El análisis
Coinciden en derribar el 78 y se separan en todo lo que vendría después
De las cuarenta y dos preguntas ideológicas del test, Podemos y SALF solo coinciden en cuatro, y en siete de los nueve ejes esa coincidencia es exactamente cero. Donde más se alejan es identidad, ciento cincuenta y cinco puntos entre el polo de las minorías y el de la mayoría cultural; donde menos, régimen, con solo veinticinco.
01Dos antipolíticas con genealogías opuestas
RegistroPodemos se constituye en 2014 alrededor de profesores de ciencia política de la Complutense, con Pablo Iglesias e Íñigo Errejón entre sus impulsores, en el ciclo abierto por el 15-M. Su armazón teórico es reconocible: Laclau y Mouffe, la idea de que el pueblo se construye articulando demandas dispersas contra una élite nombrada como adversario, la casta.
Se Acabó La Fiesta no pasa por una escisión: pasa por un cambio de soporte. Antes de que existiera candidatura alguna, Luis Pérez Fernández, conocido como Alvise Pérez, ya había construido en Telegram una audiencia masiva a partir de filtraciones y denuncias de corrupción. La ley electoral impide inscribir un partido con el nombre de una persona física, así que la entrada en las instituciones en las europeas de 2024 se hizo bajo una agrupación de electores, formalizada como partido más adelante. El canal llegó primero; la organización, después, y a su medida.
El marco anti-casta no es original de ninguno: lo puso en circulación Podemos una década antes y hoy lo suscribe buena parte del arco, incluidos partidos que han gobernado. Lo que distingue una antipolítica de otra no es la denuncia compartida, sino si detrás hay un cuerpo doctrinal articulado o una audiencia organizada en torno a una persona.
02Las cuatro respuestas que comparten
CalibraciónEl régimen es el eje que menos los separa, veinticinco puntos: de sus cuatro preguntas coinciden en tres. Los dos sostienen que el sistema institucional del 78 debería sustituirse, que la Constitución ya no funciona y que las élites han traicionado a los ciudadanos y deben ser desalojadas en bloque. Esta última la comparten trece de los diecisiete partidos: no distingue a este par, es la respuesta mayoritaria del arco.
La única pregunta de régimen sin coincidencia es la monarquía. Podemos rechaza con claridad que deba preservarse. SALF no tiene postura fijada: el modelo corrige a mano las cuatro preguntas del eje porque su rupturismo es denuncia práctica, filtraciones sobre la Casa Real, narrativa de la casta, y no programa institucional alternativo; sobre la Corona el test lo registra como neutral, no republicano declarado.
La cuarta coincidencia sale de otro eje: ambos rechazan mantener las leyes que penalizan ofensas a la corona, a las fuerzas armadas o a los sentimientos religiosos. Podemos llega ahí por su campaña contra el artículo 490.3 del Código Penal y su defensa de casos como Hasél o Valtònyc; SALF, por un libertarismo de la palabra que también rechaza las leyes de discurso de odio, algo que Podemos sí sostiene. Fuera de esa pregunta, en expresión no coinciden en nada.
03Identidad: polos opuestos, no grados de lo mismo
CalibraciónEl eje identitario es la mayor distancia del par, ciento cincuenta y cinco puntos. Su centro no es un punto neutro entre dos versiones de lo mismo, es el universalismo, y de ahí se sale hacia dos identitarismos que protegen sujetos opuestos. Podemos ocupa el valor más alto del test en el polo de las minorías, ochenta y cinco; SALF se aleja hacia el polo de la mayoría cultural, menos setenta, sin llegar al extremo de Núcleo o Falange, en noventa y cinco.
Las seis preguntas del eje no comparten una sola respuesta. Podemos apoya las cuotas de paridad, el lenguaje inclusivo oficial y que el Estado proteja los derechos colectivos de grupos discriminados. SALF sostiene lo contrario en las tres, y defiende que la identidad cultural española es un bien a proteger, que la inmigración a gran escala la amenaza y que el Estado debe priorizar a los españoles en sanidad, vivienda y ayudas.
No son dos identitarismos con distinto acento: son respuestas incompatibles a quién protege el Estado al reconocer una identidad colectiva. Confundirlos, como si compitieran por el mismo terreno desde extremos simétricos, borraría lo que este eje mide.
04Economía y territorio: mercado centralista contra intervención plurinacional
CalibraciónEn economía la distancia es de ciento veinte puntos y las ocho preguntas divergen las ocho. Podemos rechaza que bajar impuestos a empresas cree empleo y que flexibilizar el despido ayude, y apoya los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, subir el salario mínimo, las pensiones íntegras, la sanidad exclusivamente pública y la renta básica. SALF responde lo contrario en las ocho: perfil de mercado, lo que lo separa del nacionalsindicalismo anticapitalista de Núcleo o Falange, con los que comparte identidad de mayoría pero no economía.
En territorio la distancia es de ciento cuarenta y cinco puntos, la segunda mayor del par, sin coincidencias en sus cuatro preguntas. Podemos sostiene que Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir su autogobierno y que España debería ser un Estado federal; SALF niega ese estatus, quiere el castellano garantizado por ley como lengua vehicular en toda España y que el Estado recentralice competencias.
Las dos distancias no son independientes. El anticapitalismo de Podemos va empaquetado con la plurinacionalidad y la protección de minorías, un mismo proyecto visto desde tres ángulos. El nacionalismo de SALF también va con paquete: Estado centralizado y mercado con poca intervención. Son dos paquetes opuestos, no posiciones sueltas que coincidan por azar en el rechazo al 78.
05Tradición, religión y el balance final
CalibraciónTradición y religión suman ciento noventa puntos de distancia y ocho preguntas sin una sola coincidencia. SALF defiende la familia con padre, madre e hijos como modelo legal, la tauromaquia protegida, las costumbres heredadas, la concertada religiosa, los símbolos religiosos en lo público y la religión con efectos académicos. Podemos se opone a las seis y añade una posición propia: que la memoria histórica sea política de Estado, algo que SALF rechaza.
La afinidad final es del cuarenta y ocho por ciento, por debajo de la mediana del test, sesenta. Coincide, cifra exacta, con la afinidad de Podemos con el PP, y con las mismas cuatro coincidencias. Pero el régimen cuenta otra historia en cada caso: con el PP la distancia en ese eje es de ciento treinta puntos, continuismo contra ruptura; con SALF es de solo veinticinco, porque los dos quieren tirar abajo lo mismo sin ponerse de acuerdo en qué construir después.
Desde SALF el dato es igual de incómodo. De sus dieciséis comparaciones, Podemos es su segunda afinidad más baja, cuarenta y ocho por ciento, solo por detrás de la CUP, cuarenta y seis. Un partido de perfil económico moderado y centralista tiene su peor encaje en dos formaciones de la izquierda plurinacional: la distancia no la marca el mercado, la marca quién es la nación y quién el pueblo.
El resultado incomoda a los dos. A Podemos le corresponde explicar por qué comparte con SALF las mismas frases sobre las élites y el régimen que comparte con trece de los diecisiete partidos, mientras en identidad, economía y territorio, los tres ejes donde sí tiene un proyecto propio, no queda una sola respuesta en común. A SALF le corresponde la pieza inversa: denuncia la casta con el lenguaje que popularizó la izquierda que más lejos tiene en todo lo demás, y ese rechazo no viene con un modelo de Estado tan definido como el que ofrece Podemos. No hay dos rupturas equivalentes: hay una con programa y otra con diagnóstico.
