El análisis
Coinciden en enterrar el 78; no coinciden en qué nación lo sustituye
Coinciden en las ocho preguntas económicas, en las cuatro de régimen y en las cuatro de religión: dieciséis de dieciséis en los tres bloques donde el test permite el pleno. Pero en identidad, territorio y mundo, los ejes que preguntan quién es el sujeto político, no comparten ni una de las catorce respuestas, y el territorial, ciento setenta puntos, es la mayor distancia del par.
01Dieciocho coincidencias y un reparto que no es casual
CalibraciónLa afinidad entre ERC y Frente Obrero es del cincuenta y nueve por ciento, y coinciden en dieciocho de las cuarenta y dos afirmaciones: ocho económicas, cuatro religiosas, cuatro de régimen y dos de expresión. El acuerdo se concentra en tres ejes y medio; las otras veinticuatro preguntas se responden en direcciones opuestas.
La economía ilustra que distancia y coincidencia miden cosas distintas. El eje separa treinta y tres puntos a ERC, en menos cincuenta y cinco, de Frente Obrero, en menos ochenta y ocho, y aun así comparten las ocho respuestas: rechazan bajar impuestos y flexibilizar el despido, y apoyan topes al alquiler, impuesto a fortunas, salario mínimo, pensiones por reparto, sanidad pública y renta básica. Mismo signo, intensidad distinta.
En religión, veinticinco puntos de distancia y acuerdo en las cuatro preguntas: ninguno financiaría la concertada religiosa ni los privilegios fiscales de la Iglesia, ni símbolos religiosos en lo público ni la asignatura confesional con efectos académicos. En régimen, la segunda menor distancia, quince puntos, con el mismo pleno: ni monarquía ni Constitución vigente, sí a sustituir el sistema y sí a que sus élites han traicionado a los ciudadanos.
02Dos escisiones de la misma tradición marxista, en direcciones opuestas
RegistroEsquerra Republicana de Catalunya se funda en 1931, con Francesc Macià al frente, que ese mismo año proclama la República catalana. Lluís Companys, su sucesor en la Generalitat, es fusilado por el franquismo en 1940. El partido queda ilegalizado casi cuarenta años y se refunda en la Transición sobre la misma tradición: republicana, laica, de izquierdas, partidaria de una autodeterminación pactada con el Estado, no impuesta contra él.
Frente Obrero es una escisión mucho más reciente y de otro origen partidista. Su matriz, Reconstrucción Comunista, nace en 2009; de ella surge en 2018 un frente de masas que se inscribe como partido en 2019 y rompe con la organización madre en 2022, con Roberto Vaquero como rostro público. La tesis que lo sostiene es que sustituir a la clase trabajadora por identidades diversas fue un error estratégico de la izquierda: su republicanismo y su anticlericalismo comparten raíz marxista con ERC, pero la nación que reivindica es España, no una nación sin Estado.
Ahí se bifurcan dos genealogías con la misma matriz. ERC hereda un socialismo que entiende la nación catalana como sujeto colectivo con derecho a decidir, en pacto con Madrid y con Europa. Frente Obrero hereda un marxismo que entiende la nación española como el cuerpo que agrupa a la clase trabajadora, y para el que cualquier fragmentación territorial de esa clase es, por definición, una derrota.
03El régimen que comparten no cierra la brecha económica del bloque
CalibraciónEl acuerdo en régimen es completo, pero no implica cercanía general. ERC pertenece a un grupo de cinco pares donde un partido coincide con Frente Obrero en economía y régimen y diverge por completo en identidad, territorio y mundo: junto a ERC están Podemos, Sumar, Bildu y el BNG. La distancia económica de ERC, treinta y tres puntos, solo la iguala el BNG; Podemos es el más próximo, con tres, seguido de Sumar y Bildu.
