El análisis
El polo contrario de su identitarismo le queda más cerca que el PP
Sumar y Aliança Catalana marcan setenta y cinco puntos exactos a cada lado del cero identitario, la mayor distancia del par. Y aun así comparten dieciséis de las cuarenta y dos afirmaciones, cuatro veces las que Sumar comparte con el PP, y siete de las ocho preguntas sobre el Estado.
01Una plataforma de 2023 y una alcaldía del Ripollès
RegistroSumar nace en 2023 como plataforma impulsada por Yolanda Díaz, entonces vicepresidenta del Gobierno y ministra de Trabajo, para reagrupar el espacio a la izquierda del PSOE. No es un partido clásico sino una confluencia: Izquierda Unida, los comunes catalanes, Más Madrid y varias formaciones territoriales. Hereda el electorado de Unidas Podemos con menos impugnación del régimen y más gestión.
Aliança Catalana no procede de ninguno de los troncos del catalanismo, ni del convergente ni del republicano. La impulsa Sílvia Orriols desde la alcaldía de Ripoll y llega al Parlament en el hueco que dejó el proceso, con Catalunya Primer como marco: preferencia nacional para un sujeto sin Estado. Su familia europea es la identitaria, la de Alternative für Deutschland y Reconquête.
No compiten por el mismo votante, pero comparten cámara: los comunes son la pata catalana de Sumar, y las dos formaciones se encontraron del mismo lado en la votación del Parlament que agilizó la eutanasia. Ahí termina la coincidencia práctica. La doctrina plurinacional de Sumar ofrece un encaje negociado dentro del Estado; la premisa fundacional de ella es que dentro del Estado no hay precio.
02Setenta y cinco puntos a cada lado del cero
CalibraciónLa mayor distancia del par es la identitaria, ciento cincuenta puntos, y el eje no mide grados de una misma cosa: su centro es el universalismo y sus polos son contrarios, reconocimiento de las minorías frente a protección de la mayoría cultural. Quedan reflejados exactamente en el cero. Sumar es el tercero de su polo, tras Podemos y la CUP; ella, la cuarta del suyo, tras Núcleo Nacional, Falange y Vox.
De las seis preguntas del eje, solo tres son un sí contra un no. Sumar sostiene las cuotas legales de paridad por sexo y el lenguaje inclusivo en documentos oficiales, y ella rechaza las dos. Ella firma que la inmigración a gran escala amenaza la cultura del país receptor, que suscriben siete de los diecisiete, y Sumar lo niega.
Las otras tres no son lo que parecen. La única coincidencia es un artefacto: los dos niegan que el Estado proteja la identidad cultural española, Sumar por reformismo cultural y ella porque la tiene por la del adversario. Las dos restantes son silencios suyos, con corrección expresa del modelo: reconoce derechos colectivos a la nación catalana, al colectivo LGTBI y a las mujeres, no a las minorías étnicas no catalanas, y no prioriza a los españoles porque no los tiene por sujeto. Es la lista cerrada.
03Siete de las ocho preguntas sobre el Estado
CalibraciónEn régimen hacen pleno: ninguno preserva la monarquía parlamentaria, los dos quieren sustituir el sistema del 78, los dos niegan que la Constitución funcione en lo esencial y los dos sostienen que las élites del régimen traicionaron a los ciudadanos. En territorio coinciden en tres de cuatro. La octava casilla no es un desacuerdo sino un silencio: sobre el Estado federal ella queda neutral porque rechaza la premisa.
Conviene medir el pleno antes de celebrarlo. Sesenta y uno de los ciento treinta y seis pares firman igual las cuatro del régimen, y dos de ellas son posición mayoritaria del arco: doce quieren sustituir el sistema y trece sostienen la traición de las élites. El vector lo confirma: sesenta y cinco puntos donde no divergen ni una vez. Sumar es el rupturista más templado de los doce; ella marca ochenta y cinco, la cifra de la CUP y de Frente Obrero.
