El análisis
El segundo partido más cercano a Aliança Catalana quiere recentralizar España
Se Acabó La Fiesta es el segundo partido más afín a Aliança Catalana de los dieciséis, sesenta y siete por ciento, por detrás solo de Junts y por delante de todo el nacionalismo periférico: BNG, PNV, EH Bildu y Esquerra. Lo logran pese a la mayor de las nueve distancias del par: ciento setenta puntos entre un vector plurinacional catalán y uno de los tres más centralistas del test.
01Ripoll y un canal de Telegram: dos entradas al mapa en el mismo año
RegistroSílvia Orriols fue alcaldesa de Ripoll, el municipio del Ripollès del que salió la célula que cometió los atentados de Barcelona y Cambrils en 2017: el imán que la radicalizó residía allí, y varios de sus miembros eran vecinos del pueblo. Ese antecedente, más que una importación genérica del discurso identitario europeo, explica el foco islamófobo tan marcado de su etnonacionalismo, no solo una retórica antiinmigración indiferenciada.
Luis Pérez Fernández, conocido como Alvise Pérez, no gestionó nunca un ayuntamiento antes de fundar Se Acabó La Fiesta. Construyó primero una audiencia en Telegram con filtraciones de corrupción, sin estructura de partido detrás, y solo después la convirtió en candidatura. Orriols llega desde el gobierno de un municipio; él, directamente desde una pantalla.
Las dos formaciones entran en instituciones representativas con semanas de diferencia en 2024: Aliança Catalana en el Parlament, por la vía autonómica catalana; Se Acabó La Fiesta en el Parlamento Europeo, por la vía estatal. Llegan desde proyectos territoriales opuestos: uno quiere un Estado catalán propio, el otro que el Estado español recupere competencias cedidas.
02Territorio: la distancia que domina el par
CalibraciónDe las nueve distancias del par, la territorial es, con diferencia, la mayor: ciento setenta puntos, el cuarto valor más alto de las dieciséis comparaciones de Aliança Catalana, por detrás solo de Núcleo, Falange y Vox. Aliança Catalana marca noventa, de los valores más plurinacionales del test; Se Acabó La Fiesta marca menos ochenta, solo por detrás de Vox, Núcleo y Falange en el extremo centralista.
No hay una sola de las cuatro preguntas del eje donde coincidan. Aliança Catalana sostiene que Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir su autogobierno; Se Acabó La Fiesta lo niega. Sobre el Estado federal queda neutral, corregida a mano porque su proyecto no es reformar España sino salir de ella; Se Acabó La Fiesta lo rechaza sin matices. En lengua vehicular y recentralización, cada una defiende lo contrario.
Es el choque que cualquiera anticiparía entre una secesión catalana y un partido que hace bandera de recentralizar. Lo llamativo es que un eje tan desbordado no arrastre a los demás: fuera del territorio, el par se comporta de otro modo.
03El mercado y Bruselas, donde el par casi no discute
CalibraciónEn economía, Aliança Catalana no comparte podio con nadie: sus cincuenta y cinco puntos del lado del mercado son la puntuación más alta de los diecisiete, por delante del PP, Vox y Ciudadanos, empatados en cincuenta. Suprime patrimonio y sucesiones, capitaliza parcialmente las pensiones y deroga el tope al alquiler. Se Acabó La Fiesta queda en treinta y cinco, más moderado, del mismo lado.
De las ocho preguntas económicas coinciden en siete: bajar impuestos a las empresas, flexibilizar el despido, y rechazar los topes al alquiler, el impuesto a las fortunas, subir el salario mínimo, mantener las pensiones íntegramente por reparto y la renta básica. La única divergencia es la sanidad exclusivamente pública, donde Aliança Catalana no tiene postura documentada y el modelo la corrige a neutral; Se Acabó La Fiesta sí se opone.
