El análisis
El territorio es su mayor distancia y no es lo que impide el pacto
Coinciden en las doce preguntas de economía y política exterior, sin una excepción, y divergen en las doce de religión, territorio y régimen, también sin una. De los ciento treinta y seis pares posibles, este es el único con ese reparto.
01Dos derechas que ya se necesitaron antes
RegistroAlianza Popular la funda en 1976 Manuel Fraga Iribarne, que había sido ministro de Franco, y de su refundación sale el Partido Popular. Convergència Democràtica de Catalunya viene de otro sitio: el partido de Jordi Pujol, que gobernó la Generalitat más de dos décadas desde un nacionalismo burgués, democristiano en lo social y liberal en lo económico.
Durante los años del turno esos dos troncos no se trataron como incompatibles. La Convergència de Pujol fue socio parlamentario de gobiernos en Madrid de los dos signos, a cambio de competencias y financiación, no de un cambio de régimen. Que la derecha española gobernase con apoyos nacionalistas no era una anomalía.
Lo que rompió esa normalidad fue el proceso soberanista. Junts es la refundación de aquel tronco tras el desgaste de la marca convergente y el giro al independentismo explícito, y la irrupción de un independentismo abiertamente etnonacional por su derecha ha endurecido después su discurso migratorio. Comparte genealogía con el socio de entonces, no su casilla.
02Doce respuestas idénticas sobre el dinero y las fronteras
CalibraciónEn economía no hay ni una divergencia en las ocho preguntas del eje. Los dos defienden bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y rechazan los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, subir el salario mínimo, blindar las pensiones por reparto, la sanidad exclusivamente pública y la renta básica. El PP puntúa cincuenta del lado del mercado y Junts veinticinco.
El internacional repite el patrón: cuatro de cuatro. Sostienen que España gana más en la Unión Europea de lo que pierde en soberanía, niegan que esta prime sobre los marcos supranacionales, callan sobre la regularización por arraigo y defienden reforzar las fronteras. Ahí aparece la asimetría más contraintuitiva: a la pregunta de si la inmigración a gran escala amenaza la cultura receptora, Junts responde que sí y el PP es el único de los diecisiete que no responde ni sí ni no. Firman la misma política de fronteras, no el marco que suele justificarla.
De los ciento treinta y seis pares, solo diez responden igual a las ocho preguntas económicas y a las cuatro internacionales, y los otros nueve son parejas de la misma familia: los dos falangistas, Vox y SALF, y siete de la izquierda estatal y plurinacional. Este es el único que cruza de bloque, y su sesenta y dos por ciento de afinidad lo deja en el puesto cincuenta y ocho: media tabla.
03El territorio es la constante, no la variable
CalibraciónEl eje territorial es la mayor distancia del par, ciento sesenta puntos, y divergen en sus cuatro preguntas. La cifra dice menos de lo que parece: es exactamente la misma que separa al PP de Esquerra Republicana, con quien su afinidad es catorce puntos menor, y treinta y cuatro pares del test tienen una distancia territorial mayor.
Con los siete partidos que el test coloca arriba en pluralismo territorial, el PP guarda distancias de entre ciento cuarenta y ciento sesenta y tres puntos, una banda de veintitrés; sus afinidades con esos mismos siete van del cuarenta y uno al setenta y uno por ciento, una banda de treinta. Lo que apenas se mueve no ordena lo que sí.
Lo demuestra el PNV: ciento cuarenta puntos de distancia territorial con el PP, veinte menos que Junts, y las mismas cuatro respuestas del eje. Y sin embargo es la afinidad más alta que el PP registra con un partido plurinacional, setenta y uno por ciento, por delante de Junts, Aliança Catalana, Esquerra, Bildu, el BNG y la CUP.
04El régimen, que es donde se decide
CalibraciónLa segunda distancia son ciento treinta puntos en el eje de régimen, y también aquí divergen en las cuatro preguntas. El PP sostiene que la monarquía parlamentaria debe preservarse, que la Constitución del 78 sigue funcionando, que el sistema institucional no debe sustituirse y que las élites del régimen no han traicionado a nadie. Junts responde lo contrario a las cuatro.
Ese eje resuelve la pregunta anterior. Solo cinco de los diecisiete quedan del lado continuista del 78, y el PP es el segundo más alto, tras Ciudadanos. El PNV es el único de los siete plurinacionales que está en ese lado, a quince puntos del PP. Ahí, y no en el mapa, está la diferencia entre el nacionalismo con el que la derecha española ha pactado y el que no.
Su rupturismo no es doctrinal sino derivado: no propone otro régimen español, propone no estar dentro de ninguno. El test lo sitúa a cincuenta y cinco puntos del polo rupturista, menos que Esquerra, Bildu, Aliança Catalana y la CUP: es el menos rupturista de los independentistas y aun así no comparte ni una casilla del eje.
05La religión invertida y los dos catálogos de la palabra
CalibraciónLa tercera distancia son setenta puntos en religión, con las cuatro preguntas divergentes y los papeles cambiados: el heredero de la democracia cristiana convergente cae del lado secular y el liberal-conservador español del confesional. El PP defiende la concertada religiosa con dinero público, los símbolos en edificios públicos y la asignatura con efectos académicos, y no eliminaría los privilegios de la Iglesia. Junts responde al revés en tres y calla sobre la concertada.
Su menor distancia de los nueve ejes está en libertad de expresión, diez puntos, y no es un elogio. Ninguno suscribe que una opinión no deba ser delito por su contenido y ninguno acepta que la regulación de medios y redes sea mínima: coinciden en la premisa y divergen en el catálogo. El PP conserva las penas por ofender a la corona, a los símbolos del Estado y a los sentimientos religiosos, y rechaza las leyes de odio; Junts hace lo inverso. Cada uno retira la protección penal de lo que no siente propio.
Una última observación sobre el instrumento: Junts necesita diez correcciones manuales sobre las cuarenta y dos afirmaciones, solo por detrás de Aliança Catalana, y es el de perfil más asimétrico de los diecisiete: cinco de sus nueve ejes quedan a quince puntos o menos del centro y ningún otro pasa de tres. Un partido cuya identidad cabe en un eje vota lo demás caso por caso.
El par incomoda a los dos lados. Quien en el PP presente a Junts como el socio inaceptable tiene que explicar doce coincidencias sobre impuestos, despido, alquiler, fortunas, pensiones, Unión Europea y fronteras, y una distancia territorial idéntica a la que mantiene con Esquerra y menor que la que mantiene con la CUP. Quien en Junts presente al PP como la derecha ajena tiene que explicar que el test lo sitúa más cerca de la CUP, de Podemos y de Sumar. Su incompatibilidad no está en el mapa: uno es propietario del régimen del 78 y el otro no quiere estar dentro de ninguno. Es un desacuerdo sobre el edificio, no sobre el reparto de las habitaciones, y ninguna financiación lo arregla.