El análisis
Ciento noventa y cinco puntos de distancia y ni una sola contradicción
Once de los ciento treinta y seis pares del test no se contradicen nunca: en ninguna de las cuarenta y dos afirmaciones uno responde que sí y el otro que no. De esos once, este es el que más distancia acumula por los nueve ejes.
01Un frente de 1982, una plataforma de 2023 y una escisión en medio
RegistroEl Bloque no nació como partido sino como frente. Se constituye en 1982 en A Coruña reuniendo organizaciones previas, la más influyente la Unión do Povo Galego, y conserva una estructura interna de bloques con vida propia. Su referente doctrinal es Castelao, y su agravio fundacional el estatuto gallego plebiscitado en 1936 que el golpe dejó sin vigencia. Su relación con el marco del 78 empezó por el rechazo.
Sumar llega por un camino sin equivalencia: se lanza en 2023 como plataforma de Yolanda Díaz, entonces vicepresidenta segunda del Gobierno, para reagrupar el espacio a la izquierda del PSOE, y la ruptura con Podemos llegó enseguida. Pero su vínculo con el Bloque es más antiguo que esa fecha. Díaz viene de la política gallega, de Esquerda Unida en la comarca ferrolana, y llegó al Congreso por Pontevedra dentro de las confluencias de ese espacio.
Y esas confluencias tienen sangre del propio Bloque. Xosé Manuel Beiras, su figura histórica durante décadas, salió del frente para fundar Anova, que se alió primero con Esquerda Unida y después con Podemos. Parte de lo que Sumar hereda en Galicia es una escisión del partido con el que aquí se compara. Hoy compiten por el mismo voto allí y en Madrid sostienen la misma mayoría desde sillas distintas.
02El par que más se aleja sin llevarse nunca la contraria
CalibraciónSu afinidad es del ochenta y ocho por ciento y solo ocho de los ciento treinta y seis pares posibles puntúan más alto. Coinciden en cuarenta de las cuarenta y dos afirmaciones. Pero la cifra que ordena el par no es esa: es que en ninguna hay una respuesta contraria. Uno nunca afirma lo que el otro niega, y eso solo ocurre en once pares del test.
Esos once son exactamente los mismos que no cambian de signo en ningún eje, y no es casualidad: si dos perfiles caen siempre del mismo lado del cero, la casilla binaria tiende a salir igual. Diez son los diez pares que Sumar, Podemos, Esquerra, EH Bildu y el Bloque forman entre sí, todos sin excepción. El undécimo es Núcleo Nacional con Falange, en el extremo contrario del mapa.
Dentro de ese grupo, este par es el caso límite. Sumando las nueve distancias acumula ciento noventa y cinco puntos, más que ninguno de los otros diez, y aun así no produce una contradicción. Núcleo y Falange acumulan veintitrés; Esquerra con EH Bildu, noventa. Los dos que le siguen, Sumar con EH Bildu y Sumar con Esquerra, se quedan en ciento noventa y coinciden en una respuesta más.
03Setenta y cinco puntos en régimen y territorio, cero divergencias
CalibraciónEn el régimen los separan treinta puntos y responden idénticamente a las cuatro preguntas: ninguno preserva la monarquía parlamentaria, los dos sustituirían el régimen del 78, los dos niegan que la Constitución siga funcionando y los dos sostienen que sus élites traicionaron a los ciudadanos. Ese bloque lo firman once de los diecisiete partidos: impugnar el 78 no es seña distintiva sino la posición mayoritaria del arco.
La diferencia es de cuánto, no de qué. Sumar, con veinte puntos, es el menos rupturista de los doce partidos que el test coloca en ese lado: impugna el régimen mientras ocupa sus ministerios. El Bloque, con cincuenta, es el menos rupturista de los seis nacionalistas periféricos que caen ahí, por delante de Esquerra, Junts, EH Bildu, la CUP y Aliança Catalana.
