El análisis
Coinciden en la Iglesia y el mercado; se separan en la nación y el régimen
El test los deja empatados en el centro exacto: veintiuna coincidencias y veintiuna divergencias sobre las cuarenta y dos preguntas, con una afinidad del sesenta y tres por ciento. Están de acuerdo en las cuatro preguntas de religión y en ninguna de las cuatro de régimen, la distancia más grande de las nueve del par.
01Dos linajes distintos del nacionalismo sin Estado
RegistroEl PNV nace en Bilbao en 1895 de la mano de Sabino Arana, sobre una doctrina fundacional que combinaba fuerismo católico con un discurso racial que sus sucesores fueron limando por dentro sin llegar nunca a repudiar a Arana como referencia. De ese fuerismo ya suavizado, no del arranque racial, sale la trayectoria posterior: presidencia del Gobierno vasco durante casi toda la etapa autonómica y, desde la oposición en Madrid, apoyo a gobiernos de distinto signo a cambio de competencias y financiación, una tradición pactista dentro del nacionalismo vasco moderado.
Aliança Catalana nace mucho después, en el ayuntamiento de Ripoll, con Sílvia Orriols como alcaldesa y figura visible. Llega al Parlament sin genealogía convergente ni pujolista, en el espacio que deja el reflujo del procés independentista, y se declara aliada de formaciones de la derecha identitaria europea como Alternative für Deutschland y Reconquête. Su nacionalismo no es de adhesión sino de origen: antepone lo étnico y cultural a lo civil.
Los dos representan naciones sin Estado dentro de España, pero llegan a esa condición desde puntos opuestos del reloj político. El PNV lleva más de un siglo integrado en el juego institucional español, incluida la etapa autonómica que ayudó a construir. Aliança Catalana entra en escena rechazando ese mismo juego desde el primer día, y esa diferencia de partida explica buena parte de lo que el test mide después.
02Donde el número engaña: territorio y tradición
CalibraciónEn territorio la distancia es de solo quince puntos, una de las tres más bajas del par, y coinciden en tres de las cuatro preguntas: Cataluña, País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir, el castellano no debe imponerse por ley como lengua vehicular y las comunidades autónomas no tienen demasiadas competencias. La única discrepancia es el Estado federal, y no es una discrepancia simétrica.
El PNV sí lo suscribe. Aliança Catalana no, pero no porque prefiera el statu quo: rechaza la pregunta misma, porque su horizonte no es una España distinta sino un Estado catalán propio. Federalismo y secesión piden encajes opuestos de la misma reivindicación territorial, y el test recoge esa diferencia como divergencia aunque el impulso de fondo, más autogobierno, corra en la misma dirección.
En tradición pasa lo contrario: el eje da una distancia de cero, la más baja de las nueve, pero solo coinciden en una de las cuatro preguntas. Aliança Catalana no defiende la familia de padre, madre e hijos como modelo legal único (apoya el matrimonio igualitario y las familias homoparentales) ni protegería la tauromaquia, que propone abolir. El PNV, democristiano clásico, sí defiende ambas. El empate agregado esconde dos proyectos de tradición distintos que llegan al mismo número por caminos que no se cruzan.
03Iglesia y cuerpo, donde casi no hay grieta
CalibraciónEn religión coinciden en las cuatro preguntas del eje, el pleno más limpio del par: financiación pública de la concertada religiosa, símbolos religiosos en edificios públicos, asignatura de religión con efectos académicos y mantenimiento de los privilegios fiscales de la Iglesia. La distancia es de quince puntos, ambos del lado confesional, aunque Aliança Catalana lo sostiene con más intensidad.
En libertad civil coinciden en tres de cuatro: aborto como decisión de la mujer, eutanasia como derecho amplio y despenalización del consumo adulto de drogas. La única divergencia es la vigilancia; Aliança Catalana defiende ampliar cámaras y reconocimiento facial en el espacio público, coherente con un programa de seguridad que endurece el orden público, mientras el PNV no fija posición.
