El análisis
Aliança Catalana coincide más con el BNG que con Vox
Comparten diecisiete de las cuarenta y dos afirmaciones del test y una afinidad del sesenta y seis por ciento, más alta que la que Aliança Catalana registra con Vox o el Partido Popular. Es el segundo nacionalismo periférico más afín a Aliança Catalana, solo por detrás de Junts, y por delante del PNV, EH Bildu, ERC y la CUP.
01Dos genealogías que no se cruzan
RegistroEl BNG nace en 1982 de una asamblea constituyente que reúne varias corrientes previas del nacionalismo gallego: la Asemblea Nacional-Popular Galega, la Unión do Pobo Galego y el Partido Socialista Galego. Es, desde el origen, una coalición que intenta albergar todo el espectro del galleguismo, del marxismo nacional al socialismo moderado, y esa convivencia interna ha marcado escisiones y reincorporaciones.
Aliança Catalana tiene un origen mucho más reciente y personalista: la funda en Ripoll Sílvia Orriols en 2020, tras romper con el Front Nacional de Catalunya, formación de la que había sido concejala, por discrepancias sobre su giro moderado en inmigración. No hereda la maquinaria de Convergència ni de Esquerra: nace fuera de los partidos que protagonizaron el proceso soberanista.
Son dos linajes sin punto de contacto: cuatro décadas de coalición nacionalista de izquierdas frente a una ruptura reciente de la derecha identitaria, aliada en Europa con Alternative für Deutschland y Reconquête. Lo llamativo es que esa distancia de origen no se traduce en la distancia que cabría esperar sobre el mapa de los nueve ejes.
02El cuerpo y la palabra, donde casi no discuten
CalibraciónEl menor desacuerdo de los nueve ejes es el de libertad civil, apenas cinco puntos: coinciden en tres de cuatro, el aborto es decisión de la mujer, la eutanasia es un derecho amplio y el consumo adulto de drogas no debe perseguirse. La única divergencia es la videovigilancia con reconocimiento facial, que Aliança Catalana respalda en su programa de seguridad y el BNG no comparte.
Las razones no son las mismas. El BNG llega desde una tradición de izquierda libertaria en lo corporal, coherente con su laicismo. Aliança Catalana llega por otra vía: matrimonio igualitario, familias homoparentales y eutanasia forman parte de lo que el test registra como homonacionalismo, la adopción selectiva de causas liberales para marcar distancia frente al islam que su discurso señala como amenaza.
En expresión se repite el patrón, diez puntos y tres coincidencias de cuatro: ninguno cree que una opinión deba ser delito por su contenido, ninguno mantendría los tipos penales que protegen símbolos, corona o sentimientos religiosos, y ninguno pide más regulación sobre medios y redes. Solo divergen en el discurso de odio hacia colectivos protegidos, que el BNG penaliza y Aliança Catalana no: cada uno despenaliza la ofensa al símbolo que no siente propio.
03Tres ejes, dieciséis preguntas, ninguna coincidencia
CalibraciónFrente a ese acuerdo corporal hay tres ejes enteros sin una sola coincidencia. En economía divergen en las ocho preguntas: Aliança Catalana baja impuestos a las empresas y flexibiliza el despido, y rechaza topes al alquiler, impuesto a las grandes fortunas, subida del salario mínimo, pensiones intactas, sanidad pública y renta básica; el BNG sostiene lo contrario en cada una. Los dos vectores son casi un espejo exacto: cincuenta y cinco puntos de mercado contra cincuenta y cinco de intervención.
En religión, ochenta puntos de distancia, divergen también en las cuatro preguntas: Aliança Catalana defiende la concertada religiosa, los símbolos en edificios públicos y la asignatura con efectos académicos, y mantendría los privilegios fiscales de la Iglesia; el BNG rechaza las cuatro desde su laicismo.
