El análisis
Socios de gobierno que discrepan en si el régimen debe seguir
Comparten consejo de ministros y coinciden en treinta y tres de cuarenta y dos afirmaciones. Pero su mayor distancia, noventa puntos, está en el eje de régimen, y ahí divergen en las cuatro preguntas. Uno defiende el sistema del 78; el otro quiere sustituirlo.
01Una coalición sin partido detrás
RegistroSumar nace en 2023 como plataforma impulsada por Yolanda Díaz, entonces vicepresidenta segunda del Gobierno, para reagrupar el espacio a la izquierda del PSOE tras el desgaste de Unidas Podemos. Su origen no es el de un partido clásico con militancia e historia, sino el de una coalición de formaciones y de figuras que confluyen alrededor de una candidatura.
Eso explica dos cosas. La primera, su fragilidad orgánica: la relación con Podemos se rompió pronto y de forma pública, dejando al espacio dividido en lugar de reunificado, que era el propósito declarado. La segunda, su posición negociadora: entra en el gobierno como socio minoritario de un PSOE que le lleva casi un siglo y medio de ventaja institucional.
El PSOE, por su parte, ha gestionado la coalición de la misma forma que gestionó antes la relación con Podemos: cediendo en lo simbólico y en lo laboral, y reteniendo el control de lo económico estructural y de la política de Estado. Es la asimetría habitual entre un partido de gobierno y su socio de izquierda.
02La grieta está en el régimen
CalibraciónDe las nueve distancias que separan a ambos, ocho son moderadas. La novena es enorme, y es la que casi nunca se discute en público porque los dos tienen interés en no discutirla: el eje de régimen.
El PSOE responde que la monarquía parlamentaria debe preservarse, que el sistema institucional del 78 no debe sustituirse, que la Constitución sigue funcionando en lo esencial y que las élites del régimen no han traicionado a los ciudadanos. Sumar responde lo contrario a las cuatro. No hay una sola coincidencia en todo el eje.
Es una discrepancia sobre las reglas del juego, no sobre las políticas que se aplican dentro de ellas. Un socio quiere gobernar el régimen y el otro quiere cambiarlo, y llevan años haciéndolo desde el mismo consejo de ministros. Que este desacuerdo no bloquee la acción diaria del gobierno dice mucho de cuánto se ha aparcado.
03La economía, donde Sumar empuja y el PSOE frena
CalibraciónLa segunda mayor distancia es económica, y su forma es reveladora. No es que discrepen en la dirección, que es la misma en casi todo, sino en dónde está el límite.
Las dos divergencias concretas son precisamente las dos preguntas que marcan la frontera de la socialdemocracia clásica. Sumar defiende una renta básica universal financiada por el Estado y una sanidad exclusivamente pública que reduzca los conciertos con la privada. El PSOE se opone a lo primero y no se pronuncia sobre lo segundo, porque en el gobierno mantiene los conciertos en lugar de eliminarlos.
Ahí está la línea. El PSOE discute el reparto dentro del capitalismo con instrumentos keynesianos; Sumar propone salir de ese perímetro. En lo demás, subidas del salario mínimo, impuesto a las grandes fortunas, topes al alquiler o blindaje de las pensiones, coinciden sin fisuras. Es una discrepancia de techo, no de rumbo.
04Territorio e identidad: la misma dirección, distinto paso
CalibraciónEn el eje territorial los dos están del lado federal, pero Sumar bastante más lejos. La divergencia concreta es la de fondo: Sumar sostiene que Cataluña, País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir su encaje, y el PSOE lo niega. El PSOE practica un federalismo asimétrico de hecho, negociado escaño a escaño con los partidos nacionalistas, pero no suscribe la premisa plurinacional que lo justificaría.
En identitarismo ambos se sitúan del lado de las minorías protegidas, Sumar de forma bastante más pronunciada. Es el eje donde el PSOE se ha desplazado más en la última década, con paridad legal, lenguaje inclusivo institucional y protección de derechos colectivos, y una parte de ese desplazamiento es atribuible a la competencia y la convivencia con su izquierda.
Hay además una divergencia que rompe el estereotipo: en la pregunta sobre reforzar fronteras y reducir la entrada de inmigrantes, Sumar se opone con claridad y el PSOE no se pronuncia. El socio minoritario es aquí más nítido que el partido de gobierno, que gestiona la política migratoria y evita comprometerse.
05El discurso, donde los dos son autoritarios
CalibraciónSu menor distancia de los nueve ejes está en libertad de expresión, y no porque los dos la defiendan. Están cerca porque los dos aceptan que el Estado limite lo que puede decirse, y su desacuerdo se limita a qué discurso perseguir.
Ninguno suscribe que una opinión no deba ser nunca delito por su contenido. Ninguno renuncia a que el Estado regule medios y redes sociales. Los dos han impulsado o apoyado la ampliación de los delitos de odio y la memoria penal. El PSOE, además, no ha derogado la ley de seguridad ciudadana pese a haberlo prometido.
La única divergencia del eje es la que cabía esperar: Sumar quiere derogar los tipos que penalizan ofensas a símbolos del Estado, a la corona y a las fuerzas armadas, y el PSOE no se pronuncia. Es una asimetría coherente con su posición sobre el régimen, no una diferencia de principio sobre la libertad de expresión.
El gobierno de coalición funciona porque sus dos socios han acordado tácitamente no hablar de aquello en lo que discrepan de verdad. Coinciden en la agenda social, laboral y fiscal, que es lo que ocupa el día a día, y difieren en si el marco institucional que las contiene debe seguir existiendo. Es una convivencia posible mientras el desacuerdo permanezca fuera de la agenda, y es exactamente el punto por el que se rompería si alguna vez entrara en ella.