El análisis
Coinciden en cuarenta y una de cuarenta y dos preguntas y no en qué Estado quieren
Sumar y EH Bildu responden igual en ocho de los nueve ejes del test, sin una sola divergencia interna, y su afinidad es del ochenta y siete por ciento. La única grieta no es un desacuerdo real sino un artefacto de cómo el modelo trata a un partido cuyo sujeto nacional no son los españoles; la distancia genuina, sesenta puntos, aparece en régimen, donde ambos contestan igual a las cuatro preguntas con intensidad muy distinta.
01Dos formas de sostener la misma legislatura
RegistroSumar entra en el Consejo de Ministros como socio de gobierno desde la investidura que reeditó a Pedro Sánchez a finales de 2023: tiene carteras y firma los decretos del Ejecutivo. EH Bildu no ocupa ningún ministerio; es socio parlamentario externo, negocia presupuestos y leyes desde fuera y su nombre no figura entre los miembros del Gobierno.
Esa asimetría no es nueva: los ejecutivos en minoría llevan décadas apoyándose en formaciones nacionalistas que prestan sus votos sin entrar en el gabinete. Lo distinto aquí es quién ocupa el papel de socio externo: no un partido moderado del tablero territorial, sino el más rupturista de los diecisiete que mide el test.
El test permite comprobar qué separa de verdad a un socio que gobierna de uno que solo vota. La respuesta no está en las cuarenta y dos afirmaciones, donde apenas hay distancia, sino en dos ejes: cuánto pesa la ruptura con el régimen y el territorio propio frente al Estado común.
02Ocho ejes enteros sin una sola grieta
CalibraciónDe los nueve ejes del test, ocho no producen ni una divergencia entre Sumar y Bildu. En economía coinciden en las ocho preguntas: alquiler topado, impuesto a las grandes fortunas, SMI al alza, pensiones por reparto, sanidad exclusivamente pública y renta básica universal, más el rechazo a bajar impuestos a empresas o flexibilizar el despido. En tradición y religión coinciden también en las ocho: memoria histórica de Estado y fin de los privilegios de la Iglesia, sí; familia tradicional, tauromaquia, concertada religiosa y símbolos religiosos en lo público, no.
En libertad civil coinciden en las cuatro (aborto, eutanasia, drogas fuera del código penal, rechazo a más vigilancia), y en expresión también en las cuatro, con un detalle que no es casual: los dos necesitan la misma corrección manual en la pregunta sobre ofensas a símbolos del Estado, la corona y las fuerzas armadas. Sumar hizo bandera del caso Hasél; Bildu votó en bloque por despenalizar esas ofensas. Sin ajustar, el vector les habría atribuido a ambos la postura contraria a la real.
Territorial, internacional y régimen completan la lista de ejes sin discrepancias: naciones con derecho a decidir, Estado federal, rechazo a blindar fronteras, apoyo a la Unión Europea, fin de la monarquía y sustitución del régimen del 78. Solo queda un eje con alguna divergencia, y es uno solo.
03La única grieta es una pregunta que no le aplica a uno de los dos
CalibraciónEsa divergencia está en identidad y no reparte opiniones opuestas: Sumar rechaza que el Estado priorice a los ciudadanos españoles sobre los inmigrantes en sanidad, vivienda y ayudas; Bildu queda neutral. No es una postura intermedia entre el sí y el no: es una pregunta que el modelo le retira porque su sujeto nacional no es España, el mismo ajuste que llevan ERC, Junts, la CUP o Aliança Catalana.
El resto del eje identidad muestra a ambos del mismo lado, el de las minorías protegidas, a distinta intensidad: Sumar puntúa setenta y cinco, Bildu cincuenta. Los dos aprueban cuotas de paridad y lenguaje inclusivo oficial, y niegan que la identidad española sea un bien que proteger o que la inmigración amenace la cultura receptora. El nacionalismo vasco de Bildu no aparece aquí como identitarismo de mayoría, el polo opuesto del etnonacionalismo español o catalán: aparece en territorio y régimen, los ejes que de verdad lo miden.
