El análisis
El nacionalsindicalismo de 1933 estaba más cerca de Podemos en economía que el de hoy
Con Núcleo Nacional, su heredero contemporáneo, la distancia económica de Podemos es de veinte puntos. Con el texto fundacional, es de diez, empatada con libertad de expresión como la menor del test; en identidad se separan ciento ochenta puntos sobre doscientos posibles, sin una sola respuesta compartida en las seis preguntas.
01Diez y diez: el suelo compartido
CalibraciónEn economía, Podemos puntúa ochenta y cinco del lado intervencionista y Falange Española de las JONS setenta y cinco: diez de distancia, la menor de los nueve ejes junto con libertad de expresión. Coinciden en siete de las ocho preguntas: rechazan bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y apoyan los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, el salario mínimo, las pensiones por reparto y la sanidad pública.
La única divergencia económica es la renta básica universal, que Podemos defiende y Falange rechaza, y el motivo no es de mercado. La doctrina nacionalsindicalista no concibe una transferencia incondicionada a individuos sueltos, sino el salario familiar y el sindicato vertical: no le sobra el gasto, le sobra la forma de repartirlo.
En libertad de expresión la distancia también es diez, por un camino distinto: los dos rechazan que ninguna opinión sea delito por su contenido y que la regulación de medios y redes deba ser mínima. Coinciden en el instrumento, no en a quién apuntarlo: Podemos quiere penar el discurso de odio hacia colectivos protegidos y derogar los delitos que protegen símbolos y corona; Falange sostiene lo contrario. Dos catálogos opuestos, no una excepción liberal en ninguno.
02Un manifiesto de 1933, un ciclo de 2014
RegistroFalange Española nace en octubre de 1933 alrededor de José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador Miguel Primo de Rivera, de perfil burgués, católico y militar. Meses antes, Ramiro Ledesma Ramos y Onésimo Redondo habían fundado las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, de extracción más proletaria. La fusión de febrero de 1934 junta ambas sensibilidades bajo un programa común: rechazo simultáneo al capitalismo liberal y al marxismo.
Lo que sale de esa fusión no es un liberalismo de derechas: es un proyecto que sustituye la lucha de clases por sindicatos verticales controlados por el Estado, con capital y trabajo encuadrados por decreto en una misma organización, y que reclama para la nación, no para el mercado, el control del crédito y de la tierra. Se presenta como una revolución contra la izquierda organizada y contra la derecha propietaria por igual.
Podemos nace en enero de 2014, del ciclo de protesta del 15-M, con Pablo Iglesias e Íñigo Errejón construyendo el proyecto sobre el populismo de izquierda de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe: no la lucha de clases marxista, sino un pueblo articulado frente a una casta. El adversario declarado no es solo el capital, es el propio régimen de 1978, lo que explica que, noventa años después, ambos coincidan en querer sustituirlo.
03Cuatro noes idénticos, un desalojo distinto
CalibraciónEl eje de régimen repite la estructura de la economía: acuerdo nominal completo con distancia real detrás. Ninguno acepta que la monarquía parlamentaria deba preservarse; los dos sostienen que el régimen del 78 debería sustituirse, que la Constitución ya no funciona en lo esencial y que las élites institucionales han traicionado a los ciudadanos. Las cuatro preguntas del eje, la misma respuesta.
Y sin embargo la distancia es de cuarenta puntos, porque el voto es binario y la posición es gradual: Podemos puntúa cincuenta y cinco del lado rupturista y Falange noventa y cinco, la posición más rupturista de los diecisiete partidos del test. El mismo no al edificio actual esconde dos síes incompatibles sobre lo que vendría después: Podemos apunta a una república plurinacional; Falange, a un Estado corporativo unitario organizado desde el sindicato vertical, no desde el Parlamento.
De las trece coincidencias del par, once se concentran en solo dos ejes, economía y régimen. En los otros siete el desacuerdo es prácticamente total. La afinidad global es del treinta y ocho por ciento, y ya anticipa que el resto del test tira en dirección contraria a estos dos bloques.
04Ciento ochenta puntos: seis preguntas, cero coincidencias
CalibraciónEl eje identitario no mide grados de una sola cosa: su centro es el universalismo y sus polos son opuestos, identitarismo de minorías a un lado, identitarismo de mayoría al otro. Podemos se sitúa en ochenta y cinco del primero y Falange en noventa y cinco del segundo: ciento ochenta puntos sobre doscientos posibles, sin una sola respuesta compartida entre las seis preguntas del eje.
Podemos apoya las cuotas de paridad, el lenguaje inclusivo en documentos oficiales y el reconocimiento de derechos colectivos a grupos históricamente discriminados; Falange rechaza las tres. Falange sostiene que el Estado debe proteger la identidad cultural española frente a su dilución, que la inmigración a gran escala amenaza la cultura receptora y que hay que priorizar a los españoles en sanidad, vivienda y ayudas; Podemos rechaza las tres.
La cifra es idéntica a la que separa a Podemos de Núcleo Nacional, porque Falange y su heredero comparten el mismo noventa y cinco en este eje. El resto acompaña sin excepción: ciento sesenta y tres en territorio, ciento sesenta en religión, ciento treinta y ocho en libertad civil, ciento cuarenta en tradición. El suelo compartido en economía y régimen no se extiende ni un punto más allá de esos dos ejes.
05Lo que movió el franquismo y lo que no
CalibraciónComparados los dos vectores, Falange y Núcleo Nacional coinciden en cinco de los nueve ejes: tradición, expresión, identidad, territorio y régimen. En los cuatro restantes, Falange es siempre la más extrema, nunca al revés: setenta y cinco frente a sesenta y cinco en economía, noventa y cinco frente a noventa en religión, noventa y ocho frente a noventa y cinco en libertad civil, noventa frente a ochenta y cinco en internacional.
La brecha mayor es la económica, diez puntos, y determina la distancia con Podemos: diez con el texto fundacional, veinte con Núcleo. Es la traza, dentro del modelo, de la vieja frustración nacionalsindicalista con el franquismo real: la parte sindical del programa se implantó, la económica quedó archivada tras el giro tecnocrático de los cincuenta, y ese archivo se nota hoy en un heredero algo menos anticapitalista que el texto fundacional.
No hay que leerlo como moderación deliberada hacia el mercado: Núcleo sigue compartiendo con la izquierda anticapitalista el rechazo a bajar impuestos a las empresas, a flexibilizar el despido y a privatizar la sanidad. Es, simplemente, que el programa original, sin cuarenta años de compromisos dictatoriales con el capital, es el que el modelo lee como más radical de los dos.
La incomodidad no es simétrica pero alcanza a los dos. Podemos, que se presenta como ruptura con la casta y el poder económico, encuentra su mayor terreno común con una doctrina pensada para aplastar al movimiento obrero organizado de los años treinta. Falange, que se define contra el capitalismo tanto como contra el marxismo, en economía queda más cerca de un partido de la izquierda anticapitalista que de la derecha liberal de mercado. Nada de esto borra lo demás: en identidad, territorio, religión, libertad civil e internacional, los dos ocupan los polos opuestos del test, la distancia máxima de los nueve ejes en este par. Es herradura en el sentido estricto de este proyecto: coincidencia en un puñado de posiciones, no una ley ni una equivalencia moral.