Es una combinación poco intuitiva: dos nacionalismos con historias distintas, uno de raíz católica y foralista, el otro de irrupción reciente y étnica, convergen en el terreno donde la vieja cuestión religiosa española solía partir a los partidos en dos. Comparten confesionalidad moderada y, a la vez, una lectura liberal del cuerpo que no siempre acompaña a esa confesionalidad.
04El mercado que comparten, el fisco que no
CalibraciónEn economía la distancia es de cuarenta y cinco puntos, pero coinciden en cinco de las ocho preguntas: bajar impuestos a las empresas, flexibilizar el despido, y no a subir de forma significativa el salario mínimo, no a blindar intacto el sistema de pensiones por reparto y no a una renta básica universal. Es el bloque de liberalismo laboral que comparten pese a partir de tradiciones económicas distintas.
Divergen en los topes al alquiler, que Aliança Catalana rechaza y el PNV deja sin pronunciarse; en el impuesto extraordinario a las grandes fortunas, que el PNV apoya y ella no; y en la sanidad exclusivamente pública, que ninguno respalda del todo aunque por razones distintas: el PNV se opone explícitamente a reducir los conciertos, ella no tiene postura documentada.
El resultado es asimétrico. Aliança Catalana puntúa cincuenta y cinco en el eje económico, más de mercado que el PP, Vox o Ciudadanos, empatados en cincuenta: es, de los diecisiete partidos del test, el más neoliberal. El PNV se queda en diez, la economía mixta democristiana clásica, con impuesto a las fortunas y sanidad concertada pero sin tocar lo público. Comparten el diagnóstico laboral y discrepan en el fiscal.
05El cisma: quién es la nación, qué Estado, qué mundo
CalibraciónEn identitarismo la distancia es de ciento diez puntos y el eje no es simétrico: el centro es el universalismo, un polo protege a las minorías y el otro a una mayoría. Aliança Catalana cae profundamente en el segundo: sostiene que la inmigración amenaza la cultura receptora, rechaza las cuotas de paridad y el lenguaje inclusivo, y no reconoce derechos colectivos a grupos discriminados salvo las excepciones que ella misma define. El PNV cae del lado contrario, el de las minorías protegidas, y responde lo opuesto en las cuatro preguntas donde divergen.
En régimen la distancia es de ciento cuarenta y cinco puntos, la mayor de las nueve del par: no coinciden en ninguna de las cuatro preguntas. El PNV sostiene que la monarquía debe preservarse, que el sistema institucional no debe sustituirse, que la Constitución sigue funcionando y que las élites no han traicionado a los ciudadanos: la misma posición que PP y PSOE. Aliança Catalana responde lo contrario en las cuatro: quiere sustituir el sistema, niega que la Constitución funcione y sostiene que las élites deben ser desalojadas en bloque.
En internacional la distancia es de ciento quince puntos y también aquí el desacuerdo es total: el PNV es europeísta sin matices y favorable a regularizar a los inmigrantes con arraigo; Aliança Catalana prioriza la soberanía por encima de cualquier marco supranacional y quiere reforzar fronteras. Son las tres distancias que de verdad separan al par: quién cuenta como parte de la nación, qué hacer con el Estado que la contiene y cómo mirar a lo que queda fuera.
La conclusión incomoda a los dos lados. Aliança Catalana comparte más con el PNV democristiano, con una afinidad de sesenta y tres, que con Esquerra Republicana, el otro independentismo catalán, con sesenta: el territorio no es el eje que más pesa. Al PNV le toca explicar por qué su continuismo institucional lo acerca más al bloque constitucional español que a un vecino nacionalista que quiere derribarlo todo; a Aliança Catalana, por qué su etnonacionalismo se parece más en estructura al que rechaza como amenaza que al nacionalismo vasco con el que comparte fe y mercado. Comparten techo religioso y laboral; discrepan en quién es la nación y en qué régimen debe gobernarla.