El territorio repite el patrón con veinticinco puntos y otras cuatro respuestas iguales: los dos reconocen a Cataluña, País Vasco y Galicia como naciones con derecho a decidir su autogobierno, los dos avanzarían hacia un Estado federal y ninguno impondría el castellano vehicular ni recentralizaría competencias. Setenta y cinco puntos entre ambos ejes, casi el cuarenta por ciento de lo que los separa, sin mover una casilla.
04Las dos casillas que faltan las escribió a mano el modelo
CalibraciónEl Bloque lleva tres correcciones manuales sobre las cuarenta y dos afirmaciones y Sumar una sola, el mínimo del test junto a Podemos. Comparten la primera: los dos derogarían las penas por ofender a la corona y a los símbolos del Estado. Las otras dos las lleva solo el Bloque, y son exactamente las dos divergencias del par: todo lo que el test encuentra entre ellos vive en excepciones escritas a mano.
La primera pregunta si el Estado debe priorizar a los ciudadanos españoles frente a los inmigrantes en sanidad, vivienda y ayudas. Sumar responde que no; el Bloque queda neutral, porque su sujeto político son los gallegos. Ocho de los diecisiete dejan esa casilla vacía: los siete nacionalismos sin Estado y el PP. Es un límite del instrumento: uno rechaza el criterio y al otro la pregunta no le alcanza.
La segunda es europea. Sumar sostiene que España gana más perteneciendo a la Unión de lo que pierde en soberanía; el Bloque no responde, con una corrección que recoge su euroescepticismo sectorial, el de la pesca y el lácteo: una reserva sobre la arquitectura comunitaria, no sobre la pertenencia. Contar cualquiera de las dos como discrepancia infla la distancia entre partido estatal y nacionalismo periférico, y aquí actúa dos veces.
05Europa, la identidad y las veinticuatro preguntas sin fisura
CalibraciónLa mayor distancia del par es la internacional, cuarenta puntos, y es donde el mapa más engaña. El Bloque puntúa cinco, la posición más próxima al cero de los diecisiete y la última del lado cosmopolita; Sumar marca cuarenta y cinco, la misma cifra exacta que el PP y ningún otro. Y aun así coinciden en tres de las cuatro preguntas: regularizar a quien lleva años trabajando aquí, no blindar fronteras y no anteponer la soberanía nacional a los marcos supranacionales.
La segunda distancia es identitaria, treinta y cinco puntos, con cinco respuestas iguales de seis. Sumar puntúa setenta y cinco, tercero de los diecisiete tras Podemos y la CUP; el Bloque, cuarenta. Los dos quedan del lado de las minorías protegidas y no del etnonacional, porque la nación que el Bloque defiende no dispone de Estado. Firman cuotas, lenguaje inclusivo oficial y derechos colectivos, y niegan que la inmigración amenace a la cultura receptora.
Los cinco ejes restantes suman veinticuatro preguntas seguidas sin una grieta. En economía los separan veinte puntos y cruzan juntos las dos afirmaciones donde el PSOE frena a toda su izquierda, la sanidad exclusivamente pública y la renta básica universal, un bloque que firman siete de los diecisiete. En costumbres, religión y cuerpo caen las tres menores distancias, diez puntos cada una. Y en expresión, quince puntos sin motivo para el elogio: ninguno acepta que una opinión no sea nunca delito por su contenido.
El resultado incomoda a los dos. Sumar está más cerca del Bloque, ochenta y ocho por ciento y cuarenta respuestas, que del PSOE, ochenta y treinta y tres, con quien comparte consejo de ministros; y el Bloque, más cerca de Sumar que del PSOE, setenta y cinco y treinta y una, cuyas investiduras sostiene. A Sumar le queda explicar qué contiene su programa que un frente nacionalista gallego no firme entero. Al Bloque, qué hay de específicamente gallego en un programa que una plataforma estatal suscribe casilla por casilla, y por qué su mayor distancia con ella la marca Europa y no Galicia. Lo que de verdad los separa, quién es el sujeto que decide, no aparece en ninguna pregunta: el eje territorial pregunta cuánta periferia, no cuál, y el del régimen si sustituirlo, no qué poner en su lugar.