Sin ese ajuste, Sumar y Bildu empatarían en las cuarenta y dos, como ya ocurre entre ERC y Bildu, que llevan la misma corrección los dos. El patrón se repite exactamente cuatro veces entre los ciento treinta y seis pares del test: Sumar o Podemos cruzados con Bildu o ERC, los únicos casos donde un partido responde directo desde el vector y el otro necesita el mismo ajuste. Sumar y Podemos son, empatados, los que menos correcciones llevan en todo el test: una cada uno.
04Régimen y territorio: de acuerdo en el qué, muy lejos en el cuánto
CalibraciónLa mayor distancia del par, sesenta puntos, está en régimen, y ninguna pregunta la explica sola porque ahí también coinciden en las cuatro: ni uno ni otro salvarían la monarquía, los dos sustituirían el sistema del 78, ninguno cree que la Constitución siga funcionando y ambos dicen que las élites del régimen han traicionado a los ciudadanos. La distancia no está en qué votan, está en cuánto organiza esa respuesta el resto de su proyecto político.
Sumar queda apenas del lado rupturista, con menos veinte: sostiene la crítica al 78 mientras gestiona ministerios del 78. Bildu queda con menos ochenta, cerca del rupturismo casi absoluto que en el test solo superan Núcleo Nacional y Falange. Para un nacionalismo sin Estado propio, sustituir el régimen y sustituir el reparto territorial son la misma demanda vista desde dos ejes distintos.
El territorial confirma la lectura con menor distancia, treinta y cinco puntos: los dos coinciden en que Cataluña, País Vasco y Galicia son naciones, en avanzar hacia un Estado federal y en no imponer el castellano como lengua vehicular, pero Sumar puntúa cincuenta y cinco y Bildu noventa, casi el techo de la escala. Es la prueba numérica de lo que la posición institucional ya anticipaba: ser aliado parlamentario no equivale a compartir proyecto de Estado, solo a votarlo igual esta legislatura.
05Un modelo que casi no tiene que corregir a ninguno de los dos
CalibraciónSumar lleva un único ajuste manual en las cuarenta y dos preguntas, el mínimo posible junto con Podemos. Bildu lleva dos: el de identidad ya descrito y el de símbolos del Estado, compartido con Sumar. Que la calibración apenas tenga que corregir a los dos significa que sus vectores ya describen bien lo que votan, y explica por qué el acuerdo aritmético (cuarenta y una de cuarenta y dos) y la afinidad continua (ochenta y siete por ciento) van tan de la mano en este par.
Esa cercanía no convierte a Bildu en una variante vasca de Sumar ni a Sumar en un aliado sin matices del nacionalismo vasco. Los pocos ajustes de cada uno apuntan en direcciones distintas: a Sumar se le corrige una postura de expresión poco visible en su discurso general; a Bildu se le corrige una pregunta entera porque el cuestionario, pensado en categorías españolas, no tiene casilla neutra para una nación de referencia que no es España.
El dato que queda: entre ciento treinta y seis pares posibles, hace falta cruzar exactamente estos dos para hallar una afinidad del ochenta y siete por ciento sostenida en acuerdo real, sin que ninguno abandone lo que lo distingue del resto de la izquierda española.
El resultado incomoda a los dos por razones distintas. A Sumar, porque su discurso sobre sustituir el régimen del 78 convive, en la misma legislatura, con la gestión de ese régimen desde el Consejo de Ministros: la respuesta al cuestionario es rupturista, la práctica de gobierno es continuista, y esa distancia es justo lo que lo separa de Bildu en ese eje. A Bildu, porque el rasgo que más lo distingue de la izquierda con la que coincide en todo, un proyecto nacional que no es el español, resulta invisible para un test en categorías españolas: no aparece como desacuerdo, aparece como una pregunta que no le corresponde responder.
