El análisis
El PNV y el BNG se acercan más al PSOE que el uno al otro
Empatan a cinco puntos en territorio y en identidad, sus dos ejes más próximos, y aun así la afinidad global es del setenta y dos por ciento: tanto el PNV como el BNG resultan más afines al PSOE que entre sí.
01Un pactista en Madrid, un frente que se quedó en Galicia
RegistroEl PNV ha ejercido durante décadas el papel de partido bisagra en el Congreso: ha apoyado investiduras o presupuestos de gobiernos de distinto signo, desde la UCD de Adolfo Suárez hasta el PSOE de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, pasando por el PP de José María Aznar en 1996. La contrapartida ha sido casi siempre ampliar el Concierto Económico vasco, la pieza que hace tolerable seguir dentro de un marco que nunca firmó.
El BNG ha recorrido el camino contrario: bancada pequeña en el Congreso, papel casi siempre de oposición sin capacidad de pacto con el Gobierno central, y un terreno de disputa real que ha sido el Parlamento de Galicia, no el de Madrid. Solo ejerció poder ejecutivo una vez, a mediados de la década de 2000, en coalición con el PSdeG dentro de la Xunta.
Esa asimetría (uno negocia con el Estado desde dentro, el otro apenas lo hizo y solo en su propia comunidad) anticipa lo que separa a ambos partidos en régimen: no es una diferencia de grado, es una diferencia de posición frente al tablero entero.
02Empatan a cinco puntos en territorio y en identidad
CalibraciónLos dos ejes más próximos del par están empatados exactamente a cinco puntos: territorio e identidad. En territorio coinciden en las cuatro preguntas: Cataluña, País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir su autogobierno, España debería avanzar hacia un Estado federal, el castellano no debe imponerse como lengua vehicular y el Estado no debe recentralizar competencias autonómicas.
En identidad el acuerdo es todavía más completo: coinciden en las seis preguntas, sin excepción. Los dos apoyan cuotas de paridad y lenguaje inclusivo, reconocen derechos colectivos a grupos históricamente discriminados, y rechazan que la identidad cultural española sea un bien que proteger o que la inmigración amenace la cultura receptora. Ninguno se pronuncia sobre priorizar a los ciudadanos españoles en el acceso a servicios: el modelo corrige a mano esa pregunta en los dos casos, porque su sujeto político son los vascos y los gallegos, no los españoles.
El eje identitario no es simétrico: su polo positivo es el identitarismo de minorías, el negativo el de una mayoría étnica. PNV y BNG quedan los dos del lado de las minorías, a apenas cinco puntos entre sí, porque ninguno defiende una mayoría nacional española que proteger. Es la misma razón de su acuerdo territorial: reclaman lo mismo, una nación propia distinta de España, aunque no compartan sujeto.
03Ciento diez puntos: el régimen multiplica a todos los demás desacuerdos
CalibraciónEl régimen es, con diferencia, el mayor desacuerdo del par: ciento diez puntos, cuarenta y cinco más que la siguiente distancia más alta, economía y religión, empatadas en sesenta y cinco. Las cuatro preguntas del eje se responden en direcciones opuestas: el PNV sostiene que la monarquía debe preservarse, que la Constitución del 78 sigue funcionando y que las élites del régimen no han traicionado a nadie; el BNG responde lo contrario en las cuatro.
La posición del PNV es más continuista de lo que su origen sugiere: con sesenta puntos, queda por delante de Vox, que se sitúa en veinticinco pese a reivindicarse frente a lo que llama el régimen del 78. Vox defiende la monarquía y la Constitución, pero el modelo recoge también su discurso contra las élites del sistema; el PNV no comparte ni ese matiz retórico.
El BNG, con menos cincuenta, es el menos rupturista de los seis nacionalismos periféricos que rechazan el régimen, junto a Esquerra, Junts, Bildu, la CUP y Aliança Catalana. Y aun así, ciento diez puntos es la distancia más corta que separa al PNV de cualquiera de los seis: ni el más moderado se acerca a su continuismo.
04La vieja cuestión social: economía, religión y tradición
CalibraciónEconomía y religión empatan como segundo mayor desacuerdo, sesenta y cinco puntos cada uno; la tradición queda tercera, a sesenta. En economía divergen en siete de las ocho preguntas: el PNV apoya bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y se opone a subir el salario mínimo, blindar las pensiones por reparto, la sanidad exclusivamente pública y la renta básica. La única coincidencia es el impuesto a las grandes fortunas, que el PNV aplica en Euskadi al amparo del Concierto.
En religión no hay ninguna coincidencia: el PNV defiende la concertada religiosa, los símbolos en edificios públicos y la asignatura de religión con efectos académicos, y se opone a retirar los privilegios fiscales de la Iglesia; el BNG sostiene lo contrario en las cuatro. Es el residuo de una democracia cristiana que sigue practicando lo que su nombre anuncia, frente a un laicismo que el frente gallego nunca ha matizado.
La tradición repite el patrón sin una sola coincidencia: el PNV defiende el modelo familiar de padre, madre e hijos, la tauromaquia como patrimonio y las costumbres heredadas, mientras el BNG hace de la memoria histórica sobre la Guerra Civil y el franquismo política de Estado activa. Entre los tres ejes suman quince de las veintiuna preguntas en que discrepan: la vieja cuestión social y confesional española, no la nacional, es lo que de verdad separa a estos dos nacionalismos.
05Cada uno se acerca más al PSOE que al otro
CalibraciónEl resto de la distancia se reparte en matices. En libertad civil los separan veinte puntos y coinciden en tres de cuatro preguntas (aborto, eutanasia, drogas); solo divergen en la videovigilancia con reconocimiento facial. En expresión los separan quince puntos y las cuatro preguntas coinciden: ninguno es absolutista de la libertad de expresión, los dos ven necesarias las leyes contra el discurso de odio y los dos derogarían las penas por ofender símbolos del Estado. La distancia sin desacuerdo confirma que la casilla es binaria y la posición, gradual.
En lo internacional los separan cincuenta puntos pero solo diverge una pregunta de cuatro: los dos rechazan que la soberanía nacional prime sobre marcos supranacionales, apoyan regularizar a quien lleva años trabajando en España y se oponen a blindar fronteras. Divergen en si España gana más de lo que pierde en la Unión Europea: el PNV lo suscribe sin matices, el BNG no se pronuncia, con una corrección por su euroescepticismo sectorial en pesca y en el sector lácteo.
Y sin embargo la afinidad global es del setenta y dos por ciento, y ahí aparece el dato que más incomoda a la lectura nacionalista del par. El PNV es más afín al PSOE, ochenta y tres por ciento, que a ningún otro partido del test, el BNG incluido. El BNG también es más afín al PSOE, setenta y cinco por ciento, que al PNV. Coincidir en la nación no basta: cada uno encuentra en el partido socialista español un aliado más cercano que el nacionalismo vecino.
El resultado no consuela a ninguno de los dos. Al PNV le exige explicar por qué su aliado más afín de los dieciséis del test es el partido que redactó y sostiene con más firmeza la Constitución que él nunca firmó. Al BNG le exige lo contrario: que el frente que hace de la ruptura con el régimen su seña más visible acabe, sumadas las nueve dimensiones, más cerca del partido que defiende ese régimen que del nacionalismo con el que coincide en territorio, identidad y expresión. La nación los une en veintiuna de las cuarenta y dos afirmaciones del test; el régimen, en ninguna.
