El análisis
Coinciden en el dinero y en la Iglesia, y en ninguna de las ocho preguntas sobre el Estado
De los ciento treinta y seis pares posibles, solo cinco coinciden en las cuatro preguntas de religión y no comparten una casilla en las ocho de territorio y régimen: este es uno. En economía los separan cinco puntos, y en aborto, eutanasia y drogas el que queda del lado de la no interferencia es el ultranacionalista catalán.
01Dos derechas sin demos común
RegistroAlianza Popular la funda en 1976 Manuel Fraga Iribarne, antiguo ministro de Franco, y de su refundación sale el Partido Popular: partido de gobierno del régimen del 78, integrado en la familia democristiana europea. Su trato con la derecha catalana pasó siempre por Convergència, socio parlamentario en Madrid que pedía competencias, no otro Estado.
Aliança Catalana no viene de ese tronco ni de ninguno con despacho en Madrid. La impulsa Sílvia Orriols desde la alcaldía de Ripoll y entra en el Parlament sin genealogía convergente, en el hueco que dejó el proceso. Su familia europea es la identitaria, la de Alternative für Deutschland y Reconquête.
El par no es una rivalidad dentro de un sistema de partidos: son dos sistemas que se ignoran. Ella no le disputa electorado al PP sino a Junts, igual que Vox se lo disputó al PP. Y el PP gobernaba cuando se aplicó el artículo 155, que ella exhibe como prueba de que en España no hay nada que negociar.
02El dinero y la Iglesia, donde casi son el mismo partido
CalibraciónLa economía es su menor distancia, cinco puntos, y coinciden en siete de las ocho preguntas: sí a bajar impuestos a las empresas y a flexibilizar el despido; no a los topes al alquiler, al impuesto sobre las grandes fortunas, al salario mínimo, a las pensiones por reparto intactas y a la renta básica. Solo divergen en la sanidad concertada, donde ella no tiene propuesta documentada.
Importa dónde cae cada uno. Aliança Catalana marca cincuenta y cinco puntos del lado del mercado, la cifra más alta de los diecisiete, por delante del PP, de Vox y de Ciudadanos, que empatan en cincuenta. El reflejo que asocia ultranacionalismo con anticapitalismo describe al nacional-sindicalismo de Núcleo y de Falange, en el polo intervencionista, no a ella.
La religión es el único de los nueve ejes sin una sola divergencia. Los dos defienden la concertada religiosa con dinero público, los símbolos en edificios públicos y la asignatura con efectos académicos, y ninguno eliminaría los privilegios de la Iglesia. El PP puntúa sesenta y ella treinta y cinco, y hacen ese pleno con el mismo bloque: Vox, el PNV, Núcleo, Falange y SALF.
03El partido de gobierno es el más restrictivo de los dos
CalibraciónEn tradición los separan veinte puntos y lo contraintuitivo es el signo: el tradicionalista es el PP, con cincuenta, y ella se queda en treinta. Divergen en la familia de padre, madre e hijos como modelo legal, que él suscribe y ella no porque apoya el matrimonio igualitario y las familias homoparentales, y en la tauromaquia, que él protege y ella propone abolir.
En libertad civil la inversión es mayor: sesenta y cinco puntos. El PP queda en cuarenta y cinco del lado de la coacción, con solo Vox, Núcleo y Falange por detrás; ella en veinte del contrario, por delante del PSOE, del PNV y de Junts. Ella está a favor del aborto, la eutanasia y el consumo adulto de drogas, y el PP en contra de las tres.
Ese veinte no es liberalismo. Solo la eutanasia está anclada en un voto propio en el Parlament: el aborto y las drogas salen del arrastre del eje, y su perfil registra una posición matizada sobre el primero. Donde sí coinciden es en vigilancia, y los dos aceptan más cámaras y reconocimiento facial. El mismo programa que acepta el matrimonio igualitario pide desalojos exprés y abolir el Eid al-Adha.
04Dos catálogos de opiniones punibles
CalibraciónEn libertad de expresión los separan diez puntos, la segunda menor distancia del par, y no es un elogio. Ninguno suscribe que una opinión no deba ser delito por su contenido, ninguno acepta que la regulación de medios y redes sea mínima, y los dos rechazan las leyes contra el discurso de odio. Solo Ciudadanos y SALF quedan del lado de la libertad simétrica.
La única divergencia del eje es la reveladora. El PP mantiene las penas por ofender a los símbolos del Estado, a la corona, a las fuerzas armadas y a los sentimientos religiosos; ella las retiraría y a cambio quiere tipificar el anticatalanismo como delito grave. La misma operación con el objeto cambiado: cada uno despenaliza lo ajeno y pide protección penal para lo suyo.
El identitario los separa cincuenta puntos y no es simétrico: su centro es el universalismo, y ninguno está en el polo de minorías. El PP marca veinticinco y ella setenta y cinco, los dos en el de la mayoría protegida: discuten cuál. Ella niega que el Estado deba proteger la identidad cultural española y él lo afirma; ella ve la inmigración como amenaza cultural y él es el único de los diecisiete que ni lo afirma ni lo niega. Ninguno responde sobre priorizar a los españoles: él no los excluye de la sanidad universal, ella no los tiene por sujeto.
05El Estado: ocho preguntas y ninguna coincidencia
CalibraciónEl régimen es la mayor distancia, ciento sesenta puntos, y el territorio la segunda, ciento cincuenta y cinco: en las ocho preguntas no comparten una casilla. El PP preserva la monarquía, sostiene que la Constitución del 78 funciona y niega la traición de las élites; ella responde lo contrario cuatro veces. Él es el segundo más continuista tras Ciudadanos; ella marca ochenta y cinco rupturistas, la cifra de la CUP y de Frente Obrero.
El internacional los separa ciento cinco puntos. El PP es el cuarto más cosmopolita, empatado con Sumar, y sostiene que España gana más en la Unión Europea de lo que pierde en soberanía; ella marca sesenta soberanistas, más lejos de Bruselas que Vox, en cuarenta. La única casilla que comparten es reforzar las fronteras, y el PP la firma tras una corrección expresa del modelo.
La afinidad global es del cincuenta y seis por ciento: puesto ochenta y uno de ciento treinta y seis, por debajo de la mediana. En la lista de ella el PP queda tras nueve partidos, entre ellos el BNG, el PNV, EH Bildu, Esquerra y Vox. Y seis de las veintidós divergencias no son un sí contra un no sino un silencio, cuatro de ella, que necesita doce correcciones manuales, el máximo del test.
El par incomoda a los dos lados. Quien en el PP la sitúe fuera de lo compartible tiene que explicar veinte coincidencias de cuarenta y dos, el doble de las diez que registra con el PSOE, y que en tradición y en libertad civil el más restrictivo es el partido de gobierno. Quien en Aliança Catalana presente al PP como la derecha española a batir tiene que explicar siete de ocho en economía y cuatro de cuatro en religión. Y sin embargo el PSOE, con la mitad de casillas comunes, está trece puntos más cerca del PP: lo que separa a estos dos no es una política, es que no comparten Estado.