«the distinctive feature of diminished subtypes is that they generally identify specific attributes of democracy that are missing, thereby establishing the diminished character of the subtype, at the same time that they identify other attributes of democracy that are present»
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Iliberalismo.
Régimen que conserva elecciones competitivas pero vacía los límites que contienen al que las gana: tribunales, prensa independiente, derechos de minorías y control parlamentario. Fareed Zakaria lo puso en circulación en 1997 como advertencia y Viktor Orbán lo reivindicó en 2014 como proyecto de Estado.
También conocido como: democracia iliberal · iliberal · democracia sin liberalismo · autocracia electoral · autoritarismo competitivo · régimen híbrido · orbanización
Sección 01
Definición
canónica.
«Iliberal» no es un insulto de tertulia: es un término con autor, fecha y propósito. En el número de noviembre-diciembre de 1997 de Foreign Affairs, Fareed Zakaria abrió un ensayo constatando que «Democratically elected regimes, often ones that have been reelected or reaffirmed through referenda, are routinely ignoring constitutional limits on their power and depriving their citizens of basic rights and freedoms», y recorrió los casos de Perú a Eslovaquia y de Sierra Leona a Filipinas antes de dar al fenómeno el nombre con el que se ha quedado: «illiberal democracy». Nació como advertencia, no como programa.
Lo que Zakaria separó es lo que en Occidente llevaba un siglo yendo junto. Su frase central define la democracia liberal como «a political system marked not only by free and fair elections, but also by the rule of law, a separation of powers, and the protection of basic liberties of speech, assembly, religion, and property», y sostiene que ese segundo paquete, al que llama «constitutional liberalism», es «theoretically different and historically distinct from democracy». Son dos preguntas distintas. Democracia responde a quién manda, y se contesta contando votos. Liberalismo constitucional responde a hasta dónde puede mandar quien ganó, y se contesta mirando tribunales, prensa no gubernamental, derechos que no se someten a votación y controles parlamentarios que funcionan cuando el Gobierno tiene mayoría. Un régimen puede aprobar el primer examen y suspender el segundo.
El andamiaje conceptual ya existía. Un año antes, David Collier y Steven Levitsky habían catalogado el aluvión de «democracias con adjetivos» y explicado qué hace un adjetivo que resta en lugar de sumar: los subtipos disminuidos, escriben, «generally identify specific attributes of democracy that are missing, thereby establishing the diminished character of the subtype, at the same time that they identify other attributes of democracy that are present». «Democracia iliberal» es exactamente eso: nombra lo que falta (los límites) sin negar lo que sigue en pie (las urnas). Por eso no es un modo elegante de decir «dictadura», y quien lo usa así está usando otra palabra.
El giro que hace singular a este concepto llegó en 2014. El 26 de julio, en la Universidad Libre de Verano de Bálványos, en Tusnádfürdő (Băile Tuşnad, Rumanía), el primer ministro húngaro Viktor Orbán recogió el reproche y lo convirtió en proyecto de Estado: «And so in this sense the new state that we are constructing in Hungary is an illiberal state, a non-liberal state». Matizó que ese Estado «does not reject the fundamental principles of liberalism such as freedom», sino que deja de poner esa ideología en el centro de la organización estatal, y señaló como los astros de los analistas internacionales del momento a Singapur, China, India, Rusia y Turquía. Cuatro años después, en el mismo campamento, lo reformuló con la etiqueta que acabaría prefiriendo: «Let us confidently declare that Christian democracy is not liberal. Liberal democracy is liberal, while Christian democracy is, by definition, not liberal: it is, if you like, illiberal». Pocos conceptos de la ciencia política cuentan con un jefe de Gobierno que los reivindique en primera persona; este los tiene, y de ahí que casi toda discusión sobre la palabra acabe siendo una discusión sobre Hungría.
La objeción técnica más dura no viene de quienes se sienten aludidos, sino de la propia literatura comparada: el sintagma concede demasiado. En 2002, Steven Levitsky y Lucan Way escribieron que «Although scholars have characterized many of these regimes as partial or “diminished” forms of democracy, we agree with Juan Linz that they may be better described as a (diminished) form of authoritarianism», y propusieron llamarlos autoritarismos competitivos. Su umbral es verificable: «violations of these criteria are both frequent enough and serious enough to create an uneven playing field between government and opposition». No hace falta pucherazo el día de la votación; bastan el abuso de recursos públicos, la cobertura mediática negada a la oposición y el acoso a candidatos y periodistas. La pregunta operativa no es si hay elecciones, sino si el que manda puede perderlas.
