El análisis
Concurren juntos a las europeas, y Europa es su único desacuerdo real
Es el quinto par más afín de los ciento treinta y seis del test, con dos ejes a distancia cero exacta: economía y libertad de expresión. Su mayor separación, treinta y cinco puntos, está en el eje internacional, que es justo el terreno al que se presentan en la misma lista.
01Un partido de 1931 y un frente de 1982
RegistroEsquerra Republicana de Catalunya se funda en 1931, en vísperas de la Segunda República, y es el partido de Francesc Macià y Lluís Companys. Su tradición es republicana, laica y de izquierdas, con casi un siglo de continuidad detrás y una travesía larga por la clandestinidad y el exilio. Es un partido en el sentido clásico: una organización, una militancia, una dirección.
El BNG no nació como partido sino como frente. Se constituye en una asamblea celebrada en A Coruña en 1982 que reúne a organizaciones previas, la más influyente de ellas la Unión do Povo Galego, fundada en los años sesenta, y conserva desde entonces una estructura de bloques internos con vida propia. Su referente doctrinal es Castelao, que escribió Sempre en Galiza en el exilio, y su agravio fundacional es el estatuto gallego plebiscitado en 1936 que el golpe dejó sin vigencia.
Los puntos de partida institucionales también fueron distintos. Los primeros diputados de aquel nacionalismo se negaron a acatar la Constitución y acabaron expulsados del Parlamento gallego, y el frente no aceptó el marco autonómico hasta mediados de los ochenta. Después llegó lo demás: la vicepresidencia de la Xunta en coalición con los socialistas gallegos, la salida de su figura histórica, Xosé Manuel Beiras, que dejó el frente para fundar Anova, y la etapa de Ana Pontón. Esquerra hizo un recorrido parecido en otro orden: gobernó la Generalitat en coalición, pidió el no al Estatut por insuficiente y acabó con su dirección juzgada.
02Quinto de ciento treinta y seis, y dos ejes en cero
CalibraciónSu afinidad es del noventa por ciento, y esa cifra los coloca quintos entre los ciento treinta y seis pares posibles. Por delante solo hay cuatro: Núcleo Nacional con Falange, Esquerra con EH Bildu, EH Bildu con el Bloque y Sumar con Podemos. Tres de esos cinco puestos los ocupan los tres pares que Esquerra, EH Bildu y el Bloque forman entre sí, que es exactamente el trío que concurre a las europeas en lista conjunta.
En economía puntúan los dos cincuenta y cinco del lado intervencionista, la misma cifra exacta. Solo cinco pares del test comparten posición económica idéntica, y los otros cuatro son PP con Vox, PP con Ciudadanos, Vox con Ciudadanos y Sumar con Falange. Coinciden en las ocho preguntas del eje, incluidas las dos que marcan el techo de la socialdemocracia clásica y que separan al PSOE de toda su izquierda: la sanidad exclusivamente pública y la renta básica universal.
El segundo cero está en libertad de expresión, otra vez con el mismo número, y las cuatro preguntas coinciden sin que ninguna sea un elogio. Ninguno suscribe que una opinión no deba ser nunca delito por su contenido, los dos consideran necesarias las leyes que penalizan el discurso de odio, ninguno acepta que la regulación de medios y redes sea mínima, y los dos derogarían las penas por ofender a la corona y a los símbolos del Estado, corrección que el modelo hace a mano en ambos. Es la asimetría del nacionalismo sin Estado: se despenaliza la ofensa al símbolo que no se siente propio y se conserva la protección penal de los colectivos.
03Ocho ejes sin una sola divergencia
CalibraciónDe las cuarenta y dos afirmaciones coinciden en cuarenta y una, y ocho de los nueve ejes no registran ni una discrepancia: economía, costumbres, religión, cuerpo, palabra, identidad, territorio y régimen. Los dos rechazan la familia de padre, madre e hijos como modelo legal preferente, los toros como patrimonio a proteger y la preservación activa de las costumbres heredadas, y los dos defienden la memoria histórica como política de Estado.
