El análisis
Quieren tirar el mismo régimen y no comparten la nación que vendría después
El territorio los separa ciento setenta y ocho puntos, la mayor distancia del par, mientras que en régimen coinciden en las cuatro preguntas: ninguno defiende la monarquía ni la Constitución del 78. Con un cuarenta y cuatro por ciento de afinidad ocupan el puesto veintitrés de ciento treinta y seis, lejos del mínimo del test: Ciudadanos y Falange, con un treinta y dos.
01Veinte puntos en economía, ciento setenta y ocho en territorio
CalibraciónLa afinidad entre el BNG y Falange Española de las JONS es del cuarenta y cuatro por ciento, y coinciden en trece de las cuarenta y dos afirmaciones del test. Entre los ciento treinta y seis pares posibles, ordenados de menor a mayor afinidad, este ocupa el puesto veintitrés: por debajo de la mediana, pero lejos del suelo del test, que marcan Ciudadanos y Falange con un treinta y dos por ciento.
Las nueve distancias por eje no se reparten de forma pareja. La economía los separa solo veinte puntos, la menor de las nueve, y el régimen cuarenta y cinco, la segunda menor. En el extremo opuesto, el territorio los separa ciento setenta y ocho, por delante de religión, con ciento cuarenta, e identidad, con ciento treinta y cinco.
Ese contraste, veinte puntos en economía y ciento setenta y ocho en territorio, es la columna vertebral del par. Coinciden en cuánto debe intervenir el Estado y en que el marco institucional de la Transición debería sustituirse; discrepan en casi todo lo demás, y sobre todo en quién es el sujeto que debería heredar lo que venga después.
02Un galleguismo que no fue solo de izquierdas
RegistroEl nacionalismo gallego no nació unánimemente de izquierdas. Vicente Risco, intelectual fundador de la Xeración Nós y autor en 1920 de una de las primeras teorizaciones del nacionalismo gallego, derivó antes de la guerra hacia un pensamiento tradicionalista, católico y organicista, con simpatías por corrientes autoritarias del momento. No fue perseguido tras el golpe de 1936: siguió su carrera académica bajo el franquismo.
Alexandre Bóveda, secretario del Partido Galeguista e impulsor del estatuto de autonomía gallego aprobado en referéndum en junio de 1936, tuvo el destino contrario: fue fusilado por las tropas sublevadas en Pontevedra en agosto de ese mismo año, semanas después del plebiscito que el golpe dejó sin aplicar.
Hay además una ironía biográfica de fondo. Francisco Franco nació en El Ferrol en 1892, en el corazón de Galicia, y aun así su régimen prohibió el gallego oficial y disolvió las instituciones autonómicas recién estrenadas. La tradición que reivindica hoy el nacionalismo gallego institucional es la de Bóveda, no la de Risco.
03Ni capitalismo liberal ni Constitución del 78
CalibraciónEn economía coinciden en siete de las ocho preguntas: rechazan bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y apoyan los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, subir el salario mínimo, blindar las pensiones por reparto y la sanidad exclusivamente pública. La única discrepancia es la renta básica universal, que el BNG respalda y Falange rechaza por doctrina propia: salario familiar y sindicato vertical, no transferencias incondicionadas.
Falange puntúa setenta y cinco puntos del lado intervencionista, la misma cifra que Sumar, por delante del cincuenta y cinco del BNG. Conviene no confundir las dos economías que arrojan un signo parecido. La del BNG es un intervencionismo redistributivo de tradición socialdemócrata; la de Falange es un anticapitalismo organicista y jerárquico, que declara la propiedad privada función al servicio de la nación y no reparte el poder de clase, sino que lo abole.
En régimen coinciden en las cuatro preguntas: ninguno defiende que la monarquía deba preservarse, los dos creen que el 78 debería sustituirse, ninguno acepta que la Constitución siga funcionando en lo esencial y los dos sostienen que las élites institucionales han traicionado a los ciudadanos. La distancia entre ambos, cuarenta y cinco puntos porque Falange marca noventa y cinco y el BNG cincuenta, mide la intensidad, no la dirección.
04La nación como frontera total
CalibraciónEl territorio es, con diferencia, la mayor distancia del par. Falange marca noventa y ocho puntos hacia el Estado unitario, empatada con Núcleo Nacional en el extremo más centralista del test; el BNG marca ochenta hacia el federalismo, alta pero no la más alta, por detrás de Esquerra, Junts, EH Bildu, Aliança Catalana y la CUP. Divergen en las cuatro preguntas: si Galicia es nación con derecho a decidir su autogobierno, si España debería federalizarse, si el castellano debe ser vehicular por ley y si las autonomías deben recentralizarse.
En identidad la distancia es de ciento treinta y cinco puntos, y no se lee como dos identitarismos parecidos: el eje tiene el universalismo en el centro, y sus polos son opuestos, no grados de la misma cosa. El BNG protege a minorías, con cuarenta puntos; Falange, a una mayoría étnica, con menos noventa y cinco, empatada con Núcleo Nacional en el extremo del eje. Ante si el Estado debe priorizar a los españoles en sanidad, vivienda y ayudas, Falange dice que sí; el BNG queda neutral, porque su sujeto son los gallegos.
El resto de la mitad cultural repite el patrón. En religión, ciento cuarenta puntos: el BNG retiraría los privilegios fiscales de la Iglesia, Falange sostiene la concertada religiosa, los símbolos en edificios públicos y la asignatura confesional con efectos académicos. En libertad civil, ciento veintitrés: el BNG deja el aborto, la eutanasia y las drogas a la decisión individual, Falange amplía la vigilancia estatal y penaliza las tres. Ahí no comparte posición con nadie: es, en solitario, el más coactivo del test en libertad civil, y el más soberanista en el internacional.
05La doctrina que no admite otra patria
RegistroLa hostilidad al nacionalismo periférico no es un matiz tardío de Falange, es doctrina fundacional. Los puntos programáticos que redactó José Antonio Primo de Rivera en 1934 proclaman a España 'unidad de destino en lo universal' y tratan como traición cualquier intento de fragmentarla; el nacional-sindicalismo se pensó desde el origen como negación de los nacionalismos catalán, vasco y gallego.
Esa doctrina se convirtió en política de Estado después de 1936. El nuevo régimen abolió el estatuto gallego recién plebiscitado, prohibió el uso oficial del gallego y disolvió las instituciones autonómicas, la misma represión que alcanzó al catalanismo y al nacionalismo vasco. El agravio fundacional del nacionalismo gallego de posguerra no es abstracto: es ese episodio.
Disuelto el Movimiento en 1977 y con Falange reducida a una formación marginal, esa doctrina sigue intacta en su calibración: identidad, territorio y régimen unitario en las cifras más extremas del test, compartidas solo con Núcleo Nacional, su heredero contemporáneo. Lo que separa al BNG de Falange en estos ejes no es diferencia de grado: es la pregunta que la Falange fundacional se propuso resolver por la fuerza.
El par incomoda a los dos. Al BNG, porque su mayor acuerdo (gasto público, liquidación del 78) lo alcanza con la formación que en origen se propuso borrar el hecho nacional gallego: quien más se le parece en qué gastar y qué régimen tirar es quien menos reconoce a Galicia como sujeto. A Falange, porque con quien más coincide en anticapitalismo y ruptura institucional es uno de los nacionalismos que su doctrina consideró traición. Y aun así, el cuarenta y cuatro por ciento de afinidad no coloca a este par entre los más distantes: la economía y el régimen tiran hacia arriba justo donde la nación tira con más fuerza hacia abajo.
