«It is not enough, under the present conditions of the international proletarian revolution, to repudiate the preposterous absurdities of “National Bolshevism” (Laufenberg and others), which has gone to the length of advocating a bloc with the German bourgeoisie for a war against the Entente.»
testpolitica / conceptos / rojipardo
Rojipardo.
Etiqueta de adversario para quien combina anticapitalismo de izquierdas con tradicionalismo cultural o soberanismo de derechas. Con ese nombre no se llama casi nadie: lo pusieron en circulación sus críticos en la Rusia y la Francia de 1992 y 1993, y la doctrina que señala se llama nacionalbolchevismo.
También conocido como: rojipardismo · nacionalbolchevismo · bolchevismo nacional · querfront · red-brown
Sección 01
Definición
canónica.
«Rojipardo» junta dos colores de bandera: el rojo del comunismo y el pardo con que se identifica al nacionalsocialismo alemán, el de las camisas de sus SA. Es un compuesto de adversario. Nadie firma un manifiesto llamándose rojipardo, y quien recibe la etiqueta la rechaza casi siempre, así que su historia es antes la de una acusación que la de una doctrina. Conviene separar la palabra, que es reciente, importada y polémica, de la cosa que intenta nombrar, que es vieja, está documentada y resulta bastante más precisa.
La cosa tiene nombre propio: nacionalbolchevismo. Nace en Hamburgo entre 1919 y 1920 con dos cuadros del Partido Comunista Alemán, Heinrich Laufenberg y Fritz Wolffheim, que defendían transformar la lucha de clases en guerra entre naciones para reabrir el conflicto contra el Tratado de Versalles, aliándose si hacía falta con la burguesía alemana. Importa mucho quién puso la etiqueta, porque fue el propio movimiento comunista: se atribuye a Karl Radek, dirigente de la Internacional Comunista, que la usó despectivamente tras la escisión de la KAPD, y Lenin la escribe en 1920 entre comillas y con desprecio, junto a la palabra «absurdos». El término nace como reproche interno, no como categoría de observadores externos, y ese origen explica buena parte de su uso posterior. En alemán, «nacionalbolchevique» sigue funcionando hoy como insulto contra nacionalistas de raíz comunista o social-revolucionaria.
Hay una segunda palabra alemana, y designa algo distinto: Querfront, el frente transversal. No es una síntesis doctrinal sino una alianza táctica entre organizaciones que siguen siendo enemigas. Su episodio canónico es el discurso de Radek ante el Ejecutivo de la Internacional Comunista en junio de 1923, después de que tropas francesas fusilaran en el Ruhr al nacionalista Leo Schlageter: Radek llega a llamarlo «valiente soldado de la contrarrevolución» digno de ser honrado por «los soldados de la revolución», pero lo que propone no es fundir programas, sino disputarle a la burguesía la masa nacionalista pequeñoburguesa. El otro episodio es de 1932, cuando el ministro y luego canciller Kurt von Schleicher sondeó un frente transversal con las alas sindicales de partidos de derecha a izquierda. Y aquí conviene la cautela que casi nunca se cita: la investigación histórica ha rebajado mucho ese plan. Heinrich Muth documentó que esas consideraciones se concentran en unas pocas semanas de agosto y septiembre de 1932 y que Schleicher fue «poco más que un observador, eso sí, muy interesado»; Henry Ashby Turner lo llama directamente un «mito». Incluso el Querfront de manual es más discutido que su fama.
La síntesis doctrinal de verdad existe, y su formulación doctrinal más explícita es la de Karl Otto Paetel, cuyo manifiesto nacionalbolchevique lleva el prólogo fechado el 30 de enero de 1933, el día del desfile de antorchas con que se celebró que Hitler llegaba a canciller. Paetel es la excepción que aclara la regla del nombre ajeno: recoge el insulto («esa frase sucia: “¡nacionalbolcheviques!”»), pide plantar las banderas de la nación en el campo de la lucha de clases y propone formar, junto a las organizaciones proletarias, una orden de revolucionarios nacionalistas, antiburgueses y anticapitalistas. Nótese la dirección del viaje: se parte del anticapitalismo, no se toca el programa económico y se sustituye el internacionalismo por la nación. El otro nombre de la familia es Ernst Niekisch, editor de la revista «Widerstand» entre 1926 y 1934. La escala real, en cambio, se suele exagerar: Steven Forti recuerda que en el ocaso de Weimar el nacionalbolchevismo era «un magma heterogéneo de grupúsculos, siempre divididos entre sí, que no llegaron a sumar 5.000 militantes».
