El análisis
Empatan en economía por motivos irreconciliables
Sumar y Falange Española de las JONS puntúan exactamente igual en el eje económico y responden lo mismo en las cuatro preguntas sobre el régimen del 78. Fuera de ahí la afinidad cae al treinta y nueve por ciento y el eje identitario los separa ciento setenta puntos entre polos opuestos.
01Setenta y cinco de setenta y cinco
CalibraciónEn economía los dos puntúan exactamente setenta y cinco del lado intervencionista: distancia cero, y no es trivial. Solo cinco de los ciento treinta y seis pares posibles llegan a esa distancia exacta. De ocho preguntas coinciden en siete: rechazan bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y apoyan los topes al alquiler, el impuesto a las fortunas, subir el salario mínimo, blindar las pensiones por reparto y la sanidad exclusivamente pública.
La octava pregunta desmiente el empate. Sumar defiende la renta básica universal ante la destrucción de empleo por automatización; Falange la rechaza, y no por prudencia fiscal: el nacional-sindicalismo no concibe transferencias incondicionadas al individuo, sino salario familiar y encuadramiento sindical bajo tutela del Estado. No le parece demasiado gasto: es la forma equivocada de gasto.
Ahí está la trampa que conviene desactivar primero: compartir coordenada no es compartir doctrina. El anticapitalismo de Sumar es redistributivo y sindical dentro de un marco democrático plural; el de Falange es organicista y jerárquico, conserva la propiedad privada como función al servicio de la nación y no busca ganar la lucha de clases sino abolirla por decreto. Llegan al mismo punto por caminos que no vuelven a cruzarse.
02Una coalición de 2023 y una doctrina de 1933
RegistroSumar se lanza como plataforma de Yolanda Díaz, ministra de Trabajo procedente de Izquierda Unida, para reagrupar el espacio a la izquierda del PSOE tras la retirada de Pablo Iglesias, que la señaló como sucesora. Es una coalición montada en pocos años, tensionada por disputar electorado y aparato a Podemos, del que terminó separándose en el grupo parlamentario.
Falange Española la funda José Antonio Primo de Rivera en octubre de 1933; meses después se fusiona con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista de Ledesma Ramos y Onésimo Redondo, y su norma condena a la vez capitalismo y marxismo. José Antonio es fusilado en 1936; en 1937 el decreto de unificación de Franco absorbe a falangistas y carlistas en un partido único, y con el giro tecnocrático del franquismo tardío la parte económica del programa queda archivada.
Disuelto el Movimiento en 1977, el espacio falangista se fragmentó en organizaciones que reivindican el mismo emblema, sin resultado electoral que arbitre la sucesión. Falange Española de las JONS es una de esas siglas. Dos historias que no se parecen: una es disputa de liderazgo dentro de una izquierda de gobierno de menos de cinco años; la otra, disputa de herencia sobre un texto de hace noventa.
03Los mismos cuatro noes, setenta y cinco puntos de distancia
CalibraciónEn régimen coinciden en las cuatro preguntas: ninguno cree que la monarquía deba preservarse, los dos quieren sustituir el 78, los dos niegan que la Constitución siga funcionando y los dos afirman que las élites institucionales han traicionado a los ciudadanos. Pleno de cuatro sobre cuatro, y aun así la distancia en el eje es de setenta y cinco puntos: Sumar se queda en veinte y Falange se va a noventa y cinco.
Una hoja binaria no mide cuánto organiza esa posición el resto de la política de cada uno. Sumar sostiene la crítica al 78 mientras ocupa ministerios de ese régimen y negocia dentro de sus reglas. Falange no tiene esa ambigüedad: su doctrina rechaza el sistema de partidos, así que concurrir a elecciones bajo siglas propias es ya, en su propia lógica, una concesión al marco que dice combatir.
Es la misma razón por la que el test separa tradición y régimen en dos ejes. Falange es de las formaciones culturalmente más tradicionalistas del test y a la vez de las más rupturistas con el 78: no son monárquicos parlamentarios, quieren otro Estado. Conservar costumbres y defender el andamiaje institucional del 78 son operaciones distintas, y este par lo ilustra bien.
04Veinte puntos, dos catálogos opuestos de lo punible
CalibraciónEn libertad de expresión la distancia es de solo veinte puntos, la segunda menor del par. Y otra vez el número engaña: los dos rechazan que ninguna opinión deba ser nunca delito por su contenido, y los dos se oponen a que la regulación estatal sobre medios y redes sea mínima. Ninguno es liberal en este eje; discrepan en qué discurso perseguir, no en si perseguirlo.
Sumar defiende las leyes contra el discurso de odio hacia colectivos protegidos y quiere derogar los delitos que protegen a la corona, a las fuerzas armadas y a los sentimientos religiosos, en línea con su campaña por sacar del Código Penal la injuria a la Corona. Falange responde al revés: rechaza esas leyes de odio, que lee como dispositivo del régimen del 78, y mantiene los tipos que protegen símbolos, corona y sentimiento religioso.
Es el eje de autoridad en estado puro: penar una opinión por su contenido no es vicio de un solo lado, y aquí cada partido aporta su catálogo, orientado en sentido contrario. Veinte puntos no miden cercanía a la libertad de expresión: miden que están casi igual de lejos de ella, cada uno hacia su propio enemigo.
05Ciento setenta puntos, y no es la misma cosa
CalibraciónEl eje identitario no tiene dos grados de una misma postura: tiene centro universalista y dos polos opuestos, minorías a un lado, mayoría al otro. Sumar está en setenta y cinco del primero, Falange en noventa y cinco del segundo: ciento setenta sobre doscientos posibles, sin una respuesta compartida en seis preguntas. Sumar apoya cuotas, lenguaje inclusivo y derechos colectivos de grupos discriminados; Falange defiende lo contrario, proteger la identidad cultural española y priorizar a los españoles. No son identitarismos parecidos: confundirlos borraría lo que el eje mide.
El resto de ejes acompaña. En territorio, ciento cincuenta y tres puntos entre la plurinacionalidad de Sumar, que reconoce naciones dentro de España y aceptaría un Estado federal, y el centralismo de Falange, que recentraliza competencias y blinda el castellano como lengua vehicular única. En religión, ciento cincuenta puntos: concertada, privilegios de la Iglesia, símbolos en lo público y asignatura confesional, las cuatro divergentes.
En tradición, ciento treinta y cinco puntos: Falange defiende familia tradicional, tauromaquia y costumbres heredadas; solo se invierte en memoria histórica, que Sumar quiere como política de Estado. En internacional, ciento treinta y cinco también: europeísmo y regularización frente a soberanismo antiUE y blindaje de fronteras. En libertad civil, ciento treinta y tres: Sumar libertario en aborto, eutanasia y drogas pero contrario a más videovigilancia, Falange lo opuesto en las cuatro. Fuera de economía y régimen, no comparten nada que el test sepa medir.
La afinidad final es del treinta y nueve por ciento, entre las más bajas de los ciento treinta y seis pares del test: trece coincidencias de cuarenta y dos afirmaciones, veintinueve divergencias. A los votantes de Sumar les incomoda compartir casilla, en el impuesto a las fortunas y el rechazo a la monarquía, con un partido nacional-sindicalista; a los de Falange, que su anticapitalismo aterrice en el mismo punto que la izquierda reformista a la que dicen combatir. Ninguna de las dos cosas es un error del modelo: es lo que ocurre cuando dos doctrinas sin premisas comunes cruzan, por caminos opuestos, el mismo punto.
