterizes the nature of the experiments in multiculturalism that have been undertaken, 2) exaggerates the extent to which they have been abandoned»
«Talk about the retreat from multiculturalism has obscured the fact that a form of multicultural integration remains a live option for Western democracies.»
«Los alumnos musulmanes que cursen estudios en centros de enseñanza públicos o privados concertados, estarán dispensados de la asistencia a clase y de la celebración de exámenes, en el día del viernes durante las horas a que se refiere el número 1 de este artículo»
«Los poderes públicos promoverán la plena integración de los extranjeros en la sociedad española, en un marco de convivencia de identidades y culturas diversas sin más límite que el respeto a la Constitución y la ley.»
«Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.»
Sección 03
En España,
hoy.
España aplica la versión fuerte de esta doctrina sin llamarla nunca por su nombre. El artículo 3.2 de la Constitución establece que «las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos», y el edificio que cuelga de ahí (autogobierno, lengua vehicular, competencias educativas) es, en el vocabulario de Kymlicka, un Estado multinacional con derechos de autogobierno, no un caso de acomodo a la inmigración. La versión poliétnica también existe y está en el BOE. La Ley 26/1992 aprueba el Acuerdo de Cooperación con la Comisión Islámica de España, con dos leyes gemelas ese mismo año para evangélicos y judíos. Contiene exactamente los instrumentos que la teoría llama derechos poliétnicos: interrupción del trabajo los viernes previo acuerdo, sustitución de festivos por las festividades islámicas y la dispensa de que «los alumnos musulmanes que cursen estudios en centros de enseñanza públicos o privados concertados, estarán dispensados de la asistencia a clase y de la celebración de exámenes, en el día del viernes», más el registro de la denominación halal. La fórmula legal general está en el artículo 2 ter de la Ley Orgánica 4/2000: los poderes públicos promoverán la integración «en un marco de convivencia de identidades y culturas diversas sin más límite que el respeto a la Constitución y la ley». Acomodo con límite liberal, la estructura de Kymlicka casi palabra por palabra, aunque la Administración prefiera la etiqueta «integración» o «interculturalidad». En el debate partidista la palabra funciona casi siempre como reproche, y conviene mirar los dos lados con el mismo detalle. La derecha soberanista (Vox, SALF y sectores del PP) la usa en el registro de Merkel y Cameron, aplicada a la vez a la política migratoria y al Estado autonómico. La izquierda de Sumar y Podemos apenas la emplea y prefiere «diversidad», aunque su agenda de reconocimiento de minorías es la que el test sitúa en el polo positivo del eje de identitarismo. Los nacionalismos periféricos (ERC, Junts, PNV, EH Bildu, BNG) se comportan como minorías nacionales en el sentido técnico, pero rechazan el marco porque no se reconocen como minoría sino como nación. La posición universalista ciega a la diferencia, la que Taylor critica, es la que ocupó Ciudadanos. Y Aliança Catalana es el caso que obliga a afinar: reclama protección máxima para la lengua y la identidad catalanas y la niega a la inmigración, es decir, protecciones externas para el grupo propio y ninguna para los demás. La observación simétrica, y es la que suele faltar: mucha gente que defiende derechos de grupo para el caso catalán o vasco los rechaza para los inmigrantes musulmanes, y mucha gente que defiende el acomodo religioso de los inmigrantes rechaza la protección lingüística cuando la reclama una mayoría. Las dos incoherencias son reales y el test las separa en ejes distintos (identitarismo, territorial y religión) precisamente para que no haya que comprarlas en paquete.
Sección 04
Trampas
comunes.
- «Multicultural» describe un hecho y «multiculturalismo» defiende una política: confundirlos convierte una discusión sobre medidas concretas en una discusión sobre si debe haber inmigración.
- No es relativismo cultural: la versión liberal acepta las protecciones del grupo frente a la sociedad mayor y rechaza expresamente las restricciones que el grupo quiera imponer a sus propios miembros.
- No equivale a wokismo: Kymlicka argumenta desde el igualitarismo liberal de matriz rawlsiana y no desde la crítica posestructuralista de la identidad, y las dos genealogías llegan a conclusiones distintas sobre el individuo.
- El «fracaso» que declararon Merkel y Cameron apuntaba a políticas de integración de inmigrantes, no a la teoría de los derechos de las minorías nacionales, que ningún Estado europeo ha derogado.
- Defender derechos de grupo para una minoría nacional no obliga a defender acomodos religiosos para inmigrantes, ni al revés: la teoría separa el caso multinacional del poliétnico porque no se siguen el uno del otro.
- No es lo contrario de la integración ni sinónimo de fronteras abiertas: es una teoría sobre los términos de la incorporación, no sobre a quién se admite.
- Que un Estado sea neutral en religión no lo hace neutral en cultura: tiene que elegir lengua escolar y calendario laboral, y esa elección ya favorece a alguien.
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Y tú
¿Sabrías situarte en los nueve ejes?
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