El análisis
El no al 78 los une; la nación, nunca
EH Bildu y Falange Española de las JONS coinciden en las cuatro preguntas del eje de régimen y se acercan en economía tanto como Bildu se acerca a Sumar o a Núcleo Nacional: cinco puntos, y a nadie más. El territorio los separa ciento ochenta y ocho, la distancia máxima que Bildu registra con cualquiera de los otros dieciséis, y la afinidad general se queda en un cuarenta y uno por ciento.
01Cuarenta y uno por ciento, y un mapa desigual
CalibraciónLa afinidad entre EH Bildu y Falange Española de las JONS es del cuarenta y uno por ciento: trece coincidencias de cuarenta y dos preguntas, veintinueve divergencias. Dentro de las dieciséis comparaciones de Bildu, solo Vox iguala esa cifra; Núcleo Nacional queda a un punto, en cuarenta y dos. Los tres ocupan el fondo de la tabla por motivos distintos.
El reparto por ejes es desigual. El territorial marca ciento ochenta y ocho, el mayor de los nueve; le siguen religión con ciento cincuenta y cinco, identidad con ciento cuarenta y cinco, tradición con ciento veinticinco y libertad civil con ciento veintitrés. Internacional queda en ciento quince y expresión en cuarenta. En el extremo opuesto están régimen, con quince, y economía, con solo cinco.
Esa distribución no es un desacuerdo parejo: son dos bloques que se comportan de forma distinta. En siete de los nueve ejes el patrón es el esperable entre un nacionalismo vasco de izquierda y una doctrina nacional-sindicalista española. En los otros dos, régimen y economía, el patrón se invierte, y ahí está el interés real del par.
02Dos noes al mismo pacto, por motivos contrarios
RegistroFalange Española de las JONS se inscribe en el registro de partidos en octubre de 1976, con Raimundo Fernández-Cuesta al frente: es, formalmente, el primer partido legalizado de la Transición, medio año antes de que el Movimiento del que procedía fuera disuelto por decreto en 1977. Nace, pues, antes que el pacto constitucional que luego impugnará: en el referéndum de 1978, corrientes de esa familia, junto con Fuerza Nueva, piden el no, por leer la nueva monarquía parlamentaria como ruptura con el orden anterior.
Herri Batasuna, antecedente de la actual izquierda abertzale, se constituye ese mismo 1978 con el objetivo explícito de pedir el no en ese referéndum: no por añorar el régimen que la Constitución sustituía, sino por juzgar insuficiente el autogobierno ofrecido y por no reconocer legitimidad a un proceso que dejaba fuera a su espacio político. Décadas después, tras el final de la actividad armada de ETA, ese espacio se reorganiza y asume las vías exclusivamente políticas bajo la marca EH Bildu, en 2012.
Dos corrientes que nacen o se rehacen a caballo del mismo pacto y lo rechazan desde extremos contrarios: una teme perder la autoridad estatal que el franquismo garantizaba; la otra exige más autogobierno del que la Constitución concede. Medio siglo después, esa doble negativa de origen sigue casi intacta: acuerdo total en las cuatro preguntas del eje de régimen.
03Régimen: acuerdo total, destino distinto
CalibraciónEn régimen, Bildu puntúa menos ochenta y Falange menos noventa y cinco: quince puntos, y aun así coinciden en las cuatro preguntas del eje. Ninguno preservaría la monarquía parlamentaria, los dos sostienen que el régimen del 78 debería sustituirse, niegan que la Constitución funcione en lo esencial y afirman que las élites institucionales han traicionado a los ciudadanos.
Conviene fijarse en algo que la cifra sola no muestra: el eje con más acuerdo puntual no es el que marca menos distancia. Economía separa solo cinco puntos y aun así deja una divergencia; régimen separa quince y no deja ninguna. Proximidad en la puntuación y coincidencia en las respuestas concretas no siempre van juntas.
El acuerdo es sobre el rechazo, no sobre el remedio. Bildu proyecta la ruptura hacia la autodeterminación vasca dentro de un marco republicano; Falange, hacia un Estado nacional-sindicalista unitario que no reconoce naciones dentro de España, justo lo contrario de lo que Bildu entiende por autogobierno. Firman las mismas cuatro respuestas y describen dos países distintos al otro lado de ellas.
04Economía: el eje que rompe el patrón
CalibraciónEn economía, Bildu marca menos setenta y Falange menos setenta y cinco: cinco puntos, igual que separa a Bildu de Sumar y de Núcleo Nacional, y menos que con cualquiera de los otros trece partidos. De ocho preguntas coinciden en siete: rechazan bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y apoyan los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, subir el salario mínimo, blindar las pensiones por reparto y la sanidad exclusivamente pública.
La única divergencia es la renta básica universal, que Bildu respalda y Falange rechaza. No es que a la doctrina nacional-sindicalista le parezca excesivo el gasto público, que defiende en las otras siete preguntas: es que no concibe una transferencia individual incondicionada, sino canales corporativos y familiares ligados al trabajo encuadrado.
No es coincidencia casual sino la herradura que el propio test documenta: el nacional-sindicalismo es anticapitalista por raíces jerárquicas y corporativas, no igualitarias, y ese anticapitalismo lo acerca en la práctica a la izquierda anticapitalista, no a la derecha liberal. Es una observación sobre posiciones concretas, no una equivalencia moral entre dos proyectos que en todo lo demás ocupan polos contrarios.
05Territorio e identidad: el techo del desacuerdo
CalibraciónEn territorio, Bildu puntúa noventa, el polo del autogobierno, y Falange menos noventa y ocho, el más centralista del test: ciento ochenta y ocho puntos, el máximo de los nueve ejes en este par y el máximo que Bildu registra con cualquiera de los dieciséis, empatado con Núcleo. No coinciden en ninguna de las cuatro preguntas: si Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir, si España debería federalizarse, si el castellano debe ser vehicular por ley, si conviene recentralizar competencias.
En identidad, Bildu se sitúa en cincuenta, del lado de las minorías, y Falange en menos noventa y cinco, del lado de la mayoría étnica: ciento cuarenta y cinco puntos que no miden dos grados del mismo identitarismo, sino los dos polos opuestos de un eje cuyo centro es el universalismo. Bildu respalda cuotas de paridad, lenguaje inclusivo y derechos colectivos de grupos discriminados, y no fija postura sobre priorizar a los españoles, pues su sujeto político no lo es, igual que Esquerra o Junts; Falange invierte esas seis respuestas.
Religión y libertad civil cierran el cuadro con ciento cincuenta y cinco y ciento veintitrés puntos, sin coincidencia alguna en las ocho preguntas de ambos ejes. Solo la expresión matiza el bloque: los dos rechazan que ninguna opinión deba ser delito, es decir, los dos perseguirían alguna, pero catálogos opuestos; Bildu defiende las leyes contra el discurso de odio y quiere retirar del código penal las ofensas a la Corona, Falange sostiene lo contrario en ambas.
El par incomoda a los dos lados. A Bildu le corresponde explicar que su distancia económica mínima con cualquier partido la comparte con la doctrina nacional-sindicalista original, y que su acuerdo pleno en régimen lo firma junto a una formación que no reconoce como nación a ninguno de los territorios cuyo autogobierno defiende. A Falange, que ese mismo acuerdo lo alcanza con la izquierda independentista vasca a la que su identitarismo etnonacional disputa el territorio, el eje donde ambas quedan más lejos que con nadie. El test no los junta: registra que en dos ejes contestan casi lo mismo por caminos que no se cruzan en ningún otro punto.
