El análisis
Lo que discuten no es a quién excluir, sino desde qué Estado
En identidad los separan diez puntos y en economía cinco; en territorio, ciento ochenta, con las dos cifras reflejadas exactamente en el cero. Coinciden en veinticuatro de las cuarenta y dos afirmaciones, entre ellas las cuatro de política internacional y las cuatro de religión, y en ninguna de las cuatro del territorio.
01Un partido que ilegalizaría al otro
RegistroVox se constituye a finales de 2013 con cuadros salidos del PP, Santiago Abascal entre ellos, y su programa fundacional se ordena alrededor de la recentralización del Estado y de ilegalizar a las formaciones que promueven la secesión. Ejerció la acusación popular en el juicio del proceso, se opuso a los indultos y recurrió la amnistía. Cataluña no es un asunto más de su programa: es el que lo ordena.
Aliança Catalana no procede del tronco convergente ni de ninguna organización con despacho en Madrid. La impulsa Sílvia Orriols desde la alcaldía de Ripoll y entra en el Parlament por el hueco que dejó el proceso, con Catalunya Primer como marco: preferencia nacional para un sujeto sin Estado. Su familia europea es la identitaria, la de Alternative für Deutschland y Reconquête.
Ninguno disputa electorado al otro, pero se necesitan. Vox exhibe a Orriols como prueba de que el nacionalismo catalán también levanta fronteras étnicas; ella exhibe a Vox y al 155 como prueba de que con España no hay nada que negociar. La hostilidad es real. Lo que el test mide es otra cosa: en qué se parecen sus dos listas de respuestas.
02El mismo mecanismo con otro sujeto
CalibraciónEl eje identitario no mide grados de una misma cosa. Su centro es el universalismo y sus polos son contrarios: a un lado la protección activa de las minorías, al otro la de la mayoría cultural frente a su dilución. Vox marca ochenta y cinco negativo y Aliança Catalana setenta y cinco. Diez puntos, la segunda menor distancia del par, los dos en el mismo polo.
Coinciden en tres de las seis preguntas y las tres describen el mismo dispositivo. Ninguno acepta las cuotas legales de paridad por sexo ni el lenguaje inclusivo en documentos oficiales. Y los dos suscriben que la inmigración a gran escala amenaza la cultura del país receptor, que firman siete de los diecisiete.
Las tres divergencias tienen algo en común: en todas aparece España nombrada. Vox defiende que el Estado proteja la identidad cultural española y que se priorice a los españoles en sanidad, vivienda y ayudas. Ella niega lo primero y queda neutral en lo segundo, con corrección expresa del modelo: no los tiene por sujeto. No es universalismo, es sustitución. La lista de quién sobra la escriben igual; la de quién cuenta, no.
03Europa, la frontera, el dinero y Dios
CalibraciónEl eje internacional se resuelve sin una sola divergencia. Los dos niegan que España gane más en la Unión Europea de lo que pierde en soberanía, anteponen la soberanía nacional a cualquier marco supranacional, rechazan regularizar a los inmigrantes con arraigo y reforzarían las fronteras. Y la más lejos de Bruselas es ella, veinte puntos por detrás del eurocrítico español.
En economía coinciden en siete de las ocho y la única divergencia es un silencio: la sanidad concertada, sobre la que ella no tiene propuesta documentada. Sí a bajar impuestos a las empresas y a flexibilizar el despido; no a los topes al alquiler, al impuesto sobre las grandes fortunas y a la renta básica. Con cincuenta y cinco puntos es la más de mercado de los diecisiete.
La religión es el otro eje sin divergencias: conviven cincuenta puntos de distancia con cuatro respuestas idénticas. Los dos financian la concertada religiosa, mantienen los símbolos en edificios públicos y la asignatura con efectos académicos, y ninguno tocaría los privilegios de la Iglesia. En ella el catolicismo pesa menos como doctrina que como marcador: defiende la tradición católica catalana y propone abolir el Eid al-Adha.
04Dos asimetrías: el cuerpo y la palabra
CalibraciónEn costumbres los separan cincuenta y cinco puntos y en libertad civil noventa y cinco, la tercera mayor distancia del par. Ella no suscribe la familia de padre, madre e hijos como modelo legal, porque apoya el matrimonio igualitario y las familias homoparentales, y propone abolir la tauromaquia que Vox protege. En aborto, eutanasia y consumo adulto de drogas, la de la no interferencia es la ultranacionalista catalana.
Ese veinte positivo no es liberalismo. Solo la eutanasia está anclada en un voto propio en el Parlament: el aborto y las drogas salen del arrastre del eje. La coincidencia aclara más: los dos aceptan más cámaras y reconocimiento facial, que solo firman cinco de los diecisiete. El programa que acepta el matrimonio igualitario pide veinte mil Mossos y desalojos exprés, y Vox, que se dice partido de la libertad, es el tercero más coactivo del test sobre el cuerpo.
En expresión coinciden en tres de cuatro y ninguna a favor de la libertad: rechazan que ninguna opinión pueda ser delito, quieren regular medios y redes y se oponen a las leyes contra el discurso de odio. La cuarta es un quiasmo: Vox mantiene las penas por ofender a la corona, a los símbolos del Estado y a los sentimientos religiosos; ella las retiraría, porque no son sus símbolos, y tipificaría el anticatalanismo. Pregunta a pregunta parece la menos punitiva; el vector la deja veinticinco puntos por detrás.
05Ocho preguntas sobre el Estado y una casilla
CalibraciónEl territorio es la mayor distancia, ciento ochenta puntos, y el par se refleja exactamente en el cero: noventa negativo y noventa positivo, cuatro preguntas y cuatro divergencias. Ella sostiene que Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir; él lo niega, quiere el castellano vehicular por ley y recentralizar competencias. Ninguno es el extremo de su lado.
El régimen los separa ciento diez puntos. Vox es uno de los cinco partidos continuistas: preserva la monarquía parlamentaria y sostiene que la Constitución del 78 funciona en lo esencial. Ella responde lo contrario en las tres y marca ochenta y cinco rupturistas, aunque por secesión y no por otro régimen español. La única casilla común de las ocho, que las élites del 78 traicionaron a los ciudadanos, la firman trece de diecisiete.
La afinidad es del cincuenta y nueve por ciento: sesenta y ocho pares por encima, sesenta y dos por debajo, la mitad exacta de la tabla. Para Vox es su quinta más próxima de dieciséis, empatada con Frente Obrero y por delante de Ciudadanos y del PSOE; para ella, Vox es el octavo, a un punto de Esquerra. Cinco de las dieciocho divergencias no son un desacuerdo sino un silencio, y los cinco son suyos: doce correcciones manuales, el máximo del test.
El par incomoda a los dos. Quien en Vox tiene el independentismo catalán por la amenaza que ordena su programa tiene que explicar que el partido más etnonacional de ese independentismo sea su quinto vecino del test, más cerca que Ciudadanos y que el PSOE, con las cuatro preguntas de fronteras y Europa compartidas y siete de ocho en economía. Quien en Aliança Catalana tiene a Vox por la encarnación del Estado a batir tiene que explicar que su afinidad con él quede a un punto de la que registra con Esquerra. No comparten proyecto porque no comparten país: el identitario mide la forma y los pone a diez puntos; el territorial mide el sujeto y los pone a ciento ochenta.