El análisis
El régimen del 78 no es su frontera: la identidad sí, y por ciento sesenta puntos
De cuarenta y dos afirmaciones coinciden en tres, y solo un par de los ciento treinta y seis baja de esa cifra. Sus tres casillas comunes caen enteras en sus dos menores distancias, la palabra y el régimen, que es donde el debate público los sitúa más lejos.
01Tres casillas de cuarenta y dos
CalibraciónSu afinidad es del cuarenta y dos por ciento y coinciden en tres afirmaciones de cuarenta y dos. Solo un par de los ciento treinta y seis baja de tres, y otros cinco empatan ahí. Vox aparece en cinco de esos siete pares: es el partido que más veces se queda casi sin casilla común.
Siete de los nueve ejes no producen ni una coincidencia. Economía, costumbres, religión, cuerpo, identidad, territorio y política exterior suman treinta y cuatro respuestas seguidas en direcciones opuestas. Catorce de los ciento treinta y seis pares llegan a siete ejes limpios y ninguno a ocho: este es uno de los catorce.
Las tres restantes caen en expresión, dos, y en régimen, una: sus dos menores distancias, treinta y cuarenta y cinco puntos. Ninguna es un acuerdo sobre qué hacer. Dos son un rechazo compartido a la misma premisa liberal, y la tercera es una frase que firman trece de los diecisiete partidos.
02Ciento sesenta puntos de identidad, que no es simetría
CalibraciónSu mayor desacuerdo es el identitario, y conviene precisar qué mide, porque el eje no es simétrico. Su centro no es la indiferencia sino el universalismo: el Estado protege individuos, no colectivos. Desde ahí se sale en dos direcciones contrarias, una que protege a las minorías discriminadas y otra que protege a la mayoría cultural frente a su dilución.
Sumar puntúa setenta y cinco en el primer sentido y Vox ochenta y cinco en el segundo, y divergen en las seis preguntas del eje. Sumar sostiene las cuotas legales de paridad, el lenguaje inclusivo oficial y los derechos colectivos de grupos discriminados, y niega que la inmigración amenace la cultura receptora o que haya que priorizar a los españoles en los servicios. Vox responde lo contrario en las seis.
Ninguno ocupa el extremo de su polo, y decirlo importa. Por el lado de la mayoría, Núcleo Nacional y Falange Española quedan por delante de Vox; por el de las minorías, Podemos y la CUP por delante de Sumar. La lectura de la herradura no aplica: haber abandonado el centro universalista no los acerca, porque salieron por lados contrarios.
03El socio incómodo de cada bloque
RegistroVox no nace enfrente del PP sino dentro. Lo fundan a finales de 2013 antiguos cuadros populares, entre ellos Santiago Abascal, que venía del PP vasco, con el argumento de que el partido matriz había cedido en unidad nacional. Fue marginal hasta que las elecciones andaluzas de 2018 lo metieron en la aritmética de la derecha.
Sumar llega por el camino contrario. Nace en 2023 como plataforma impulsada por Yolanda Díaz, entonces vicepresidenta y ministra de Trabajo, para reagrupar el espacio a la izquierda del PSOE. No es un partido clásico sino una confluencia cuyo linaje es más viejo que la marca: Izquierda Unida se articuló en los ochenta alrededor del Partido Comunista.
La simetría no es ideológica sino estructural. Los dos son el socio menor de un partido mayor: Vox aporta al PP los escaños que le faltan en varias comunidades y Sumar entró en el Consejo de Ministros con el PSOE. Entre ellos no hay historia de pacto ni competencia por un votante, y cada uno usa al otro para definir al bloque contrario.
04Los cinco desacuerdos de tres cifras
CalibraciónDetrás de la identidad vienen el territorio, ciento cuarenta y cinco puntos, y la religión, ciento cuarenta, con las cuatro preguntas divergentes en cada uno. Vox defiende el castellano vehicular por ley en toda España, la recentralización de competencias, la concertada religiosa con dinero público, los símbolos religiosos en edificios públicos y la asignatura de religión. Sumar responde al revés en los dos ejes.
Siguen la economía y las costumbres, ciento veinticinco puntos cada una, otra vez sin coincidencia. Vox baja impuestos a las empresas, flexibiliza el despido y rechaza los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, subir el salario mínimo y la renta básica. Su posición económica es cincuenta del lado del mercado, la misma cifra exacta que el PP y que Ciudadanos: ahí no impugna nada.
La libertad civil añade ciento diez puntos. Sumar defiende el aborto como decisión exclusiva de la mujer, la eutanasia como derecho amplio y la despenalización del consumo adulto de drogas, y rechaza ampliar cámaras y reconocimiento facial; Vox responde lo contrario en los cuatro. En el eje internacional los separan ochenta y cinco puntos, y ahí Sumar marca la misma cifra cosmopolita que el PP.
05Vecinos en el régimen, enfrentados en la palabra
CalibraciónEl eje que ordena sus discursos es el segundo que menos los separa. Vox queda en veinticinco del lado continuista, la posición más baja de los cinco partidos que defienden el régimen del 78; Sumar en veinte del rupturista, la más templada de los doce que quieren sustituirlo. En la ordenación de los diecisiete son consecutivos: nadie se interpone entre ellos.
De ahí sale su tercera coincidencia: ambos afirman que las élites del 78 traicionaron a los ciudadanos y deben ser desalojadas en bloque. La firman trece de los diecisiete, y lo excepcional es el caso de Vox, único partido que la suscribe y a la vez preserva la monarquía parlamentaria, da por vigente la Constitución y rechaza sustituir el sistema. Sumar responde lo contrario a esas tres, e impugna el régimen desde dentro de su gobierno.
En expresión su distancia es de treinta puntos, la menor, y produce las otras dos casillas. Ninguno acepta que una opinión no deba ser nunca delito por su contenido ni que la regulación estatal sobre medios y redes sea mínima: en eso son quince de los diecisiete. Lo que sigue es un intercambio exacto. Sumar quiere las leyes contra el discurso de odio y derogaría las penas por ofender a los símbolos del Estado o a los sentimientos religiosos; Vox hace lo inverso, y es uno de los cuatro que defienden ese segundo catálogo.
El par incomoda a los dos. A Sumar, que su recuento con Falange Española sea de trece coincidencias frente a las tres que tiene con Vox, y que siete sean económicas, porque su distancia económica con el falangismo es de cero puntos exactos: el nacionalsindicalismo es anticapitalista por raíces opuestas y compartir casilla no es compartir proyecto, pero el recuento queda. A Vox, que en el único eje donde puede tocar el poder material marque la misma cifra que el PP, mientras su anti-elitismo convive con la defensa de la monarquía y de la Constitución que esas élites escribieron. Y a los dos, que su único terreno común con el adversario que los define sea la certeza de que hay opiniones castigables.