El análisis
El radicalismo económico pesa más que la nación: la Candidatura prefiere a Bildu antes que a Esquerra
Coinciden en cuarenta de las cuarenta y dos afirmaciones del test y su único desacuerdo real es una misma pregunta sobre Europa formulada dos veces. Pero el ajuste no es mutuo: para la Candidatura, Bildu es casi tan afín como Podemos, mientras que para Bildu la Candidatura solo llega al quinto puesto de sus dieciséis comparativas, por detrás de otros tres nacionalismos periféricos.
01Una coalición construida por partes, una candidatura que se limita a sí misma
RegistroBildu no nace de un acto fundacional único sino de una suma. Sortu se constituye en 2011 para ocupar el espacio que había dejado la ilegalización de Batasuna bajo la Ley de Partidos de 2002, y todavía no había sido legalizado por el Tribunal Constitucional cuando la coalición Bildu concurrió por primera vez a las elecciones municipales y forales de ese mismo año, junto a Eusko Alkartasuna, Alternatiba y candidaturas independientes de la izquierda abertzale. La legalización de Sortu llegó en 2012, y desde entonces Euskal Herria Bildu funciona como el paraguas bajo el que conviven esas organizaciones.
La Candidatura d'Unitat Popular sigue el camino inverso. No es una coalición de partidos sino una confederación de asambleas locales que llevaba presentándose a comicios municipales catalanes desde los años ochenta, mucho antes de intentar el salto al Parlament, que logra en 2012. Desde entonces se rige por dos reglas que la distinguen de cualquier otra fuerza del test: sus representantes rotan el cargo en lugar de acumular legislaturas, y sus sueldos quedan topados por decisión de la propia militancia.
Una organización nace de unir partidos ya existentes bajo una marca común; la otra nace de negarse a que la representación se convierta en carrera. Los dos caminos, sin embargo, desembocan en el mismo cuadrante del test: el más intervencionista en economía, el más rupturista con el régimen del 78 y el más favorable al autogobierno territorial de los diecisiete partidos.
02Cuarenta de cuarenta y dos, y solo una pregunta repetida
CalibraciónLa afinidad entre Bildu y la Candidatura es del ochenta y seis por ciento, la decimotercera más alta de los ciento treinta y seis pares posibles del test. De las cuarenta y dos afirmaciones ideológicas coinciden en cuarenta; solo divergen en dos, y las dos pertenecen al mismo eje, el internacional.
Las dos divergencias son, en realidad, la misma pregunta hecha dos veces con el signo cambiado. Bildu sostiene que España gana más perteneciendo a la Unión Europea de lo que pierde en soberanía, y la Candidatura lo niega; Bildu rechaza que la soberanía nacional deba primar sobre los marcos supranacionales, y la Candidatura lo defiende. Es una sola discrepancia, formulada dos veces, sobre la relación con Bruselas.
Solo cinco de los ciento treinta y seis pares del test se quedan en exactamente dos divergencias, y este es uno de ellos. En los otros ocho ejes, sobre cuarenta preguntas, la coincidencia es total: ni una sola respuesta distinta en economía, tradición, religión, libertad civil, libertad de expresión, identidad, territorio o régimen.
03El suelo compartido: economía, territorio y régimen
CalibraciónEn economía los separan veinte puntos, pero los dos quedan del mismo lado del eje y responden igual a las ocho preguntas: la Candidatura marca noventa, el valor más intervencionista de los diecisiete partidos del test, y Bildu setenta. Coinciden en subir el salario mínimo, blindar las pensiones públicas, imponer topes al alquiler y sostener una sanidad exclusivamente pública, entre otras.
En régimen la distancia se reduce a cinco puntos, cerca del suelo del test en ese eje aunque no es el único par que llega tan bajo: cinco de los ciento treinta y seis alcanzan distancia cero. Los dos rechazan la monarquía parlamentaria, quieren sustituir el régimen del 78 y sostienen que sus élites lo han traicionado, en las cuatro preguntas sin excepción.
