El análisis
La España plurinacional los une; el régimen que tendría que reconocerla los parte en dos
Su menor distancia de los nueve ejes es la territorial, diez puntos, y coinciden en las cuatro preguntas del eje. La mayor es la del régimen, ciento quince, y no coinciden en ninguna de las cuatro.
01Un partido de 1895 y otro de 2014
RegistroEl PNV lo funda Sabino Arana en Bilbao en 1895 sobre una base católica y foralista que deriva en democracia cristiana. Ha presidido el Gobierno vasco casi toda la etapa autonómica. No respaldó la Constitución de 1978, defendió la abstención en el referéndum y ancla su autogobierno en un título foral anterior al texto.
Podemos nace en 2014 del ciclo abierto por el 15-M, impulsado por profesores universitarios con Pablo Iglesias como cara visible. Su diagnóstico fundacional era que el régimen del 78 y su sistema de partidos estaban agotados. Entró deprisa en las instituciones, acabó en un gobierno de coalición con el PSOE y después llegaron las escisiones, la de Íñigo Errejón y la ruptura con Sumar.
El método de cada uno es el contrario del otro. El PNV ha sostenido investiduras y presupuestos de los dos partidos del turno, incluida la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy días después de aprobarle las cuentas. Podemos levantó su identidad sobre la negativa a esa clase de transacción y terminó gobernando dentro del edificio que quería sustituir.
02Cuatro preguntas territoriales, cuatro coincidencias
CalibraciónEl territorial es la menor distancia del par, diez puntos, y no hay una sola divergencia: naciones con derecho a decidir, Estado federal, ninguna imposición del castellano como lengua vehicular y ninguna recentralización. El detalle importa: el PNV queda en setenta y cinco y Podemos en sesenta y cinco, o sea que está más lejos del centro el nacionalista vasco.
El internacional repite el patrón, treinta y cinco puntos y otro pleno: Unión Europea, ningún soberanismo frente a los marcos supranacionales, regularización de los inmigrantes con arraigo y ninguna frontera blindada. También aquí el PNV está más lejos, cincuenta y cinco frente a veinte: su europeísmo es sin matices y el de Podemos convive con su rechazo a la OTAN.
De los dieciséis restantes solo cuatro coinciden con Podemos en las ocho preguntas de esos dos ejes: Sumar, Esquerra, EH Bildu y el PNV. Los tres primeros son sus socios habituales; el cuarto es una democracia cristiana confesional, y el único continuista del régimen.
03Ciento quince puntos sobre las reglas del juego
CalibraciónEl régimen es el mayor desacuerdo del par y divergen las cuatro preguntas. El PNV sostiene que la monarquía parlamentaria debe preservarse, que la Constitución sigue funcionando, que el sistema institucional no debe sustituirse y que las élites del 78 no han traicionado a nadie. Podemos responde lo contrario a las cuatro: no discuten qué políticas caben en el marco, discuten el marco.
Ese corte ordena el par entero: los dos quieren un Estado plurinacional, uno dentro del 78 y el otro fuera. Solo cinco de los diecisiete partidos quedan del lado continuista, y el PNV es el segundo por margen más estrecho, sesenta, tras Vox. Podemos diverge en las cuatro con el PP, el PSOE, Ciudadanos y el PNV; con Vox comparte una, la de las élites que han traicionado a los ciudadanos.
La incoherencia es de los dos. El continuista pidió la abstención en el referéndum constitucional y ancla su autogobierno en un título anterior al texto: sostiene el marco mientras le rinda autogobierno. Y el rupturista es, de los doce de ese polo, apenas el cuarto menos alejado del centro, por detrás de Esquerra, EH Bildu, la CUP, Frente Obrero, Núcleo y Falange. Uno defiende un edificio que nunca firmó; el otro ha ocupado ministerios del que quiere derribar.
04La empresa, la parroquia y la costumbre
CalibraciónEn economía los separan noventa y cinco puntos, la segunda mayor distancia, y divergen siete de las ocho. El PNV apoya bajar los impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y rechaza subir el salario mínimo, mantener las pensiones íntegramente por reparto, la sanidad exclusivamente pública y la renta básica; sobre los topes al alquiler no se pronuncia. La única coincidencia es el impuesto a las grandes fortunas, que el PNV votó a favor y aplica en Euskadi.
Conviene medir la intensidad, no solo la dirección. El PNV pisa el polo de mercado por el margen más estrecho de los siete que lo ocupan, diez puntos, y el confesional por el más estrecho de los siete de ese polo, veinte. Podemos es el tercero más intervencionista de los diez de su lado y queda en menos sesenta y cinco en religión. La distancia la produce sobre todo un extremo, no dos.
En religión el pleno de divergencias es completo: concertada de orientación religiosa, privilegios de la Iglesia, símbolos religiosos en edificios públicos y religión con efectos académicos. En costumbres, lo mismo: modelo familiar de referencia, tauromaquia y tradiciones heredadas de un lado; memoria histórica como política de Estado del otro. La vieja cuestión confesional española reaparece intacta dentro de un acuerdo territorial sin fisuras.
05El cuerpo, la identidad y la palabra
CalibraciónEn libertad civil coinciden en tres de las cuatro: aborto como decisión exclusiva de la mujer, eutanasia como derecho amplio y consumo adulto de drogas fuera del alcance penal. El PNV llega ahí tras una recalibración: su etiqueta democristiana lo situaba del lado de la coacción y su voto real lo movió. La cuarta no es un choque sino un silencio: Podemos rechaza ampliar cámaras y reconocimiento facial y el PNV no se pronuncia.
En identitarismo coinciden en cinco de las seis, y el eje no es simétrico: su centro es el universalismo. Los dos están del lado de las minorías protegidas, Podemos en ochenta y cinco, el máximo del test en ese polo, y el PNV en treinta y cinco, porque entre los grupos a reconocer figuran las naciones sin Estado. Comparten cuotas, lenguaje inclusivo y derechos colectivos, y niegan que la identidad cultural española deba blindarse o que la inmigración la amenace. La sexta no es un choque sino un desajuste de sujeto: el modelo deja al PNV sin postura sobre priorizar a los ciudadanos españoles, porque los españoles no son su demos.
El acuerdo más incómodo está en la expresión, donde coinciden en las cuatro. Ninguno suscribe que ninguna opinión deba ser delito por su contenido, algo que en todo el test solo firman Ciudadanos y Se Acabó La Fiesta; los dos ven necesarias las leyes sobre discurso de odio; los dos rechazan los tipos que castigan las ofensas a la corona y a los símbolos del Estado; y ninguno acepta que la regulación de medios y redes sea mínima. Mismo catálogo de opiniones punibles y misma premisa: que hay cosas que no se pueden decir. El eje es simétrico y los caza a los dos.
La afinidad es del sesenta y seis por ciento y las cuarenta y dos afirmaciones se reparten en mitades exactas. A Podemos le obliga a explicar por qué coincide en más respuestas con una democracia cristiana confesional y de mercado que con Frente Obrero, con quien firma enteras las ocho económicas, las cuatro religiosas y las cuatro del régimen y aun así se queda en dieciocho. Al PNV, por qué el partido decidido a sustituir el marco del que cuelga su autogobierno le firma sin objeción el bloque entero de territorio, Europa y frontera. Sus dos listas de acuerdos no se solapan: con Frente Obrero comparte economía, religión y régimen; con el PNV, territorio, Europa, expresión, identidad y cuerpo. Para eso sirve tener nueve ejes y no uno: quien reduzca un partido a su posición económica se equivocará de aliado la mitad de las veces.