El caso más informativo es la religión, porque hay treinta puntos de distancia y ninguna divergencia. Esquerra empata con la CUP en el extremo secular de los diecisiete y el Bloque queda bastante más acá; aun así los dos rechazan la concertada religiosa con dinero público, los símbolos religiosos en edificios públicos y la asignatura de religión con efectos académicos, y los dos eliminarían los privilegios fiscales de la Iglesia. Responder lo mismo sin estar en el mismo sitio es posible porque la casilla es binaria y la escala no.
El territorio repite el patrón con quince puntos: Esquerra marca noventa y cinco, empatada con Junts y solo por detrás de la CUP, el Bloque ochenta, y las cuatro respuestas son idénticas. En régimen los dos están del lado rupturista con las mismas cuatro respuestas, aunque el Bloque queda en cincuenta, el menos rupturista de los seis nacionalistas periféricos que caen en ese lado. Y en identidad los dos aparecen del lado de las minorías protegidas y no del etnonacional, porque la nación que defienden no dispone de Estado.
04La única divergencia sale de la corrección que no comparten
CalibraciónEl Bloque lleva tres correcciones manuales y Esquerra dos sobre las cuarenta y dos afirmaciones, de los perfiles que menos necesitan de los diecisiete. Comparten dos, la que registra que los dos derogarían las penas por ofender a la corona y la que deja en blanco la pregunta sobre priorizar a los españoles. La tercera, que solo lleva el Bloque, es exactamente la única divergencia del par. El modelo solo los separa donde alguien anotó a mano una excepción para uno de los dos.
La única divergencia es europea y de matiz. Esquerra sostiene que España gana más perteneciendo a la Unión de lo que pierde en soberanía; el Bloque no se pronuncia, con una corrección documentada por su euroescepticismo sectorial en pesca y leche. En las otras tres preguntas del eje coinciden: los dos apoyan regularizar a quien lleva años trabajando aquí, los dos se oponen a blindar fronteras y los dos niegan que la inmigración amenace la cultura receptora.
05Europa: el desacuerdo que no siempre estuvo ahí
RegistroEl mapa de alianzas del Bloque no apuntó siempre a Esquerra. La Declaración de Barcelona de 1998, el documento con el que el nacionalismo periférico se articuló frente al gobierno de José María Aznar, la firmaron el Bloque, el PNV y la Convergència de Jordi Pujol, y no Esquerra. De las cuatro materias que aquel acuerdo fijó como plan de trabajo conjunto, una era precisamente la presencia en la Unión Europea; años después el pacto pasó a llamarse Galeuscat.
En el referéndum sobre la Constitución Europea, Esquerra y el Bloque pidieron los dos el no, mientras el PNV pedía el sí junto a los dos partidos del turno. La distancia europea que hoy los separa es posterior a aquello: Esquerra se desplazó hacia un europeísmo de Estado propio dentro de la Unión, y el Bloque conservó la crítica a la arquitectura comunitaria con la que nació, sin llegar a la impugnación frontal que sí sostiene la CUP.
Y sin embargo hoy concurren juntos a las europeas, en lista compartida con EH Bildu, y las dos formaciones pertenecen a la misma familia continental, la Alianza Libre Europea. Lo que sostiene esa lista, según el test, no es la coincidencia europea sino todo lo demás: la economía, la palabra, el cuerpo, la religión, las costumbres, la identidad, el territorio y el régimen. Comparten el marco al que se presentan y discrepan sobre él.
El resultado incomoda a los dos por la misma razón. Quien vea en el Bloque y en Esquerra dos versiones del mismo nacionalismo de izquierdas tiene los datos casi enteros a favor, y ese casi es el problema: cuarenta y una respuestas iguales de cuarenta y dos, dos ejes en cero exacto y ocho sin una sola discrepancia describen mejor un programa único aplicado a dos sujetos nacionales distintos que dos proyectos políticos. Quien sostenga que son partidos diferentes tiene que señalar dónde, y el test le ofrece un solo sitio. A Esquerra le queda por explicar qué hay de específicamente catalán en un programa que el Bloque firma entero salvo un renglón, y al Bloque qué hay de específicamente gallego en el suyo. Y a los dos, por qué el único terreno en el que no coinciden es el único al que se presentan juntos.