En el internacional, sesenta y cinco puntos de distancia, el desacuerdo es igual de completo: Aliança Catalana antepone la soberanía nacional a cualquier marco supranacional y quiere reforzar fronteras; el BNG defiende regularizar a los inmigrantes con arraigo y queda apenas del lado favorable a la Unión Europea, matizado por su desconfianza hacia Bruselas en materia pesquera y láctea.
04Identidad: la misma etiqueta, polos opuestos
CalibraciónLa mayor distancia de los nueve ejes es la identitaria, ciento quince puntos. El eje no es simétrico: su centro es el universalismo y sus polos son opuestos, identitarismo de minorías protegidas de un lado, de mayoría del otro. Aliança Catalana queda en el polo de mayoría; el BNG, en el de minorías. Llamar 'identitarios' a los dos por igual borra lo que el eje está diseñado para distinguir.
Las dos coincidencias del eje son un artefacto compartido, no un acuerdo sustantivo. Ninguno defiende que la identidad cultural española sea un bien a proteger, y ninguno prioriza a los ciudadanos españoles frente a los inmigrantes: no por universalismo compartido, sino porque ninguno tiene a 'los españoles' como sujeto político. Uno prioriza catalanes; el otro, gallegos. El modelo corrige ambos vectores por el mismo motivo, documentado partido a partido.
Hay desacuerdo real en las cuotas de paridad y el lenguaje inclusivo institucional: el BNG los suscribe, Aliança Catalana los rechaza. En el reconocimiento de derechos colectivos a grupos discriminados el BNG también suscribe, pero ella queda neutral, no por indefinición sino por una posición mixta: los reconoce para la nación catalana, el colectivo LGTBI y las mujeres, y los niega para las minorías étnicas no catalanas. En la pregunta que más separa a los dos polos, si la inmigración amenaza la cultura del país receptor, responden en direcciones opuestas.
05Territorio y régimen, la insurrección compartida
CalibraciónEn territorio, con diez puntos de distancia, los dos rozan el extremo pluralista: Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir su autogobierno, el castellano no debe imponerse como lengua vehicular y ninguna comunidad tiene competencias que recentralizar. La única divergencia es el Estado federal español, que el BNG respalda y ante el que Aliança Catalana queda neutral: su horizonte es la secesión, no una reforma del encaje autonómico.
En régimen coinciden en las cuatro preguntas: ninguno preservaría la monarquía, los dos sustituirían el sistema institucional, ninguno cree que la Constitución del 78 funcione y los dos sostienen que sus élites han traicionado a los ciudadanos. Aun así el eje registra treinta y cinco puntos de distancia: coincidencia de dirección, no de intensidad. Aliança Catalana ocupa una posición más extrema porque su rupturismo busca un Estado propio, no una reforma del español.
En tradición, sesenta puntos de distancia, coinciden en dos de cuatro y de forma poco previsible: ninguno defiende la tauromaquia como patrimonio a proteger ni la familia de padre, madre e hijos como modelo legal único. Divergen en las costumbres heredadas, que Aliança Catalana preserva activamente y el BNG no, y en la memoria histórica sobre la Guerra Civil y el franquismo, que el BNG reclama como política de Estado y sobre la que Aliança Catalana no se pronuncia.
El dato incomoda a los dos. Aliança Catalana tiene que explicar por qué coincide más con un nacionalismo de izquierdas e intervencionista que con Vox o el Partido Popular, los partidos con los que comparte titulares sobre inmigración. El BNG tiene que explicar por qué firma en bloque las cuatro preguntas de régimen y casi todas las de territorio con una fuerza que aboliría el impuesto a las grandes fortunas y capitalizaría las pensiones, justo lo que lleva décadas combatiendo desde la orilla contraria. No comparten proyecto de país ni modelo económico: comparten la impugnación del marco constitucional español y la convicción de que Galicia y Cataluña son naciones con derecho a decidir, y esa coincidencia pesa más en el cómputo final de lo que sugiere la etiqueta de cada uno.