La comparación es lo que incomoda. De los diez partidos de ámbito estatal del test, solo Sumar y Podemos comparten con ella siete de esas ocho preguntas. El PP y Ciudadanos no le firman ninguna, Vox una y el PSOE dos. Sumar coincide con un partido etnonacional catalán en la arquitectura del poder más que el partido con el que gobierna.
04Dieciséis preguntas sin una sola casilla común
CalibraciónTres ejes se quedan a cero: las ocho de economía, las cuatro de religión y las cuatro de política internacional. Dieciséis afirmaciones seguidas en direcciones opuestas, exactamente tantas como las dieciséis que sí comparten. Ese bloque, y no el choque identitario, explica que la afinidad se quede en el cincuenta y seis por ciento, puesto ochenta y tres de ciento treinta y seis, por debajo de la mediana.
En economía los separan ciento treinta puntos. Ella puntúa cincuenta y cinco del lado del mercado, la cifra más alta de los diecisiete: suprime patrimonio y sucesiones, capitaliza parcialmente las pensiones y deroga el tope al alquiler. Sumar marca setenta y cinco del intervencionista, la misma cifra exacta que Falange Española. El reflejo que asocia ultranacionalismo con anticapitalismo describe al nacional-sindicalismo de Núcleo y de Falange, no a ella.
Los otros dos bloques son igual de limpios. En religión ella defiende la concertada religiosa, los símbolos en edificios públicos y la asignatura con efectos académicos, y no tocaría los privilegios de la Iglesia; Sumar responde al revés cuatro veces. En el internacional, Sumar afirma que España gana más en la Unión de lo que pierde en soberanía y regularizaría a quien lleva años trabajando aquí; ella queda veinte puntos más lejos de Bruselas que Vox.
05El cuerpo, la palabra y dos costumbres
CalibraciónEn libertad civil los separan quince puntos y coinciden en tres de las cuatro preguntas: aborto en plazos amplios, eutanasia y no persecución del consumo adulto de drogas. Ese veinte suyo no es liberalismo. Solo la eutanasia está anclada en un voto propio en el Parlament; el aborto y las drogas salen del arrastre del eje. Divergen en la vigilancia, que ella acepta con más Mossos y desalojos exprés: ahí queda con el PP, Vox, Núcleo y Falange.
La libertad de expresión es su menor distancia, cinco puntos, y no es un elogio: los dos del lado de la penalización, con solo Ciudadanos y SALF en el contrario. Coinciden en tres de cuatro y ninguna a favor de la palabra. Quince de los diecisiete rechazan que ninguna opinión pueda ser delito por su contenido, y esos mismos quince, que la regulación de medios y redes sea mínima.
La tercera es la misma casilla por motivos opuestos: los dos derogarían las penas por ofender a la corona y a los símbolos del Estado, Sumar porque impugna esos símbolos y ella porque son los del adversario, y a cambio pide tipificar el anticatalanismo como delito grave. Divergen en el discurso de odio, que Sumar sostiene. En costumbres comparten dos negativas poco previsibles: ninguno defiende la familia de padre, madre e hijos como modelo legal, porque ella apoya el matrimonio igualitario, y ninguno tiene la tauromaquia por patrimonio, porque ella propone abolirla.
El par incomoda a los dos. A Sumar, porque el partido que ocupa el negativo exacto de su coordenada identitaria le queda más cerca que el PP, cincuenta y seis por ciento contra cincuenta y cuatro, con dieciséis casillas comunes contra cuatro. Su arquitectura del Estado no filtra por quién cuenta como miembro de la nación. A Aliança Catalana, porque sus dos únicos socios de esa arquitectura entre los partidos españoles son Sumar y Podemos, mientras el PP y Ciudadanos, con los que comparte la economía y la Iglesia, no le firman ni una de las ocho. Coinciden en quién decide y no coinciden en nada de lo que se decida.