Un cuarto fenómeno se confunde con los anteriores y es el más simple: la coincidencia de voto sin pacto ni doctrina común. En el referéndum prusiano de agosto de 1931 el partido comunista alemán votó lo mismo que los nacionalsocialistas contra el gobierno prusiano que presidía la socialdemocracia. Trotsky lo denunció ese mismo mes con un texto que suele citarse a medias: sí, «el frente único con los fascistas es un hecho indudable» dentro de los límites de aquella papeleta, y sí, la burocracia estalinista metió a los obreros revolucionarios en él; pero en las mismas páginas se niega a llamar fascistas a las dos partes, «porque los nombres en política sirven para distinguir y no para meterlo todo en el mismo montón», y recuerda que se trata de dos partidos mortalmente hostiles. Se puede denunciar una confluencia concreta sin comprar la tesis de que los extremos son intercambiables.
El quinto caso es el que más confusión produce en España: llegar a un destino parecido viniendo de la derecha. El manifiesto fundacional de «La Conquista del Estado», el semanario de Ramiro Ledesma Ramos, anuncia en marzo de 1931 una acción política «sin división lateral de derechas e izquierdas», reconoce en el marxismo la primera visión clara de la civilización industrial, establece que «la sindicación de las fuerzas económicas será obligatoria» y opone a la sociedad comunista los valores jerárquicos y la idea nacional. El programa económico se parece; el punto de partida es el contrario. Eso no es rojipardismo en sentido estricto, porque no hay travesía desde la izquierda: la etiqueta correcta es nacional-sindicalismo, y fundir las dos borra justo lo que las separa, que es la jerarquía, la religión y la libertad civil.
La palabra, mientras tanto, llega muy tarde y por otro sitio. Se fija en el mundo postsoviético: en 1992 Borís Yeltsin llama rojipardo al Frente de Salvación Nacional que impulsaba el comunista Guennadi Ziugánov, y en 1993 se funda el Partido Nacional-Bolchevique de Eduard Limónov, acompañado hasta 1998 por Aleksandr Dugin. En julio de 1993 se publica en Francia un llamamiento de intelectuales de izquierda contra la tentación nacional-comunista: el «Appel à la vigilance», firmado por cuarenta nombres (Bourdieu, Derrida, Eco, Vernant, Poliakov, Rossanda), que no usa la palabra pero describe el mecanismo, a saber, una estrategia de legitimación de la extrema derecha que se aprovecha de «la desaparición supuesta de todo clivaje político entre la izquierda y la derecha» y del «renacimiento presunto de las ideas de nación y de identidad cultural».
Queda un sexto fenómeno, contemporáneo, que Forti llama parasitismo ideológico: grupos de extrema derecha que adoptan léxico y consignas de izquierda sin cambiar de programa, bajo lemas del tipo «valores de derecha, ideas de izquierda». Aquí no hay síntesis ni frente, hay camuflaje. Son seis cosas distintas, y ese es el problema del término: contra una síntesis doctrinal se argumenta; contra una táctica de captación se compite; contra una coincidencia de papeleta se hace aritmética; contra un anticapitalismo jerárquico se discute de jerarquía y no de economía; contra el camuflaje basta con leer el programa. Una sola etiqueta para las seis no sirve para ninguna.
El test no tiene un eje de rojipardismo, y no lo tiene a propósito: lo que la palabra describe es una combinación de posiciones en ejes distintos, y solo se ve si esos ejes están separados. Con la calibración actual, Frente Obrero y Podemos quedan a tres puntos de distancia en el eje económico, pero a ciento veinticinco en identitarismo, ciento cuarenta en el territorial y noventa y cinco en el internacional. Frente Obrero y la CUP están a dos puntos en economía y a cero en régimen, y aun así a ciento setenta y tres en territorio. Frente Obrero y Núcleo Nacional quedan a veintitrés puntos en economía y en territorio, y a diez en política internacional y en régimen, pero a ciento cuarenta en religión y a ochenta y cinco en libertad civil. Y Núcleo y Podemos, que es donde la herradura se ve más limpia, están a veinte puntos en economía y a ciento ochenta, el máximo posible, en identitarismo. La convergencia existe, es medible y está acotada: se produce en economía, soberanía, territorio y régimen, y no se produce en religión, libertad civil ni identidad. Un modelo de un eje no puede decir esto, y uno de dos tampoco.
Sección 02
Fuentes
verificadas.
