El análisis
Coinciden en las cuarenta y dos preguntas y siguen siendo dos partidos
De los ciento treinta y seis pares posibles entre los diecisiete partidos del test, este es el de mayor afinidad: noventa y ocho por ciento, sin una sola divergencia en las cuarenta y dos afirmaciones. Dos formaciones marginales, sin representación institucional, que responden lo mismo a todo y aun así existen por separado.
01Cuarenta y dos de cuarenta y dos
CalibraciónRecorridos los ciento treinta y seis pares que salen de los diecisiete partidos, este es el de mayor afinidad: noventa y ocho por ciento, cuatro más que el segundo, ERC y Bildu. Y es uno de los tres únicos sin ninguna divergencia en las cuarenta y dos afirmaciones. Los otros dos, Sumar y Podemos por un lado y Esquerra y EH Bildu por otro, no pasan del noventa y cuatro.
Cinco de los nueve ejes marcan distancia cero exacta: tradición, expresión, identidad, territorio y régimen. La mayor separación son diez puntos en economía, y ni siquiera es un desacuerdo: los dos están del mismo lado. Religión los separa cinco puntos, el internacional cinco, la libertad civil tres.
Un dato ordena todo lo demás: en ocho de los nueve ejes son las dos posiciones más extremas de los diecisiete partidos. Los más tradicionalistas, los más confesionales, los más coactivos en libertad civil, los más punitivos con la palabra, los más etnonacionales, los más centralistas y los más rupturistas con el régimen del 78. La única excepción es la economía.
02Ledesma, José Antonio y el partido único
RegistroLas Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista nacen a comienzos de los años treinta alrededor de Ramiro Ledesma Ramos y Onésimo Redondo. Falange Española la funda José Antonio Primo de Rivera en octubre de 1933, y en febrero de 1934 ambas se fusionan. Su norma programática condena a la vez el capitalismo y el marxismo, y rechaza el Estado liberal y el sistema de partidos.
José Antonio fue fusilado en Alicante en noviembre de 1936, y al año siguiente el decreto de unificación fundió por orden de Franco a falangistas y tradicionalistas carlistas en un partido único bajo su mando; la dirección falangista que se resistió fue apartada. Aquello no fue el triunfo de la doctrina, sino su absorción: el nacional-sindicalismo pasó a ser el armazón ideológico de otro proyecto.
De aquel programa se implantó la parte sindical: sindicatos verticales de encuadramiento obligatorio, controlados por el Estado, que suprimieron los sindicatos autónomos y el derecho de huelga. La parte económica quedó archivada tras el giro tecnocrático de finales de los cincuenta, de ahí la vieja queja de una revolución pendiente. Disuelto el Movimiento en 1977, sobrevivieron grupos sin peso electoral.
03Ni capitalismo ni marxismo: el eje donde no son de derechas
CalibraciónFalange puntúa setenta y cinco puntos del lado intervencionista y Núcleo sesenta y cinco. Conviene situarlo con las cifras ajenas: Sumar está en ese mismo setenta y cinco, Bildu en setenta, ERC y el BNG en cincuenta y cinco, el PSOE en treinta. Solo la CUP, Frente Obrero y Podemos quedan por delante de Falange en intervencionismo económico.
Vox está en el cincuenta de mercado, la misma cifra que el PP y que Ciudadanos: ciento veinticinco puntos de distancia con Falange y ciento quince con Núcleo. Los dos rechazan bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y apoyan los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, subir el salario mínimo, blindar las pensiones por reparto y la sanidad exclusivamente pública.
Conviene precisar qué clase de anticapitalismo es este, sin eufemismo y sin caricatura. No es igualitario ni emancipador: es organicista, jerárquico y católico. Conserva la propiedad privada declarándola función al servicio de la nación, y no se propone ganar la lucha de clases sino abolirla por decreto. Los dos rechazan además la renta básica: no les parece demasiado gasto, sino la forma equivocada de gasto.
04Ultratradicionalistas y rupturistas a la vez
CalibraciónEn tradición los dos marcan noventa y cinco puntos, la cifra más alta de los diecisiete, por delante de Vox; en religión, noventa y cinco y noventa, también la más alta. Defienden la familia de padre, madre e hijos como modelo legal, la tauromaquia, las costumbres heredadas, la concertada religiosa, los símbolos religiosos en edificios públicos y la asignatura de religión.
Y sin embargo, en régimen marcan noventa y cinco puntos del lado rupturista, la posición más extrema de los diecisiete, por debajo de la CUP y de Frente Obrero. Rechazan que la monarquía parlamentaria deba preservarse, sostienen que el régimen del 78 debería sustituirse y afirman que las élites institucionales han traicionado a los ciudadanos. No son monárquicos parlamentarios: quieren otro Estado.
Esa combinación es la razón de que el test separe tradición y régimen en dos ejes. Fundidos en uno, un tradicionalismo cultural tan marcado los arrimaría al conservadurismo de gobierno, cuando en las reglas del juego están en el lado opuesto: el PP y Vox defienden la monarquía y la Constitución, y ellos no. Conservar costumbres y conservar instituciones son operaciones distintas.
05Por qué siguen siendo dos
RegistroSi coinciden en las cuarenta y dos afirmaciones, la pregunta pertinente no es en qué se distinguen, sino por qué no son lo mismo. La respuesta no está en el programa, está en la historia del nombre. Disuelto el Movimiento, el espacio falangista se fragmentó en organizaciones que reivindican el mismo emblema y la misma filiación, con disputas recurrentes sobre a quién corresponde esa herencia.
Núcleo Nacional es una formación posterior que reclama la misma doctrina sin arrastrar esa cadena de escisiones: la calibración del test lo trata como heredero contemporáneo del referente doctrinario falangista. Cuando la legitimidad se mide por fidelidad a un texto fundacional de hace noventa años y no por votos, lo que se disputa no son las políticas, sino la ortodoxia y la sucesión.
Hay una ironía de fondo. La doctrina que ambos reivindican rechazaba el sistema de partidos por definición: existir como partido inscrito y concurrir a elecciones es ya una concesión al régimen que se quiere sustituir. Y sin resultados que arbitren, nada empuja a la unificación: ningún cálculo de escaños obliga a ceder el nombre, porque no hay escaños que repartir.
Este par es el caso límite del instrumento, y sirve para decir qué mide y qué no. Mide posiciones, no organizaciones: dos siglas pueden responder idénticamente a las cuarenta y dos afirmaciones y seguir siendo dos, porque lo que las separa no es una discrepancia sino una genealogía. Un último dato para situarlas: de los ciento treinta y seis pares, los dos de menor afinidad de todos son Falange frente a Ciudadanos y Núcleo frente a Ciudadanos. El extremo del espectro español no se define contra la izquierda, que es donde queda su economía: se define contra el liberalismo.