El análisis
Cuarenta puntos de distancia en identidad no generan ni una discrepancia; los cuarenta y cinco en Europa, sí
Coinciden en cuarenta de las cuarenta y dos afirmaciones del test: es el decimocuarto par más afín de los ciento treinta y seis posibles. Su única discrepancia real vive en el eje internacional, la mayor distancia de los nueve entre ambos y la única que cruza el cero.
01Dos corrientes marxistas de los sesenta, dos rutas hasta las urnas
RegistroLa Unión do Povo Galego nace en 1964 como frente y se hace partido dos años después, con una lectura marxista-leninista que leía Galicia como nación proletaria cercana a los movimientos de liberación del Tercer Mundo, no a la socialdemocracia europea. Impulsa sucesivos frentes hasta desembocar, casi dos décadas después, en el Bloque Nacionalista Galego: coalición de organizaciones desde el origen, no partido único.
En Catalunya, la escisión que en 1968 da lugar al Partit Socialista d'Alliberament Nacional dels Països Catalans parte de una premisa parecida a otra escala: lucha de clases e independencia nacional indisociables, y una nación a liberar que no es solo Catalunya sino el conjunto de los Països Catalans, con el País Valencià y las Illes Balears incluidos. El PSAN se fragmenta varias veces en la década siguiente, y de sus escisiones surgen corrientes que alimentan el ciclo municipalista del que acaba naciendo la CUP.
Comparten el mismo molde de origen (marxismo, liberación nacional, desconfianza hacia el Estado) pero recorren caminos institucionales opuestos. El Bloque se organiza desde el principio como coalición estable que negocia hacia dentro; la corriente catalana tarda más de cuarenta años en hallar una forma con continuidad, y la encuentra asamblearia y rotatoria, no federativa. Sesenta años después, ambas comparten el extremo intervencionista del test, aunque no en el mismo grado.
02El decimocuarto par más afín, y el club de las dos divergencias
CalibraciónLa afinidad entre la Candidatura y el Bloque es del ochenta y cinco por ciento: coinciden en cuarenta de las cuarenta y dos afirmaciones y solo divergen en dos. La cifra los sitúa decimocuartos entre los ciento treinta y seis pares posibles, justo detrás de Bildu con la CUP y delante de Esquerra con la CUP.
Las cuatro mejores afinidades de la Candidatura (Podemos, Bildu, el Bloque, Esquerra) se agrupan sin hueco entre el ochenta y siete y el ochenta y cuatro por ciento; la quinta, con Sumar, ya cae al ochenta. Para la Candidatura, la izquierda independentista y el nacionalismo periférico forman un bloque compacto y cerrado.
Solo cinco de los ciento treinta y seis pares del test se quedan en exactamente dos divergencias, y los cinco incluyen a la Candidatura o al Bloque: Sumar-Bloque, Podemos-Bloque, Esquerra-Candidatura, Bildu-Candidatura y este. Terminar casi de acuerdo, sin llegar a estarlo, es casi una firma de cualquiera de los dos.
03Cuarenta puntos en identidad, treinta y cinco en economía y en régimen: ni una discrepancia
CalibraciónEn economía, la Candidatura marca menos noventa, el valor más intervencionista de los diecisiete, y el Bloque menos cincuenta y cinco: treinta y cinco puntos que no impiden acuerdo en las ocho preguntas del eje. Los dos suben el salario mínimo, blindan las pensiones por reparto, imponen topes al alquiler y sostienen una sanidad exclusivamente pública.
En identidad la distancia sube a cuarenta puntos, la segunda mayor de las nueve tras la internacional, y tampoco deja discrepancia entre las seis preguntas del eje. Los dos respaldan cuotas y lenguaje inclusivo, reconocen derechos colectivos a los grupos discriminados, y ninguno fija postura sobre priorizar a los españoles, porque su sujeto político no lo es, igual que Esquerra, Junts o Bildu.