Cada afirmación factual del cuerpo se rastrea a alguna de estas fuentes. Si una afirmación no encaja, es un fallo nuestro: dilo.
«Als Erfinder des Begriffs gilt Karl Radek [...] abfällig die syndikalistisch orientierte kommunistische Politik der Hamburger Revolutionäre Heinrich Laufenberg und Fritz Wolffheim so bezeichnete [...] Das Wort Nationalbolschewist wird auch als Schimpfwort für kommunistische oder für sozialrevolutionäre Nationalisten gebraucht.»
«Schlageter, a courageous soldier of the counter-revolution, deserves to be sincerely honoured by us, the soldiers of the revolution. [...] If the patriotic circles of Germany do not make up their own minds to make the cause of the majority of the nation their own, and so create a front against both the Entente and German capital, then the path of Schlageter was the path into the void»
«But we believe that the great majority of the nationalist-minded masses belong not to the camp of the capitalists but to the camp of the workers. We want to find, and we shall find, the path to these masses.»
«in contrast to the black or brown plebiscite of Hitler. [...] That the matter is concerned with two mortally hostile parties is naturally beyond doubt [...] in a certain campaign, the Stalinist bureaucracy involved the revolutionary workers in a united front with the National Socialists against the Social Democracy. [...] Within the limits of this question, the united front with the fascists is an indubitable fact. [...] But then, do not call both of them fascists, because names in politics serve in order to differentiate and not in order to throw everything into the same heap.»
«So we take up that dirty phrase: "National Bolsheviks!" [...] But there is a mission for young nationalism, particularly the post-War youth [...] to plant the flags of the nation in the camp of the class-struggle [...] to form alongside the formations of the proletarian parties an order of nationalist, anti-bourgeois, and anti-capitalist revolutionaries.»
«Ein Kopf des Nationalbolschewismus war Ernst Niekisch, der Herausgeber der Zeitschrift Widerstand. Zeitschrift für nationalrevolutionäre Politik [...] Linke Nationalbolschewisten wiederum traten für den Klassenkampf ein, wie beispielsweise Karl Otto Paetel.»
«Als Querfront im engeren Sinn werden antidemokratische Strategien in der Weimarer Republik bezeichnet, die versuchten, die Ideologien Nationalismus und Sozialismus miteinander zu verbinden, um die politische Macht zu erringen. [...] Im Sommer 1932 entwickelte Reichswehrminister Kurt von Schleicher Überlegungen, man könne eine Querfront mit den Gewerkschaftsflügeln verschiedener Parteien von rechts bis links errichten. [...] Der amerikanische Historiker Henry Ashby Turner hält es für einen „Mythos“, dass Schleicher versucht haben soll, eine Querfront zu errichten und die NSDAP zu spalten.»
«Überlegungen über eine mögliche „Querfront" der Gewerkschaften sich auf wenige Wochen im August und September 1932 zusammendrängen und damit auch zeitlich in keiner näheren Beziehung zu einem möglichen Regierungsprogramm Schleichers stehen. [...] Schleicher selbst ist freilich kaum mehr als ein allerdings sehr interessierter Beobachter gewesen.»
«nosotros, al margen de ellos, frente a ellos, más allá que ellos, sin división lateral de derechas e izquierdas, sino de lejanias y de fondos, iniciamos una acción revolucionaria en pro de un Estado de novedad radical. [...] La sindicación de las fuerzas económicas será obligatoria»
«Cette stratégie profite de la multiplication de dialogues et de débats autour, par exemple, de ce qu’on appelle pour le moins légèrement la fin des idéologies, de la disparition supposée de tout clivage politique entre la gauche et la droite, du renouveau présumé des idées de nation et d’identité culturelle.»
«De hecho, el término nacionalbolchevismo –o bolchevismo nacional– se empezó a utilizar entre 1919 y 1920 cuando el dirigente de la Internacional Comunista, Karl Radek, y el mismo Lenin criticaron duramente la posición expresada por dos cuadros del KPD de Hamburgo, Heinrich Laufenberg y Friedrich Wolffheim, quienes con el objetivo de reabrir el conflicto y derrotar al capitalismo internacional defendían la transformación de la lucha de clases en guerra entre naciones. [...] el nacionalbolchevismo tout court se presentó como un magma heterogéneo de grupúsculos, siempre divididos entre sí, que no llegaron a sumar 5.000 militantes en el ocaso de la República de Weimar»
«Y es justamente durante esta coyuntura cuando se acuña el concepto de rojipardismo: por un lado, en 1992 Boris Yeltsin tacha de rojipardo al Frente de Salvación Nacional impulsado por el comunista Guennadi Ziugánov [...] Por otro lado, en julio de 1993, se publica en Francia un llamamiento de diferentes intelectuales de izquierda en contra de la tentación nacional-comunista y el peligro de una deriva rojiparda.»