El territorio es el caso más extremo. Los separan solo ocho puntos, muy por debajo de la media del test en ese eje, que ronda los noventa, y la Candidatura marca noventa y ocho, la posición más plurinacional de los diecisiete; Bildu queda en noventa. Los dos sostienen que Cataluña, País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir, que España debería ser un Estado federal, y rechazan tanto imponer el castellano como lengua vehicular como recentralizar competencias.
04Europa, la única grieta, y lo que no es
CalibraciónEl internacional es el único de los nueve ejes que cambia de signo: Bildu queda en veinticinco, del lado cosmopolita, y la Candidatura en cuarenta, del soberanista. Sesenta y cinco puntos es su mayor distancia, aunque no es un caso raro en el test: en otros once pares de los ciento treinta y seis, el eje internacional es también el que marca su mayor desacuerdo.
Conviene precisar qué mide y qué no mide ese vector, porque mezcla dos discusiones distintas: la relación con la Unión Europea y la política migratoria. El rechazo de la Candidatura a la arquitectura comunitaria, hasta el punto de no concurrir a las elecciones europeas por considerarla antidemocrática, no se traduce en cerrazón hacia el inmigrante: dos de las cuatro preguntas del eje, las que preguntan por regularizar a quien lleva años trabajando en España y por reforzar las fronteras, necesitan una corrección manual del modelo para que el euroescepticismo no arrastre también la respuesta migratoria.
Con esa corrección aplicada, Bildu y la Candidatura coinciden en las dos preguntas migratorias: los dos regularizarían y los dos rechazan blindar fronteras. El desacuerdo entero, por tanto, es institucional y no social: se discute la Unión, no al inmigrante.
05El ajuste no es mutuo
CalibraciónLa afinidad no coloca a los dos partidos en el mismo lugar de su propia lista. Para la Candidatura, Bildu es la segunda opción de sus dieciséis comparativas posibles, a un solo punto de Podemos, que encabeza con un ochenta y siete por ciento. Para Bildu, en cambio, la Candidatura ocupa el quinto puesto de sus dieciséis, por detrás de Esquerra, el Bloque Nacionalista Galego, Podemos y Sumar.
Lo más señalado no es esa distancia sino a quién deja atrás. Esquerra, el otro independentismo catalán y el compañero de nación más directo que tiene la Candidatura, es apenas su cuarta opción, con un ochenta y cuatro por ciento, por detrás de Bildu y del Bloque, dos formaciones de otra nación. Y no es por el territorio: en ese eje, Esquerra y Junts son, empatados, los socios más próximos a la Candidatura de los dieciséis, con solo tres puntos de distancia, frente a los ocho de Bildu y los dieciocho del Bloque.
Lo que empuja a Esquerra hacia abajo en esa lista es otra cosa. En economía la separan treinta y cinco puntos de la Candidatura, frente a los veinte de Bildu; en régimen, quince frente a cinco. En el mapa de afinidades de la Candidatura, la intensidad económica y antisistema pesa más que compartir nación; en el de Bildu, en cambio, sus cuatro comparativas más afines son con Esquerra, el Bloque, Podemos y Sumar, en ese orden, y la Candidatura queda quinta: el parentesco geográfico se mantiene donde en la Candidatura se rompe.
El resultado incomoda a los dos por razones distintas. A la Candidatura, que se define ante todo por la nación que reivindica, el test le devuelve un mapa en el que su compañero de independentismo catalán queda cuarto, por detrás de dos formaciones de otra lengua y otro territorio: lo que más pesa en su afinidad no es a quién apoya sino cuánto Estado quiere desmontar. A Bildu, que comparte con la Candidatura el techo económico y el rechazo casi total al régimen del 78, el test le devuelve una jerarquía en la que la geografía sigue ordenando su lista de afines por delante de la intensidad ideológica. Ambos coinciden en casi todo lo que se les pregunta y discrepan en un solo asunto, Europa; lo que el test no puede resolver es si esa coincidencia habla de un programa compartido o de dos nacionalismos que, medidos por los mismos nueve ejes, simplemente no tenían dónde diferir.
