El análisis
Para Aliança Catalana, el PSOE no es la izquierda: es el Estado
Ningún otro de los dieciséis partidos comparte con Aliança Catalana tan pocas respuestas como el PSOE: doce de cuarenta y dos, por debajo de las veintiuna que comparte con Falange y de las dieciséis que comparte con Podemos. Y el único eje donde el test los coloca en el mismo punto exacto es el de libertad de expresión.
01Uno escribió el régimen, la otra nace para salir de él
RegistroEl PSOE es un partido obrero del siglo XIX que fue ilegalizado y empujado al exilio, se refundó en el congreso de Suresnes y volvió a competir por el poder. Aportó ponente a la Constitución de 1978, ha gobernado más años que ningún otro desde entonces y ha sostenido sus mayorías recientes negociando con los nacionalismos periféricos.
Aliança Catalana no procede de ninguno de los troncos del catalanismo. La impulsa Sílvia Orriols desde la alcaldía de Ripoll y llega al Parlament sin genealogía convergente ni de izquierda republicana, en el hueco que dejó el proceso. Su marco es el de la derecha identitaria europea, con la que está aliada: Alternative für Deutschland, Reconquête.
No son dos programas que compitan por el mismo electorado, sino dos premisas incompatibles sobre el marco. El método territorial socialista consiste en negociar con nacionalismos que aceptan un precio dentro del sistema: competencias, financiación, reconocimiento simbólico. La premisa fundacional de ella es que dentro del sistema no hay precio. Por eso el desacuerdo no se ordena en el eje izquierda-derecha.
02Ciento cincuenta y cinco puntos de régimen y tres ejes en blanco
CalibraciónLa mayor distancia del par es la de régimen: ciento cincuenta y cinco puntos. El PSOE queda en setenta del lado continuista, el tercero más defensor del marco del 78 tras Ciudadanos y el PP. Ella queda en ochenta y cinco del rupturista, empatada con la CUP y con Frente Obrero. Solo Núcleo Nacional y Falange están más lejos, y ese extremo lo ocupa quien quiere otro régimen español.
En las cuatro preguntas del eje no hay una sola casilla común. El PSOE preserva la monarquía parlamentaria, rechaza sustituir el sistema, sostiene que la Constitución funciona en lo esencial y niega que sus élites hayan traicionado a los ciudadanos. Ella responde lo contrario en las cuatro: es la lectura en espejo entre el propietario del edificio y quien quiere salir de él.
Régimen no es el único eje en blanco. En religión y en el internacional el recuento también es de cero sobre cuatro. Doce afirmaciones en tres ejes distintos y ni una respuesta compartida: ese bloque, y no el choque identitario, es el esqueleto del par. Con doce coincidencias sobre cuarenta y dos, la afinidad se queda en el cincuenta y seis por ciento.
03El mismo punto exacto en libertad de expresión
CalibraciónEn libertad de expresión la distancia es cero. Los dos puntúan treinta y cinco del lado de la penalización, coordenada idéntica, y son uno de los ocho pares de los ciento treinta y seis clavados en ese eje. No los une una defensa común de la palabra, sino una posición común sobre lo contrario.
Coinciden en las dos preguntas que fijan la premisa. Ninguno suscribe que una opinión no deba ser nunca delito por su contenido, la etiquete quien la etiquete, y ninguno acepta que la regulación estatal sobre medios y redes deba ser mínima. Los dos mantienen una lista de lo que no se puede decir.
Divergen en las dos que nombran la lista. El PSOE sostiene las leyes que penalizan el discurso de odio hacia colectivos protegidos; ella las rechaza y propone en cambio tipificar el anticatalanismo como delito grave. Sobre las ofensas a la corona y a los símbolos del Estado, el PSOE queda neutral porque suavizó los tipos sin derogarlos, y ella los derogaría porque esos símbolos son los del adversario. El eje mide el castigo, no su dirección.
04Ciento diez puntos de identidad, quince de cuerpo
CalibraciónLa segunda distancia es la identitaria, ciento diez puntos, y el eje no es simétrico: su centro es el universalismo y sus polos son contrarios. El PSOE queda en treinta y cinco del identitarismo de minorías, con las cuotas de paridad y el lenguaje inclusivo oficial. Ella queda en setenta y cinco del identitarismo de mayoría. No son dos identitarismos parecidos: son los lados opuestos de la misma escala.
De las seis comparten una, y es un artefacto: los dos rechazan que el Estado proteja la identidad cultural española, el PSOE por reformismo cultural y ella porque la considera la del adversario. En la de priorizar a los españoles ocurre lo contrario: el modelo la deja neutral porque prioriza catalanes, el PSOE responde que no, y la casilla cuenta como divergencia aunque ninguno suscriba esa preferencia.
Lo inesperado está en el cuerpo. En libertad civil los separan quince puntos y coinciden en tres de las cuatro preguntas: aborto en plazos amplios, eutanasia y no persecución del consumo adulto de drogas. En tradición ninguno tiene la tauromaquia por patrimonio a proteger ni defiende la familia de padre, madre e hijos como modelo legal preferente, porque ella apoya el matrimonio igualitario y las homoparentales. Es homonacionalismo, no liberalismo.
05Ochenta y cinco puntos de economía, ciento veinte de Europa
CalibraciónEn economía los separan ochenta y cinco puntos y coinciden en dos de las ocho preguntas. Ella puntúa cincuenta y cinco del lado del mercado, la cifra más alta de los diecisiete partidos, por delante del PP, de Vox y de Ciudadanos, que empatan en cincuenta. Baja impuestos a las empresas, flexibiliza el despido y rechaza los topes al alquiler, el impuesto sobre las grandes fortunas y el salario mínimo.
Las dos coincidencias son negativas y las dos informan. Ninguno defiende una sanidad exclusivamente pública sin conciertos y ninguno apoya una renta básica universal: el PSOE optó por un instrumento focalizado y condicionado. El dato desactiva además el reflejo que asocia ultranacionalismo con anticapitalismo: Núcleo Nacional y Falange quedan en el polo intervencionista, y ella está en el contrario, más lejos que nadie.
El eje internacional es la segunda mayor distancia, ciento veinte puntos, y tampoco tiene casilla común. El PSOE queda en sesenta del lado cosmopolita, el segundo más europeísta tras Ciudadanos; ella en sesenta del soberanista, aunque Frente Obrero, Núcleo Nacional y Falange están más lejos de la Unión. Su soberanismo es el de una Europa de naciones, que para una nación sin Estado no es la misma operación que para un soberanismo estatal.
El par incomoda a los dos lados. Quien lea a Aliança Catalana como una anomalía tiene que explicar por qué su afinidad es del cincuenta y seis por ciento con el PSOE, con el PP, con Sumar y con Podemos a la vez: para ella el sistema de ámbito estatal es un bloque equidistante, y ahí no hay izquierda ni derecha, hay marco. Quien lea al PSOE como su antagonista natural tiene que explicar por qué comparte doce respuestas con un partido etnonacional secesionista y solo diez con el PP. Coinciden en el cuerpo y en la disposición a castigar la palabra, y no coinciden en ninguna de las doce preguntas sobre Dios, Europa y las reglas del juego.