El análisis
Los dos rupturistas más templados del test, y ahí se acaba el acuerdo
De cuarenta y dos afirmaciones coinciden en cuatro, y tres son las del régimen del 78. Su menor distancia de los nueve ejes es esa, diez puntos; la siguiente más pequeña es sesenta y cinco.
01Diez puntos de régimen, sesenta y cinco en lo siguiente
CalibraciónEn la ordenación de los diecisiete partidos por el eje de régimen, Sumar y Se Acabó La Fiesta son consecutivos: veinte puntos del lado rupturista el primero, treinta el segundo, nadie entre medias. Son los dos únicos de ese polo que no llegan a cincuenta puntos del centro. El hueco más ancho de la ordenación, cuarenta y cinco puntos, separa a Vox de Sumar: ahí está la frontera entre defender el edificio del 78 y sustituirlo.
De las cuatro preguntas del eje coinciden en tres. Ambos sostienen que el régimen institucional debería sustituirse por uno nuevo, niegan que la Constitución del 78 siga funcionando en lo esencial y firman que las élites del régimen traicionaron a los ciudadanos. Conviene medir cuánto distingue eso: la primera la suscriben doce de los diecisiete partidos, la segunda otros doce y la tercera trece. Son las respuestas mayoritarias del arco.
La cuarta, si la monarquía parlamentaria debe preservarse, es la única divergencia: Sumar responde que no y SALF no responde. Esa casilla está corregida a mano, igual que las otras tres. SALF es el único partido cuyas cuatro respuestas de régimen exigen corrección manual, porque su rupturismo no consta en programa alguno: se deduce de su práctica contra la Casa Real, no de una declaración republicana que no ha formulado.
02Ciento cuarenta y cinco puntos de identidad, que no es simetría
CalibraciónSu mayor desacuerdo es el identitario, y ese eje no es simétrico. Su centro no es la indiferencia sino el universalismo, la idea de que el Estado protege individuos y no colectivos, y desde ahí se sale en dos direcciones contrarias. Sumar puntúa setenta y cinco en la que protege a las minorías discriminadas y SALF setenta en la que protege a la mayoría cultural frente a su dilución.
Sumar defiende las cuotas legales de paridad, el lenguaje inclusivo oficial y los derechos colectivos de los grupos discriminados, y niega que la identidad cultural española necesite protección estatal, que la inmigración amenace a la cultura receptora o que haya que priorizar a los españoles en los servicios. SALF responde lo contrario en las seis preguntas. Ninguno ocupa el extremo de su polo: por delante de Sumar están Podemos y la CUP; por delante de SALF, Aliança Catalana, Vox, Núcleo Nacional y Falange Española.
Detrás vienen el territorio, ciento treinta y cinco puntos, la economía, ciento diez, y el internacional, ciento cinco, los tres sin una casilla común. Siete de los nueve ejes no producen ni una coincidencia: treinta y cuatro respuestas seguidas en direcciones opuestas. Ningún par de los ciento treinta y seis llega a ocho ejes limpios, así que este es de los más separados que el modelo admite.
03Dos llegadas recientes con la audiencia ya hecha
RegistroSumar nace en 2023 como plataforma impulsada por Yolanda Díaz, entonces vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo, para reagrupar bajo una marca nueva el espacio a la izquierda del PSOE. No es un partido clásico sino una confluencia cuyo linaje es más antiguo que la marca: Izquierda Unida se articuló en los años ochenta alrededor del Partido Comunista. La operación acabó en ruptura pública con Podemos, que dejó el grupo parlamentario común.
Se Acabó La Fiesta llega por un camino sin precedente en el arco español. Lo impulsa Luis Pérez Fernández, conocido como Alvise Pérez, que durante años construyó una audiencia grande en Telegram publicando filtraciones y denuncias de corrupción antes de que existiera el partido, y entra en las instituciones por las europeas de 2024. No hay escisión de una matriz ni implantación territorial previa: el canal precede a la organización y durante un tiempo hace de organización.