«Los liberales lo utilizan para remachar en lo de siempre: «los extremos se tocan» es su interpretación [...] Por lo general, los interesados niegan con insistencia esta adscripción –cuando tienen a sus espaldas una militancia de izquierdas– o juegan con esta excelente visibilidad que les brindan los medios –cuando vienen del neofascismo o la ultraderecha–»
«el rojipardismo reaparece de vez en cuando como un río cárstico, sobre todo en momentos de tensiones geopolíticas y «confusión» ideológica. [...] el riesgo es el de ver nacionalbolcheviques por todos lados y crear un fantasma que se pasea por nuestras ciudades. También en estos tiempos gaseosos, el rojipardismo tout court sigue siendo formado por sectores ultraminoritarios del nacionalismo revolucionario que utilizan una fraseología izquierdista para camuflarse.»
«en el corazón de esta galaxia en España encontramos la última creación de Llopart, la revista La Emboscadura o el periódico digital El Manifiesto [...] los ultraderechistas que defienden políticas sociales (solo para nativos) son ultraderechistas, no son ni populistas ni una «nueva izquierda», como les gusta repetir a algunos de ellos.»
«el rojipardismo se ha convertido en uno de esos temas polémicos que copan el debate en RRSS con relativa asiduidad. Además, se ha posicionado como un descalificativo al alza, las acusaciones de rojipardismo se reparten ahora como hace unos años se exigía el carnet de «izquierda verdadera», probablemente, con cierto revanchismo. [...] representantes de la ideología falsamente acusada de rojipardismo, no parece absurdo afirmar que este movimiento carece de estandartes, figuras públicas o mediáticas que lo representen y promuevan en el panorama nacional»
Sección 03
En España,
hoy.
En España la palabra circula desde el final de la década de 2010 y circula mucho más deprisa que el fenómeno. Los dos usos documentados van en direcciones opuestas y conviene darlos con el mismo detalle. Dentro de la izquierda funciona como reproche de facción: un artículo de 2019 en Rebelión describe que «se ha posicionado como un descalificativo al alza» y que las acusaciones «se reparten ahora como hace unos años se exigía el carnet de izquierda verdadera», y las sitúa sobre dos posiciones concretas, la reivindicación de soberanía nacional frente a la Unión Europea y la crítica de izquierdas a las políticas de identidad y de género. El mismo texto sostiene que quienes reciben la etiqueta la reciben en falso y que el movimiento «carece de estandartes, figuras públicas o mediáticas que lo representen» en el panorama español. Fuera de la izquierda, anota Steven Forti, la usan los liberales «para remachar en lo de siempre: los extremos se tocan». Forti sitúa el núcleo duro español real en grupúsculos ultraminoritarios del nacionalismo revolucionario, con la revista La Emboscadura, el digital El Manifiesto y el entorno de Juan Antonio Llopart, y advierte de que el riesgo es «ver nacionalbolcheviques por todos lados y crear un fantasma». Registra además una asimetría útil: los señalados que vienen de una militancia de izquierdas niegan la adscripción con insistencia, mientras los que vienen del neofascismo juegan con la visibilidad que la polémica les da. Y cierra pidiendo llamar a las cosas por su nombre: «los ultraderechistas que defienden políticas sociales (solo para nativos) son ultraderechistas». El test no reparte la etiqueta, porque medir no es acusar: coloca a cada partido en nueve ejes y deja ver dónde aparece la combinación que la palabra intenta nombrar. En Frente Obrero aparece casi completa: es el segundo vector económico más intervencionista de los diecisiete, está entre los más soberanistas y centralistas, y aparece desplazado hacia el polo de mayoría en identidad, aunque a mucha distancia del extremo que ocupan Núcleo y Falange. En religión, en cambio, no encaja: ahí está en el lado secular, más cerca de Podemos que de cualquier tradicionalista. El nacional-sindicalismo de Falange y Núcleo Nacional llega a un anticapitalismo parecido desde la tradición católica jerárquica y no desde el marxismo, que es exactamente la distinción que la etiqueta borra.
Sección 04
Trampas
comunes.