El método también está descrito, y no incluye tanques. Kim Lane Scheppele lo llamó legalismo autocrático: «Legalistic autocrats operate by pitting democracy against constitutionalism to the detriment of liberalism». La expresión venía de Javier Corrales, que la había acuñado para el chavismo venezolano, lo que ya indica que el repertorio no tiene dueño ideológico. La señal temprana que propone Scheppele es concreta: «Loosening the bonds of constitutional constraint on executive power through legal reform is the first sign of the autocratic legalist». Freedom House describe el mismo catálogo aplicado a democracias en pie: «In democracies, illiberal leaders rely on more nuanced tactics than imprisoning or banning the opposition», y enumera la manipulación de circunscripciones, la presión sobre órganos de fiscalización y la sustitución de tribunales por vía de mayoría parlamentaria.
De ensayo, el concepto pasó a categoría medida. La tipología «Regímenes del Mundo» de V-Dem sustituye el sintagma por cuatro casillas ordenadas (democracia liberal, democracia electoral, autocracia electoral y autocracia cerrada), y lo que Zakaria describía cae casi siempre en las dos centrales. Su informe de 2026 documenta el desgaste desde arriba: «Las democracias liberales — actualmente el tipo de régimen menos común en el mundo— pasan de un máximo de 45 en 2009 a 31 en 2025. En el mismo período, el número de democracias electorales aumenta de 46 a 56», y avisa de que ese trasvase significa que «las características liberales de las democracias establecidas» se están erosionando. La etiqueta también entró en el lenguaje institucional europeo: el 15 de septiembre de 2022 el Parlamento Europeo aprobó una resolución que declara que la falta de acción de la Unión contribuyó a convertir a Hungría «en un régimen híbrido de autocracia electoral, según los índices pertinentes». Obsérvese la coletilla: la calificación no la pone la resolución, la ponen los índices.
De ahí sale la línea entre el uso técnico y el uso polémico. Técnicamente, «iliberal» nombra una configuración de dos piezas que se comprueban por separado, competencia electoral real y contrapesos degradados, y exige tres cosas: indicadores publicados, serie temporal (importa la dirección, no solo el nivel) y disposición a aceptar que un mismo Gobierno mejore un indicador mientras empeora otro. Polémicamente, «iliberal» es el adjetivo que se le pone al adversario cuando «autoritario» suena excesivo y «antidemocrático» es refutable señalando las urnas. Ese segundo uso no se puede falsar, que es justo lo contrario de lo que el concepto pretendía.
Sección 02
Fuentes
verificadas.
Cada afirmación factual del cuerpo se rastrea a alguna de estas fuentes. Si una afirmación no encaja, es un fallo nuestro: dilo.
«And so in this sense the new state that we are constructing in Hungary is an illiberal state, a non-liberal state. It does not reject the fundamental principles of liberalism such as freedom, and I could list a few more, but it does not make this ideology the central element of state organisation, but instead includes a different, special, national approach.»
«This, Ladies and Gentlemen, is the explanation for the fact that the most popular topic in thinking today is trying to understand how systems that are not Western, not liberal, not liberal democracies and perhaps not even democracies, can nevertheless make their nations successful. The stars of the international analysts today are Singapore, China, India, Russia and Turkey.»
«Although scholars have characterized many of these regimes as partial or “diminished” forms of democracy, we agree with Juan Linz that they may be better described as a (diminished) form of authoritarianism.»
«In competitive authoritarian regimes, by contrast, violations of these criteria are both frequent enough and serious enough to create an uneven playing field between government and opposition. Although elections are regularly held and are generally free of massive fraud, incumbents routinely abuse state resources, deny the opposition adequate media coverage, harass opposition candidates and their supporters, and in some cases manipulate electoral results.»
«Legalistic autocrats operate by pitting democracy against constitutionalism to the detriment of liberalism.»
«Loosening the bonds of constitutional constraint on executive power through legal reform is the first sign of the autocratic legalist.»
«Professor Javier Corrales first used this phrase to describe Hugo Chávez’s rule in Venezuela.»
«Las democracias liberales — actualmente el tipo de régimen menos común en el mundo— pasan de un máximo de 45 en 2009 a 31 en 2025. En el mismo período, el número de democracias electorales aumenta de 46 a 56.»
«Por lo tanto, las características liberales de las democracias establecidas —como los controles y contrapesos sobre el ejecutivo, el respeto a las libertades civiles y el estado de derecho— se están erosionando.»
«In democracies, illiberal leaders rely on more nuanced tactics than imprisoning or banning the opposition.»
«Lithuania and Spain each gained 1 point, as the former displayed increased transparency in its judicial appointments, and judicial vacancies were filled in the latter after a prolonged political deadlock.»