El instrumento nota esa tensión en las correcciones manuales. ERC lleva dos: una en expresión, porque propuso eliminar del Código Penal las injurias a la Corona y a los sentimientos religiosos, y otra en identidad, porque su sujeto político no son los españoles. Frente Obrero necesita cinco, casi todas para corregir un vector que lo pintaría más autoritario de lo real: neutral en videovigilancia (autoritarismo de clase, no securitario), contrario a las leyes de odio, neutral en ofensas a la corona, memoria histórica y tauromaquia.
Esa asimetría se nota en la afinidad final: de los cinco socios de Frente Obrero, ERC registra la menor afinidad, cincuenta y nueve por ciento, frente al sesenta y cinco del BNG pese a empatar en distancia económica. La explicación está en los dos ejes que el reparto deja libres, tradición y religión: ahí ERC se aleja más que ninguno de sus otros cuatro compañeros, setenta y cinco puntos y veinticinco, los dos máximos del grupo.
04Las catorce preguntas de la nación, sin una coincidencia
CalibraciónEl territorio es la mayor de las nueve distancias del par, ciento setenta puntos, con las cuatro preguntas en sentido contrario: ERC sostiene que Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir y que España debería ser federal; Frente Obrero rechaza ambas cosas, defiende el castellano como lengua vehicular única y pide recentralizar. Es una distancia grande, no un récord: veinticuatro de los ciento treinta y seis pares registran una separación territorial mayor, con el máximo entre la CUP y Núcleo Nacional.
El eje identitario, noventa puntos y seis preguntas divergentes, exige la lectura que repite este test: el centro es el universalismo, y ERC se aleja hacia el polo que protege a las minorías, Frente Obrero hacia el que protege a la mayoría cultural, polos opuestos, no versiones de lo mismo. Una pregunta rompe el paralelismo con otras izquierdas estatales: priorizar a los ciudadanos españoles. Podemos, postmoderno y estatal, responde que no, en defensa del universalismo; ERC queda neutral, porque su sujeto no son los españoles.
En internacional, ciento quince puntos y cuatro de cuatro, el patrón se repite con otro nombre. ERC acepta que España gana más en la Unión Europea de lo que pierde en soberanía y apoya regularizar a los inmigrantes con arraigo; Frente Obrero antepone la soberanía nacional y quiere reforzar fronteras. El independentismo pactista necesita ese marco para negociar su encaje; el obrerismo nacional lo lee como el instrumento que diluye a la clase que dice defender.
05Un socio de bloque entre cinco, y el más alejado del grupo
CalibraciónLos cinco pares que comparten con Frente Obrero ese reparto, acuerdo íntegro en economía y régimen, desacuerdo íntegro en identidad, territorio y mundo, coinciden además en un dato exacto: los cinco comparten dieciocho de las cuarenta y dos afirmaciones, ni una más ni una menos. La cifra no depende del socio: depende del reparto de ejes que define al grupo.
Lo que varía es cómo se llega a esas dieciocho. Podemos, Sumar y Bildu se acercan a Frente Obrero también en tradición, religión y libertad civil, los ejes que el reparto deja libres; ERC es el que menos se acerca, en dos de ellos. Es coherente con su perfil: republicano, laicista y libertario en autonomía corporal, más lejos del conservadurismo obrero que las formaciones postmodernas o abertzales, culturalmente más próximas a Frente Obrero.
El caso catalán aporta algo que el par con Podemos, ya publicado, no muestra por sí solo: no basta con oponer clase e identidad para explicar el desacuerdo. Frente Obrero también riñe aquí con una izquierda que pone la nación en el centro de su proyecto, solo que es la nación equivocada. El desacuerdo no es entre quien cree en la nación y quien no: es entre dos naciones que se excluyen.
El resultado incomoda a los dos. ERC construye su proyecto sobre el derecho a decidir de una nación sin Estado y comparte con Frente Obrero el rechazo íntegro al 78, pero responde lo contrario en las catorce preguntas que definen esa nación y quién queda dentro. Frente Obrero sostiene que la clase antecede a la identidad, y aun así comparte programa y rechazo institucional con un partido cuyo horizonte, la fragmentación territorial, es la derrota que su propia doctrina denuncia. Coinciden en qué derribar; no en qué se levanta encima.