- Buscar «el partido rojipardo». Nadie se presenta con ese nombre: es un término de adversario, acuñado en la Rusia de 1992, cuando Yeltsin llamó así al Frente de Salvación Nacional, y en la Francia de julio de 1993. Con «nacionalbolchevique» pasa lo contrario y conviene no fundirlos: Paetel cerró el prólogo de su manifiesto de 1933 asumiendo el insulto y en la Rusia postsoviética hubo un Partido Nacional-Bolchevique. Una etiqueta se rechaza siempre; la otra se ha reivindicado.
- Fundir la síntesis doctrinal (Paetel: se parte del anticapitalismo y se cambia el internacionalismo por la nación) con el frente transversal o Querfront (Radek en 1923: captar a la masa nacionalista sin fundir doctrinas) y con la simple coincidencia de voto (el referéndum prusiano de 1931). Son tres fenómenos con causas y remedios distintos, y en la prensa aparecen bajo la misma palabra.
- Dar por hecho el Querfront de Schleicher. Es el ejemplo que todo el mundo cita y el que peor ha envejecido: Muth lo reduce a unas semanas de conversaciones en agosto y septiembre de 1932 con Schleicher de observador, y Turner lo llama directamente un mito. Si el caso canónico está en discusión, los casos actuales admiten menos certeza aún.
- Confundir rojipardismo con nacional-sindicalismo. El manifiesto de La Conquista del Estado exigía en 1931 la sindicación obligatoria de la economía, igual que un nacionalbolchevique, pero no venía de la izquierda ni pasó por ella: su anticapitalismo es jerárquico y nacional, no marxista. El destino se parece, el trayecto es el opuesto, y es el trayecto lo que la palabra pretende nombrar.
- Deducir de un caso de confluencia la teoría entera de la herradura. El texto que mejor documenta el frente común de 1931 es de Trotsky, y en él se niega a llamar fascistas a las dos partes «porque los nombres en política sirven para distinguir». Denunciar un cruce concreto y afirmar que los extremos son intercambiables son dos operaciones distintas.
- Suponer que coincidir en economía implica coincidir en todo lo demás. Con los vectores del test, Núcleo Nacional y Podemos están a veinte puntos en el eje económico y a ciento ochenta, el máximo posible, en el de identitarismo. La herradura, cuando se mide, se cierra por unos ejes y se queda abierta de par en par por otros.
- Leer el «pardo» como un marrón cualquiera. El código de color no es decorativo: el rojo es el elemento de izquierda y el pardo es el de la derecha radical, el color del nacionalsocialismo alemán y de las camisas de sus SA. Por eso «rojinegro» no es una variante del mismo compuesto sino otra cosa: es el emblema del anarcosindicalismo, enemigo declarado de las dos mitades del rojipardo.
Conceptos relacionados
Herradura política
Tesis según la cual los extremos del eje izquierda-derecha, en lugar de alejarse en línea recta, se curvan y se acercan en autoritarismo, anti-pluralismo y rechazo del orden liberal.
Etnonacionalismo
Forma de nacionalismo que define la nación por origen y herencia compartidos (ascendencia, lengua, costumbres, memoria), no por la adhesión voluntaria a una constitución abierta a quien la abrace.
Populismo
Nació como autodenominación de un partido agrario estadounidense que aprobó en Omaha, en 1892, su programa fundacional y hoy es casi solo una acusación. Bajo la palabra conviven tres definiciones que no seleccionan los mismos partidos: la ideología pueblo puro contra élite corrupta (Mudde), la lógica discursiva que construye un pueblo (Laclau) y la pretensión de representar en exclusiva a ese pueblo (Müller).
Soberanía
Poder político supremo dentro de un territorio, no sometido a otra autoridad humana. Bodin la define en 1576 como «poder absoluto y perpetuo de una República».
Y tú
¿Sabrías situarte en los nueve ejes?
Otros conceptos
Diagrama de Nolan
Entrada completa
Libertad negativa y libertad positiva
Entrada completa
Régimen del 78
Entrada completa
Herradura política
Entrada completa
Etnonacionalismo
Entrada completa
Woke
Entrada completa
Distinción amigo-enemigo
Entrada completa
Conservadurismo
Entrada completa
Comunitarismo
Entrada completa
Multiculturalismo
Entrada completa
Cosmopolitismo
Entrada completa
Soberanía
Entrada completa
Federalismo
Entrada completa
Anarquismo
Entrada completa
Populismo
Entrada completa
Ley Mordaza
Entrada completa
Memoria democrática
Entrada completa
Laicismo
Entrada completa
Plurinacionalidad
Entrada completa
Atlantismo
Entrada completa
Iliberalismo
Entrada completa