En internacional la coincidencia es total: los dos puntúan menos sesenta, la misma cifra, uno de solo cuatro pares del test, de ciento treinta y seis, donde ese eje registra distancia cero. Coinciden en las cuatro preguntas: España no gana en la Unión Europea, la soberanía nacional prima sobre lo supranacional, no conviene regularizar inmigrantes asentados y hay que reforzar fronteras.
04Identidad: mismo polo, nación distinta
CalibraciónEl eje identitario no es simétrico: su centro es el universalismo, un polo protege a las minorías históricamente discriminadas y el otro a la mayoría cultural frente a su dilución. Aquí caen los dos en el mismo polo, el de la mayoría, algo que las lecturas apresuradas suelen reservar solo al nacionalismo español. Aliança Catalana marca menos setenta y cinco, Se Acabó La Fiesta menos setenta: cinco de diferencia, una de las nueve comparativas del test con menor desacuerdo identitario.
La coincidencia no es total ni casual. Los dos ven en la inmigración a gran escala una amenaza cultural y rechazan las cuotas de paridad y el lenguaje inclusivo oficial. Pero cuando la pregunta nombra la identidad española como el bien a proteger, Aliança Catalana dice que no, y ante priorizar a los españoles frente a los inmigrantes queda neutral: el modelo corrige ambas casillas porque su sujeto no son los españoles, son los catalanes.
Es la paradoja central del par: dos etnonacionalismos casi calcados en intensidad, apuntando cada uno a una nación distinta. Se Acabó La Fiesta defiende la identidad española que Aliança Catalana rechaza proteger; Aliança Catalana defiende la catalana, que a Se Acabó La Fiesta no le corresponde. El mismo instinto, dos banderas incompatibles.
05La palabra, el cuerpo y el régimen: derogan lo mismo, no acuerdan qué construir
CalibraciónEn expresión coinciden en la mitad: rechazan las leyes de odio hacia colectivos protegidos y derogarían las que penan ofender a la corona o las fuerzas armadas, símbolos que Aliança Catalana no siente propios. Divergen en las dos preguntas de principio, si ninguna opinión debería ser nunca delito y si la regulación de medios debe ser mínima. Aliança Catalana dice que no a ambas, coherente con tipificar el anticatalanismo como delito grave; Se Acabó La Fiesta dice que sí.
En civil la distancia es también de sesenta puntos, pero es posición contra silencio, no sí contra no. Aliança Catalana defiende aborto, eutanasia y ampliar la vigilancia policial; en las tres, Se Acabó La Fiesta no tiene postura documentada y el modelo la corrige a neutral. Solo chocan en drogas, que Aliança Catalana despenalizaría y Se Acabó La Fiesta no.
El régimen reproduce el patrón: coinciden en sustituir el sistema, en que la Constitución ya no funciona y en que las élites han traicionado a los ciudadanos, esto último compartido por trece de los diecisiete y por tanto poco distintivo. Solo divergen en la monarquía, que Aliança Catalana rechaza y Se Acabó La Fiesta deja sin fijar, el único partido donde el modelo corrige a mano las cuatro preguntas del eje. Los cincuenta y cinco puntos nacen de la intensidad: en menos ochenta y cinco, Aliança Catalana empata entre los rupturismos más extremos del test.
El resultado incomoda a las dos lecturas fáciles. A quien ve en Aliança Catalana un satélite del nacionalismo periférico catalán le cuesta explicar por qué su segunda mejor afinidad es un partido que quiere recentralizar España, y que solo la separa en el proyecto de nación, no en el mercado, en Europa o en quién merece la protección del Estado. A quien presenta a Se Acabó La Fiesta como antipolítica sin ideología le toca explicar por qué encaja mejor con una secesión catalana que con Junts, el PNV, el BNG, Bildu, Esquerra o la CUP: comparten casi todo lo que rechazan, y solo se separan en la pregunta que ninguno puede ceder sin dejar de ser lo que es, quién es la nación que hay que salvar.
