El análisis
Junts responde a la economía como el PP y al Estado como EH Bildu
Ocho de sus nueve ejes los separan menos que la media del test en ese eje, y solo la economía la supera: noventa y cinco puntos y las ocho preguntas divergentes, sin una respuesta común. Las doce que preguntan por el territorio, el régimen y la palabra las firman idénticas.
01Dos periferias con genealogías incomparables
RegistroJunts es el heredero de Convergència, el partido de Jordi Pujol que gobernó la Generalitat más de dos décadas desde un nacionalismo burgués, democristiano en lo social y liberal en lo económico, y que sostuvo gobiernos en Madrid de los dos signos a cambio de competencias. Aquella marca acabó disuelta: fue declarada partícipe a título lucrativo en el caso Palau, una responsabilidad civil y no penal, y su fundador reconoció públicamente haber mantenido fondos sin regularizar en el extranjero. La refundación llega con el giro al independentismo explícito y con parte de su dirección procesada tras el otoño de 2017.
La izquierda abertzale llega por un camino que no admite comparación. ETA se constituye en 1959 con jóvenes salidos de las filas del nacionalismo vasco, y a su alrededor existió durante décadas un espacio político que no condenó su violencia y al que la Ley de Partidos de 2002 dejó fuera de las urnas. Hubo víctimas en partidos de todos los signos, y hubo también terrorismo de Estado, el del GAL, con condenas firmes. ETA cesó su actividad armada en 2011 y se disolvió en 2018. EH Bildu se constituye en 2012 tras un debate interno que asumió las vías exclusivamente políticas, con Arnaldo Otegi como figura del giro (condenado en el caso Bateragune, con sentencia anulada tras apreciar el Tribunal Europeo de Derechos Humanos falta de imparcialidad).
Lo que los junta es reciente y parlamentario: los dos han sostenido investiduras en Madrid desde bloques que no comparten, uno negociando la amnistía y el otro sumando sus votos a mayorías de las que no forma parte. Y los dos tienen a alguien respirándoles en el flanco: a Junts le ha crecido por su derecha un independentismo etnonacional que le ha endurecido el discurso migratorio; EH Bildu se disputa con el PNV el mismo electorado nacional. Nada de eso entra en los nueve ejes.
02Ocho ejes por debajo de la media y uno por encima
CalibraciónSu afinidad es del setenta y nueve por ciento, puesto veintiuno de los ciento treinta y seis pares, y ningún otro par del test da exactamente esa cifra. Detrás hay una forma limpia: ocho de los nueve ejes los separan menos que la media del test en ese eje, y solo el económico la supera, noventa y cinco puntos frente a los sesenta y seis de media. Dieciocho pares tienen un único eje por encima de su media; en cinco de ellos ese eje es el del dinero, y los cinco son de Junts.
La geometría se repite con el cuestionario en la mano. Seis pares divergen en las ocho preguntas de economía y a la vez coinciden en las doce de territorio, régimen y expresión, y los seis son de Junts: contra Sumar, Podemos, Esquerra, EH Bildu, la CUP y el BNG. La figura no es del abertzalismo, sino del único perfil de mercado que hay dentro del bloque plurinacional. De esos seis, este es el segundo de mayor afinidad, solo por detrás del BNG.
Conviene una advertencia sobre uno de los dos. Junts es el partido más asimétrico de los diecisiete: cinco de sus nueve ejes quedan a quince puntos o menos del centro y ningún otro pasa de tres. Necesita diez correcciones manuales sobre las cuarenta y dos afirmaciones, solo por detrás de Aliança Catalana, y deja cinco casillas sin responder, el máximo del test empatado con ella. Sus centros no son posiciones templadas: son promedios entre tirones opuestos, y hay que leerlos pregunta a pregunta.
03Doce preguntas sobre el Estado, doce respuestas iguales
CalibraciónEn territorio los separan cinco puntos, en el eje cuya separación media es la mayor del test, más de noventa. Responden igual a las cuatro: Cataluña, País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir sobre su autogobierno, hay que avanzar hacia un Estado federal, el castellano no debe imponerse por ley como lengua vehicular y las comunidades no tienen demasiadas competencias.
En régimen los separan veinticinco puntos y vuelven a hacer pleno: ninguno preserva la monarquía parlamentaria, los dos sustituirían el sistema del 78, ninguno da la Constitución por vigente en lo esencial y los dos sostienen que las élites del régimen traicionaron a los ciudadanos. Aquí conviene no inflar el dato: ese pliego exacto lo firman once de los diecisiete partidos y sesenta y un pares coinciden en las cuatro, así que el eje no singulariza a esta pareja. Lo que sí dice es la intensidad, cincuenta y cinco puntos de rupturismo frente a ochenta, y una coincidencia de fondo: ninguno de los dos propone otro régimen español, los dos proponen no estar dentro de ninguno.