«lamenta profundamente que la falta de una acción decisiva de la Unión haya contribuido a la ruptura de la democracia, el Estado de Derecho y los derechos fundamentales en Hungría, convirtiendo al país en un régimen híbrido de autocracia electoral, según los índices pertinentes»
«La falta de renovación del Consejo General del Poder Judicial ha lastrado la labor del Tribunal Supremo y perjudicado al sistema judicial en su conjunto»
«Como la renovación no se ha producido hasta julio de 2024, a pesar de que había procedimientos que exigían la renovación ya en diciembre de 2018, el Consejo General del Poder Judicial estuvo ejerciendo en funciones, lo que aumentó las preocupaciones ya planteadas en los Informes sobre el Estado de Derecho anteriores»
«The Commission has not intervened in the political discussion. In particular, it has not commented on the desirability of the amnesty bill, nor on its suitability to achieve its stated aim, as these are political decisions for the Spanish Government and Parliament to take.»
Sección 03
En España,
hoy.
En España la palabra circula en las dos direcciones y con la misma estructura: se acusa al adversario de vaciar contrapesos y se atribuyen las mayorías propias a la voluntad popular. Desde la izquierda se aplica a gobiernos autonómicos y municipales de PP y Vox, por retirada de subvenciones a entidades culturales, vetos a obras y exposiciones y relevos en la dirección de medios públicos autonómicos, y la comparación que se invoca es Hungría. Desde la derecha se aplica al Gobierno de coalición, por la ley de amnistía, el uso intensivo del real decreto ley y los nombramientos en RTVE, el CIS y los órganos judiciales, y la comparación que se invoca es Venezuela. Las dos acusaciones emplean la misma palabra para cosas distintas, y ninguna de las dos aporta la serie temporal que el concepto exige. Lo que sí está medido apunta a otro sitio. V-Dem clasifica a España en 2025 como democracia liberal, la casilla superior de su tipología, junto a Alemania, Japón o Dinamarca. Freedom House le sumó un punto en su edición de 2026 porque «judicial vacancies were filled in the latter after a prolonged political deadlock». Ese bloqueo, el del Consejo General del Poder Judicial, es el episodio español que más se parece a lo que describe la literatura, y la Comisión Europea lo registró sin repartir culpas: «La falta de renovación del Consejo General del Poder Judicial ha lastrado la labor del Tribunal Supremo y perjudicado al sistema judicial en su conjunto». El mismo informe fecha el desajuste: la renovación era exigible desde diciembre de 2018 y no llegó hasta julio de 2024. Como dependía de un acuerdo entre los dos partidos mayoritarios, no es munición utilizable por ninguno de los dos. Sobre la amnistía conviene leer entera la fuente que ambos bandos citan. La Comisión de Venecia dictaminó en marzo de 2024 y delimitó su alcance por escrito: «The Commission has not intervened in the political discussion. In particular, it has not commented on the desirability of the amnesty bill, nor on its suitability to achieve its stated aim, as these are political decisions for the Spanish Government and Parliament to take». Quien presenta ese dictamen como veredicto sobre el carácter iliberal del Gobierno está citando exactamente lo que el dictamen dice no haber hecho.
Sección 04
Trampas
comunes.
- Tratar «iliberal» como sinónimo de «antidemocrático»: el diagnóstico afirma lo contrario, que las elecciones se siguen celebrando y siguen decidiendo quién gobierna.
- Darlo por un fenómeno de derechas: el legalismo autocrático que describe Scheppele lo bautizó Javier Corrales estudiando el chavismo, y el catálogo de casos de Levitsky y Way abarca desde la Croacia de Tudjman y la Serbia de Milošević hasta el Perú de Fujimori.
- Creer que Orbán rechaza la etiqueta cuando se la aplican: la reivindicó en 2014 como proyecto de Estado y en 2018 la convirtió en definición de su democracia cristiana.
- Esperar un golpe o una suspensión de la Constitución: el método descrito consiste en reformas legales sucesivas de forma impecable, y esa es precisamente la razón de que cueste señalarlo a tiempo.
- Aceptar sin examen la mitad «democracia» del sintagma: Levitsky y Way sostienen que, cuando el campo de juego es desigual, lo honesto es hablar de autoritarismo competitivo y no de una democracia con adjetivo.
- Confundir nivel con tendencia: un país puede estar arriba en los índices y llevar una década cayendo, y ninguna de las dos cifras significa nada sin la otra.
- Aplicarlo a un Gobierno en lugar de a un régimen: los indicadores miden instituciones a lo largo de años, no legislaturas, personas ni programas electorales.
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