El análisis
Coinciden en derribar el 78 y no en qué naciones deciden después
En régimen, su menor distancia, coinciden en las cuatro preguntas: ni monarquía, ni Constitución vigente, ni élites libres de traición. En territorio, la mayor, no comparten ni una: la afinidad global cae al cuarenta y siete por ciento, la más baja de las dieciséis comparativas de Junts.
01Dos genealogías que no se han cruzado nunca
RegistroJunts desciende de Convergència Democràtica de Catalunya, el partido de Jordi Pujol que gobernó la Generalitat más de dos décadas desde un catalanismo burgués, democristiano y liberal en economía. Su catalanismo fue de adhesión: catalán era quien vivía y trabajaba en Cataluña, no quien acreditara origen. Tras el giro al independentismo explícito se refundó con un discurso más duro, también en migración, en el hueco que le abrió por su derecha Aliança Catalana.
Falange Española nace en octubre de mil novecientos treinta y tres de la mano de José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador Miguel Primo de Rivera, con un programa a la vez anticapitalista y antimarxista. Meses después se fusiona con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista de Ledesma Ramos y Onésimo Redondo, y adopta el nombre con el que responde hoy. Fusilan a José Antonio en Alicante en mil novecientos treinta y seis.
Al año siguiente, Franco decreta la unificación forzosa de falangistas y carlistas en un partido único bajo su mando, y la doctrina económica original queda archivada. Disuelto el Movimiento Nacional en mil novecientos setenta y siete, el nombre sobrevive en organizaciones marginales sin peso electoral, una de las cuales se compara aquí. Nacen en décadas distintas, de troncos que nunca se rozaron, y solo coinciden en estas páginas.
02Territorio: la distancia más grande del par
CalibraciónEl eje territorial separa a Junts y Falange ciento noventa y tres puntos, la mayor de las nueve distancias, sin una sola de las cuatro preguntas en común. Junts sostiene que Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir su autogobierno, que España debería avanzar hacia un Estado federal y que el castellano no debe imponerse por ley como vehicular. Falange responde que no en las tres.
En la cuarta, Falange pide recentralizar competencias; Junts sostiene lo contrario. Falange marca noventa y ocho puntos del lado centralista, empatada con Núcleo Nacional en la posición más centralista de los diecisiete; Junts marca noventa y cinco del lado federal, por detrás solo de la CUP y empatada con Esquerra.
No es un desacuerdo de matiz: es un desacuerdo sobre quién decide. Para Falange existe una nación española indivisible que el Estado debe imponer administrativamente; para Junts, Cataluña es una nación distinta con derecho propio a decidir. Es el mismo choque, con los papeles invertidos, que reaparece en el eje identitario.
03Régimen y palabra: derribar juntos, construir distinto
CalibraciónEn régimen ocurre lo contrario: es la menor de las nueve distancias, cuarenta puntos, y coinciden en las cuatro preguntas. Ninguno preservaría la monarquía parlamentaria, los dos sostienen que el régimen del setenta y ocho debería sustituirse por uno nuevo, los dos niegan que la Constitución siga funcionando en lo esencial y los dos afirman que las élites han traicionado a los ciudadanos.
El pleno no cierra la distancia porque la intensidad difiere. Falange marca noventa y cinco puntos del lado rupturista, empatada con Núcleo en la posición más extrema de los diecisiete; Junts se queda en cincuenta y cinco, mismo lado y menos intensidad. Son además rupturas de destino distinto: Falange quiere otro Estado español, jerárquico y corporativo; Junts no propone otro régimen español, propone no pertenecer a ninguno.
Algo parecido sucede en libertad de expresión, la segunda distancia más pequeña, con cuarenta y cinco puntos. Los dos rechazan que ninguna opinión pueda ser delito y los dos creen que la regulación estatal de medios y redes no debería ser mínima: coinciden en aceptar límites a la palabra, no en cuáles. Es la coincidencia que este eje está diseñado para cazar por igual, venga de la derecha o de la izquierda.
04Ni capitalismo ni mercado
CalibraciónEn economía la distancia vuelve a ser grande, cien puntos: Junts en veinticinco, mercado moderado; Falange en setenta y cinco, intervencionista. Falange respalda topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, subir el salario mínimo, blindar las pensiones por reparto y la sanidad exclusivamente pública; rechaza bajar impuestos a empresas y flexibilizar el despido. Junts responde lo contrario en las siete.
La única coincidencia económica es el rechazo a la renta básica universal, y en Falange es de doctrina, no de gasto: su lema fundacional, ni capitalismo ni marxismo, defendía el sindicato vertical y el salario familiar frente a cualquier transferencia universal incondicionada, de raíz liberal. El resultado numérico coincide, punto por punto, con la posición económica de Sumar: la misma cifra exacta pese a ocupar polos opuestos en identidad y religión.
El dato desmonta el reflejo de agrupar a Falange con la derecha de mercado solo porque comparte el resto del catálogo cultural. El test documenta el mismo patrón en Núcleo Nacional, que reivindica esa doctrina como herencia directa: el nacional-sindicalismo comparte con la izquierda anticapitalista la economía y con la derecha identitaria casi todo lo demás. No hay una economía propia del etnonacionalismo, hay una del nacional-sindicalismo, y no es la de Vox ni la del PP.
05Identidad, tradición y religión: mismo miedo, sujetos distintos
CalibraciónEl eje identitario no es simétrico: su centro es el universalismo, un polo el identitarismo de minorías y el otro el de mayoría. Junts y Falange no están juntos en este eje, están en polos contrarios, separados cien puntos: Falange en noventa y cinco del lado de la mayoría, empatada con Núcleo en el extremo; Junts en cinco, casi en el centro. Coinciden solo en que la inmigración amenaza la cultura del país receptor, y cada uno la lee para una cultura distinta.
El resto divide limpio. Junts respalda las cuotas de paridad, el lenguaje inclusivo oficial y los derechos colectivos de grupos diferenciados; Falange rechaza los tres. Junts no defendería que el Estado proteja la identidad cultural española, y queda neutral ante la prioridad a los ciudadanos españoles, porque su sujeto es catalán, no español; Falange responde que sí a ambas. El cinco de Junts no es ausencia de identitarismo: son dos identitarismos que tiran en direcciones opuestas y casi se cancelan.
En tradición coinciden en tres de cuatro preguntas pese a separarlos noventa puntos: Falange en noventa y cinco, empatada con Núcleo en la posición más tradicionalista de los diecisiete; Junts apenas suma cinco. Los dos preservarían la familia de padre, madre e hijos como modelo legal y las costumbres heredadas, y rechazan que la memoria histórica sea política de Estado; solo divergen en la tauromaquia. En religión el patrón se invierte: Falange, en noventa y cinco, es la más confesional de los diecisiete sin empate; Junts, en diez puntos del lado secular, no coincide en ninguna.
El par incomoda a los dos lados. A Junts, porque su perfil de socio pactista firma sin fisuras las cuatro preguntas de régimen con la formación más marginal del test, y de sus dieciséis comparativas esta es la de menor afinidad. A Falange, porque el partido al que concede el pleno en régimen es, en territorio, quien no comparte con ella una sola respuesta, y su mayor distancia de las nueve. Coinciden en que el setenta y ocho debe caer y poco más: qué nación decide después y quién es su sujeto siguen sin acuerdo.
