El análisis
La afinidad entre ERC y Aliança Catalana apenas supera la que hay con Vox
En territorio los separan solo cinco puntos, de las distancias territoriales más pequeñas del test, y en régimen coinciden en las cuatro preguntas. Aun así la afinidad total es del sesenta por ciento, apenas un punto por encima del cincuenta y nueve que Aliança Catalana comparte con Vox, el partido que defiende justo lo contrario en el mapa territorial.
01Dos genealogías que no se cruzan
RegistroEsquerra Republicana de Catalunya nace en 1931 de la fusión de varios grupos catalanistas y republicanos bajo Francesc Macià, que proclama la República Catalana a los pocos días de la Segunda República española y acaba negociando su encaje como autonomía. Es, desde el origen, un partido de izquierda, laico y republicano: no llega al independentismo por reacción, nace queriendo un Estado sin monarquía, catalán o español.
Lluís Companys, sucesor de Macià en la Generalitat, fue fusilado por el franquismo en 1940 tras ser entregado por la Gestapo. El partido pasa la dictadura ilegalizado y en el exilio, vuelve a la política democrática con una estrategia pactista, investiendo gobiernos socialistas a cambio de competencias, y atraviesa el proceso soberanista reciente con parte de su dirección encarcelada y después indultada. Es la genealogía más larga y más golpeada del independentismo catalán.
Aliança Catalana no tiene ese linaje. La construye Sílvia Orriols desde la alcaldía de Ripoll, sin pasar por Convergència ni por la tradición pujolista, en el hueco que deja el desgaste del proceso y el giro identitario de Junts. Su referencia no es el catalanismo histórico sino la derecha identitaria europea con la que se alía, Alternative für Deutschland y Reconquête: un soberanismo de naciones que comparte forma con el de ERC y poco contenido.
02El dato que descoloca
CalibraciónLos tres partidos que compiten por el espacio independentista catalán deberían formar, en teoría, un gradiente. No lo forman. ERC y Junts llegan al setenta y ocho por ciento de afinidad; Junts y Aliança Catalana, al setenta y siete. Cabría esperar una cifra parecida entre ERC y AC. En cambio cae a sesenta, con solo diecisiete coincidencias de las cuarenta y dos afirmaciones del test.
Ese sesenta por ciento apenas supera el cincuenta y nueve que Aliança Catalana comparte con Vox, que en el eje territorial defiende justo lo contrario: Vox quiere un Estado recentralizado y AC quiere salir de él, con una distancia entre ambos de ciento ochenta puntos. Compartir el objetivo independentista no acerca ERC a AC más que a su adversario territorial declarado.
Más revelador: la afinidad de AC con EH Bildu, el PNV y el BNG (sesenta y dos, sesenta y tres y sesenta y seis por ciento) supera a la que tiene con ERC, sin que ninguno de los tres gane nada en un referéndum catalán. Lo que acerca a AC a ellos no es la meta compartida con ERC, sino una postura genérica frente al Estado central que ERC comparte solo a medias.
03Donde casi son el mismo partido
CalibraciónEl territorio es la única zona sin fisuras reales. Los separan cinco puntos y coinciden en tres de cuatro preguntas: Cataluña es nación con derecho a decidir, el castellano no debe imponerse como lengua vehicular y las autonomías no tienen competencias que recentralizar. Solo divergen en el Estado federal, y ni siquiera es discrepancia real: AC no acepta que España deba seguir existiendo como marco a federalizar.
En régimen hacen pleno en las cuatro preguntas: ninguno preservaría la monarquía, los dos quieren sustituir el sistema del 78, ninguno cree que la Constitución funcione y los dos sostienen que las élites del régimen han traicionado a los ciudadanos. El eje, aun así, los separa quince puntos: el extremo lo ocupa quien rechaza ese régimen concreto con más intensidad.
Pero votan igual por motivos distintos. El rupturismo de ERC es antiguo: un partido republicano que nunca aceptó la monarquía. El de AC queda en ochenta y cinco, no en los noventa y cinco reservados a Falange y Núcleo Nacional, rupturistas por vía revolucionaria; el suyo es un rupturismo de salida, indiferente a qué régimen tenga España porque no lo vive como propio. Coinciden en la papeleta y difieren en la pregunta que responden.
04Quién es catalán: la grieta real
CalibraciónEl identitarismo es, con ciento veinticinco puntos, el mayor desacuerdo entre los dos. El eje no es simétrico: su centro es el universalismo y sus polos son opuestos, identitarismo de minorías e identitarismo de mayoría. ERC queda del lado de las minorías, con cincuenta puntos; AC, en el polo opuesto, con setenta y cinco. Pero esa mayoría no es la española, es la catalana: sin esa precisión, el eje confundiría a AC con un etnonacionalismo español que no es el suyo.
Dos de sus tres coincidencias en este eje son un artefacto. Los dos rechazan que el Estado proteja la identidad cultural española y los dos quedan neutrales sobre priorizar a los españoles, no porque coincidan sino porque ninguno los tiene por sujeto: uno prioriza lo universal, el otro lo catalán. El desacuerdo sustantivo está en las cuotas, el lenguaje inclusivo y, sobre todo, en si la inmigración amenaza la cultura del país receptor, que AC afirma y ERC niega.
El reconocimiento de derechos colectivos, donde también divergen, tiene un matiz documentado: Aliança Catalana los admite para la nación catalana, para el colectivo LGTBI y para las mujeres, no para minorías étnicas no catalanas. No es ausencia de política identitaria, es una lista cerrada. ERC la mantiene abierta a naciones sin Estado y minorías étnicas en general, sin ese filtro de origen.
05Un espejo económico, una frontera religiosa y Europa
CalibraciónEn economía la distancia es de ciento diez puntos y casi exacta en espejo: ERC puntúa cincuenta y cinco del lado del Estado, AC otro tanto del lado del mercado. Suprime patrimonio y sucesiones, capitaliza parcialmente las pensiones y deroga el tope al alquiler. Divergen en las ocho preguntas del eje sin coincidir en ninguna, el mismo patrón que ERC tiene con Junts: a su derecha, cualquiera que sea el matiz identitario, el desacuerdo económico es total.
En religión, también ciento diez puntos y divergencia completa, los papeles se invierten. Aliança Catalana no es la confesional dura que su tradicionalismo cultural sugiere: apoya el matrimonio igualitario y las familias homoparentales, y propone abolir la tauromaquia, que ni siquiera considera patrimonio catalán. Es homonacionalismo, no ortodoxia católica. ERC, de fundación laica, queda en el extremo secular en las cuatro preguntas del eje.
En libertad de expresión, uno de los ejes que menos los separa, la asimetría de AC queda a la vista: rechaza las leyes contra el discurso de odio hacia colectivos protegidos, las mismas que ERC defiende, pero propone tipificar el anticatalanismo como delito grave. En el internacional, la mayor distancia tras la identitaria con cien puntos, ERC es europeísta y AC soberanista, aliada de AfD y Reconquête: divergen en las cuatro preguntas, incluida la regularización de inmigrantes con arraigo.
Quien presente a Aliança Catalana como el ala catalana del bloque independentista debe explicar por qué su afinidad con ERC apenas roza la que tiene con Vox, y por qué el nacionalismo vasco y el gallego, sin nada que ganar en Cataluña, quedan más cerca de ella. Quien los presente como irreconciliables debe explicar el pleno en régimen y los tres de cuatro en territorio. Comparten la casa que quieren construir y casi nada de lo que pasaría dentro: quién es vecino, cómo se paga y con quién se firma fuera.