La simetría es estructural, no ideológica. Los dos reparan un déficit de representación en su propio flanco: uno desde el Consejo de Ministros, sosteniendo un espacio que se deshacía; el otro desde fuera del sistema de partidos, con la corrupción como bandera casi única. Que ocupen las dos posiciones más templadas del polo rupturista encaja con su edad: impugnar un edificio compromete menos cuando no se participó en levantarlo.
04La palabra, la única casilla que no es el régimen
CalibraciónLa cuarta coincidencia está en libertad de expresión, con sesenta y cinco puntos su segunda distancia más corta y la única donde quedan a lados distintos del cero. De los diecisiete partidos solo dos aparecen del lado positivo del eje: Ciudadanos, con sesenta puntos, y SALF, con veinticinco. Son también los dos únicos que responden en el sentido de la libertad en las cuatro preguntas; el resto lo hace en una, salvo Aliança Catalana, que llega a dos.
La casilla compartida es la tercera: ninguno mantiene las penas por ofender a los símbolos del Estado, a la corona, a las fuerzas armadas o a los sentimientos religiosos. Solo cuatro partidos defienden ese catálogo, así que tampoco es una posición rara; lo distinto es el recorrido. Sumar pidió derogar las injurias a la Corona, la ley mordaza y la ofensa a sentimientos religiosos; SALF llega a la misma respuesta desde su práctica contra la Casa Real.
En las otras tres se cruzan enteros. Sumar quiere las leyes contra el discurso de odio hacia colectivos protegidos, no acepta que ninguna opinión quede fuera del código penal por su contenido y rechaza que la regulación de medios y redes sea mínima. Penar una opinión es coacción la ejerza quien la ejerza: Sumar derogaría el catálogo que protege al Estado y conservaría el que protege a los colectivos, que es la operación inversa a la del PP y Vox.
05El cuerpo, y el intercambio exacto de las dos libertades
CalibraciónEl eje de libertad civil los separa setenta y cinco puntos y produce cuatro divergencias, pero tres tienen otra forma. En el aborto como decisión exclusiva de la mujer, en la eutanasia como derecho amplio y en el despliegue de cámaras y reconocimiento facial, Sumar tiene posición y SALF no. No es una posición intermedia: es ausencia de posición documentada, y este test se calibra por acción legislativa, no por retórica.
Esas casillas vacías dicen tanto del estado de la información como del partido. Una formación reciente, sin gobierno ni voto parlamentario acumulado, ofrece menos materia calibrable: SALF suma cuatro respuestas neutras de las cuarenta y dos y Sumar ninguna. Conviene no rellenar el hueco por analogía. En economía SALF queda en treinta y cinco, por detrás del PP, de Vox, de Ciudadanos y de Aliança Catalana: su liberalismo económico no es el más marcado del arco.
Y ahí aparece el intercambio que define al par. Sumar queda en treinta y cinco del lado de la libertad en el cuerpo y en cuarenta del lado de la coacción en la palabra; SALF, en veinticinco del lado de la libertad en la palabra y en cuarenta del lado de la coacción en el cuerpo. Cada uno defiende una de las dos libertades que la tradición liberal considera inseparables, la de Locke y la de Mill, y acepta el castigo en la otra.
El par incomoda a las dos lecturas fáciles. Quien vea una herradura en la coincidencia sobre el régimen tiene en contra treinta y ocho divergencias de cuarenta y dos, siete ejes sin una casilla común y ciento cuarenta y cinco puntos de identidad en direcciones contrarias: compartir la puerta de salida no es compartir el destino. Quien crea que el rupturismo separa el sistema de la antipolítica debe explicar por qué las tres frases que ambos firman las suscriben doce y trece partidos de diecisiete, algunos con experiencia de gobierno. A Sumar le queda pendiente cómo se impugna el edificio del 78 desde el Consejo de Ministros; a SALF, qué pondría en su lugar, porque las cuatro casillas que lo sitúan en el polo rupturista han tenido que escribirse a mano.