En libertad de expresión los separan cinco puntos y coinciden en las cuatro preguntas, y ninguna es un elogio. Ninguno suscribe que ninguna opinión deba ser delito por su contenido, los dos consideran necesarias las leyes contra el discurso de odio hacia colectivos protegidos, ninguno acepta que la regulación de medios y redes sea mínima, y los dos derogarían los tipos que castigan las ofensas a la corona y a los símbolos del Estado. La asimetría es idéntica en ambos: retiran la protección penal del símbolo que no sienten propio y conservan la de los colectivos. Ocho de los diecisiete responden así.
04Las ocho del dinero, y la compañía de cada uno
CalibraciónLa economía es el único eje del par sin una sola coincidencia. Junts apoya bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y rechaza los topes al alquiler, el impuesto extraordinario sobre las grandes fortunas, subir el salario mínimo de forma significativa, blindar las pensiones por reparto, una sanidad exclusivamente pública y la renta básica universal. EH Bildu responde lo contrario en las ocho.
Lo revelador no es la lista sino con quién la comparte cada uno. El pliego de ocho respuestas de Junts es idéntico, casilla por casilla, al del PP, al de Vox, al de Ciudadanos y al de SALF. El de EH Bildu es idéntico al de Sumar, Podemos, Esquerra, la CUP, el BNG y Frente Obrero. Junts puntúa veinticinco en el eje y aquellos cincuenta: la diferencia con la derecha española es de intensidad, no de dirección, y el vector la esconde mejor que el cuestionario.
Noventa y cinco puntos tampoco son un récord: es el puesto cincuenta y uno de los ciento treinta y seis en ese eje. Lo que convierte al dinero en su único desacuerdo grande no es su tamaño absoluto, sino que todo lo demás quede por debajo de la media. Y desactiva un reflejo extendido: el independentismo no predice economía. Dentro del mismo bloque territorial conviven el partido más de mercado de los diecisiete, Aliança Catalana, y el más intervencionista, la CUP.
05Lo que queda: seis preguntas y cuatro casillas en blanco
CalibraciónFuera de la economía quedan diez divergencias, y cuatro no son un desacuerdo sino un silencio: Junts no responde sobre la concertada religiosa, el aborto, la videovigilancia con reconocimiento facial ni la regularización de los inmigrantes con arraigo. EH Bildu no deja ninguna casilla vacía en todo el par. Descontadas, la discrepancia real fuera del dinero cabe en seis afirmaciones: el modelo familiar de referencia, las costumbres heredadas, la memoria histórica como política de Estado, el consumo adulto de drogas, la inmigración como amenaza cultural y el blindaje de fronteras.
En identitarismo los separan cuarenta y cinco puntos y los dos quedan del lado de las minorías protegidas, en un eje que no es simétrico y cuyo centro es el universalismo. Coinciden en cinco de las seis preguntas, incluidas las tres de reconocimiento: cuotas de paridad, lenguaje inclusivo oficial y derechos colectivos de los grupos históricamente diferenciados. Divergen en una sola, y es la que ordena el par: si la inmigración a gran escala amenaza la cultura del país receptor. Junts la firma, y es el único de los diecisiete que aparece a la vez en la lista de los nueve que suscriben las tres de reconocimiento y en la de los siete que ven esa amenaza. Su cinco identitario no es universalismo, es un saldo.
El eje internacional lleva ese desajuste al extremo. Los dos puntúan veinticinco, distancia exactamente cero, y aun así divergen en la mitad de sus preguntas. Coinciden en Europa: España gana más en la Unión de lo que pierde en soberanía, y esta no prima sobre los marcos supranacionales. Se separan en las dos de inmigración, donde EH Bildu regulariza y rechaza blindar fronteras y Junts calla sobre lo primero y firma lo segundo. Solo cuatro pares del test empatan en este eje y este es uno de los tres que aun así se contradicen dentro de él. Los otros siete partidos que quieren blindar fronteras son el PP, Vox, Aliança Catalana, Núcleo Nacional, Frente Obrero, Falange y SALF, y ninguno de ellos firma las tres preguntas de reconocimiento que Junts sí firma. En costumbres, su única coincidencia es la tauromaquia, y existe porque Junts dejó de tenerla por patrimonio protegible.
Ninguno sale cómodo. A Junts el test le dice que su segundo perfil más próximo de dieciséis es la izquierda abertzale vasca, por delante de Esquerra y de Aliança Catalana, y que el primero es el BNG: ninguno de los dos partidos catalanes está entre sus dos primeros. Y le dice que contesta las ocho preguntas del dinero exactamente igual que el PP, que es su décimo. A EH Bildu le dice que está más cerca en vector de un independentismo catalán de mercado, setenta y nueve por ciento, que del PSOE, setenta, o del PNV, sesenta y ocho, con quien comparte el sujeto nacional entero; y que eso ocurre pese a coincidir con el PSOE en treinta y dos afirmaciones de cuarenta y dos y con Junts solo en veinticuatro. Cuando el recuento y el vector se contradicen así, la contradicción es el dato: el eje territorial pregunta cuánta periferia, no cuál, y aquí no hay dos naciones disputándose nada. Lo único que estos dos discuten de verdad, y por eso es lo único que sobresale, es quién paga.