En régimen los separan treinta y cinco puntos: la Candidatura en menos ochenta y cinco, empatada con Aliança Catalana en el extremo rupturista, y el Bloque en menos cincuenta, el menos rupturista de los seis nacionalismos periféricos que rechazan el 78. Aun así las cuatro respuestas coinciden: ninguno preservaría la monarquía, los dos sustituirían el régimen, niegan que la Constitución funcione y firman que las élites han traicionado a los ciudadanos.
04Un escaño cedido y una abstención repetida: dos maneras de estar en Bruselas
RegistroEl Bloque llegó al Parlamento Europeo en coalición. En las europeas de 2009 concurrió junto a Esquerra y Aralar bajo la marca Europa de los Pueblos-Verdes, que logró un escaño rotatorio: lo ocupó primero Oriol Junqueras por Esquerra y, en enero de 2012, se lo cedió a la diputada del Bloque Ana Miranda, que lo mantuvo año y medio antes de pasarlo a Aralar. Es una manera de estar dentro pese a criticarla: turnándose el acta con otros nacionalismos sin Estado.
La Candidatura ha resuelto la misma pregunta al revés. En más de una convocatoria europea, tras semanas de asambleas abiertas, ha decidido no presentar candidatura, por considerar que la Unión Europea antepone la privatización de servicios y los intereses del capital a la legitimidad democrática. No se trata de perder unas elecciones: es negarse a disputarlas.
Las dos nacen de una misma desconfianza hacia la arquitectura comunitaria, pero se resuelven en direcciones contrarias: una entra a la institución para pelear representación gallega, aunque sea prestada; la otra se queda fuera para no legitimarla. Esa diferencia de método, más que de doctrina, es lo que el modelo registra como divergencia.
05Las dos preguntas que sí discrepan, y el ajuste que no es mutuo
CalibraciónEl internacional es el único de los nueve ejes que cambia de signo: la Candidatura marca menos cuarenta, soberanista, y el Bloque más cinco, apenas cosmopolita. Es también su mayor distancia, cuarenta y cinco puntos, y ahí caen las dos únicas divergencias: sobre si España gana más en la Unión de lo que pierde en soberanía, la Candidatura dice que no y el Bloque no se pronuncia; sobre si la soberanía nacional debe primar sobre lo supranacional, dice que sí donde el Bloque dice que no. Dos ángulos del mismo debate.
Las otras dos preguntas del eje coinciden: los dos regularizarían a quien lleva años trabajando en España y los dos rechazan blindar fronteras. La Candidatura necesita aquí una corrección expresa del modelo, porque su rechazo a la Unión arrastraría, sin corregir, una postura migratoria que no sostiene: su euroescepticismo es institucional, no identitario.
El ajuste, además, no es mutuo. Para la Candidatura, el Bloque es su tercera mejor afinidad, un punto por delante de Esquerra, su compañero catalán, que queda cuarto. Para el Bloque, la Candidatura ocupa el quinto lugar de sus dieciséis comparables, detrás de Bildu, Esquerra y el empate entre Sumar y Podemos: la geografía catalana pesa menos en su lista que en la que el Bloque le devuelve.
El resultado incomoda a los dos por razones distintas. A la Candidatura, que ha hecho de la ruptura con Bruselas una seña de identidad hasta no disputar esas elecciones, el test le señala que su tercera mejor afinidad, apenas por delante de Esquerra, ocupó un escaño en la institución que ella se niega a pisar. Al Bloque, que entró en el Parlamento Europeo prestándose el acta con otros nacionalismos sin Estado, el test le devuelve una jerarquía en la que la Candidatura, la más beligerante con esa institución, cae al quinto puesto de sus comparables. Y a ambos, que coincidan en cuarenta de cuarenta y dos preguntas, con cuarenta puntos de distancia en identidad y treinta y cinco en economía y régimen sin que ninguno ceda, y que el único desacuerdo real sea sobre la institución que uno ocupa por turnos y el otro rechaza disputar.
