El análisis
El régimen es su único acuerdo, y ni siquiera por el mismo motivo
El Bloque y Se Acabó la Fiesta coinciden en cuatro de las cuarenta y dos afirmaciones del test, y las tres que caen en régimen dejan a este par a solo veinte puntos de distancia en ese eje: la segunda distancia más pequeña que SALF registra entre los dieciséis partidos con los que se le puede comparar. En territorio, el eje que define al Bloque desde su fundación, la distancia sube a ciento sesenta puntos, la mayor de las nueve entre ambos.
01Un frente que tardó cuarenta años, un movimiento que llegó en uno
RegistroEl Bloque Nacionalista Galego se constituye en 1982, en una asamblea de A Coruña que agrupa organizaciones nacionalistas previas, entre ellas la Unión do Povo Galego, activa desde los años sesenta. Su referente doctrinal es Castelao, que escribió Sempre en Galiza en el exilio, y su agravio fundacional es el estatuto gallego de 1936, plebiscitado y anulado por el golpe de Estado. Sus primeros diputados se negaron a jurar la Constitución del 78 y tardaron años en aceptar el marco autonómico.
Su único episodio de gobierno fue la coalición que dirigió la Xunta entre 2005 y 2009 junto al PSdeG. En 2012 su figura histórica, Xosé Manuel Beiras, se escinde para fundar Anova, y el liderazgo recae después en Ana Pontón. Cuatro décadas de asambleas y una sola experiencia de gobierno compartido: esa es la trayectoria institucional que el Bloque aporta a esta comparación.
Se Acabó la Fiesta no tiene nada parecido detrás. Se organiza alrededor de Alvise Pérez y entra en el Parlamento Europeo en 2024, sin congreso fundacional, sin escisión de ningún partido previo y sin experiencia de gobierno. Su discurso se construye en Telegram, no en una estructura territorial, y llega a la misma conclusión que el Bloque, tumbar el régimen del 78, en una sola convocatoria y no en cuatro décadas.
02Tres coincidencias en régimen, y una cuarta que no es lo que parece
CalibraciónDe las cuatro preguntas del eje de régimen, el Bloque y SALF coinciden en tres: el sistema institucional actual (Constitución, monarquía, sistema de partidos) debería sustituirse; la Constitución del 78 ya no funciona en lo esencial; y las élites del régimen han traicionado a los ciudadanos. La distancia que deja el eje, veinte puntos, es la segunda más pequeña que SALF registra frente a cualquiera de los dieciséis partidos comparables, solo por detrás de los diez que la separan de Sumar.
La cuarta pregunta, si la monarquía debe preservarse, no coincide: el Bloque dice que no, coherente con su tradición antimonárquica; SALF no dice nada. Es el único de los diecisiete partidos cuya respuesta queda en blanco, y también el único con las cuatro preguntas de régimen corregidas a mano, porque su rupturismo se deduce de la práctica, filtraciones y ataques a la Casa Real, no de un programa constitucional propio. Ninguno toca el extremo rupturista del eje, noventa y cinco puntos, reservado a Falange y Núcleo Nacional.
La cuarta coincidencia cae en expresión: los dos rechazan mantener las leyes que penalizan ofensas a los símbolos del Estado, la corona, las fuerzas armadas o los sentimientos religiosos. Esa casilla común esconde posiciones opuestas: el Bloque puntúa veinticinco hacia el polo restrictivo porque defiende penalizar el discurso de odio contra colectivos protegidos, y SALF puntúa veinticinco hacia el polo libertario, uno de los dos únicos partidos del test en ese lado junto a Ciudadanos. Coinciden en qué delito de opinión abolir y discrepan en cuál conservar.
03El mismo eje, dos sujetos que no se tocan
CalibraciónSi régimen es donde más se acercan, identidad es donde el eje los separa sin que ninguno pueda llamar al otro compañero de etiqueta: el polo positivo protege a minorías históricamente discriminadas, el negativo protege a una mayoría cultural frente a lo que la diluye. El Bloque se sitúa en cuarenta, del lado de las minorías; SALF en menos setenta, del lado de la mayoría. Ciento diez puntos separan las dos posiciones, la segunda mayor distancia del par.
Las cuotas de paridad, el lenguaje inclusivo y el reconocimiento de derechos colectivos a grupos históricamente discriminados (LGTBI, mujeres, naciones sin Estado) las apoya el Bloque y las rechaza SALF, las tres. Que la identidad cultural española merece protección activa frente a su dilución y que la inmigración a gran escala amenaza la cultura receptora las sostiene SALF y las niega el Bloque, las dos.
Queda si el Estado debe priorizar a los españoles frente a los inmigrantes en sanidad, vivienda y ayudas. SALF dice que sí; el Bloque no tiene postura, corregida a mano igual que en otros seis nacionalismos periféricos del test (Esquerra, Junts, Aliança Catalana, EH Bildu, el PNV y la CUP), porque su sujeto político no son los españoles. No son dos identitarismos comparables: protegen mayorías y minorías distintas, y en este eje, opuestas.
04De Galicia hacia fuera, de España hacia dentro
CalibraciónLa mayor distancia del par, ciento sesenta puntos, está en territorio, sin una sola coincidencia en sus cuatro preguntas. El Bloque sostiene que Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir su autogobierno y defiende un Estado federal; SALF niega ambas cosas, exige el castellano como lengua vehicular garantizada en toda España y pide recentralizar competencias autonómicas.
El eje internacional repite el patrón con sesenta y cinco puntos. El Bloque no tiene postura sobre si España gana más en la Unión Europea de lo que pierde en soberanía (corrección por su euroescepticismo sectorial en pesca y ganadería láctea), apoya regularizar a los inmigrantes asentados y rechaza blindar fronteras. SALF sostiene lo contrario en esas tres y añade que España debe priorizar su soberanía sobre cualquier marco supranacional.
Los dos ejes miden la misma pregunta: a qué escala se organiza la comunidad política. El Bloque la abre hacia dentro, reconociendo naciones sin Estado, y hacia fuera, aceptando con reparos la integración europea. SALF la cierra en las dos direcciones: recentraliza dentro de España y desconfía de cualquier marco por encima del Estado. No es diferencia de grado, es la estructura opuesta del mismo mapa.
05El resto del mapa: mercado, costumbre, fe y cuerpo
CalibraciónEn economía no coincide ni una de las ocho preguntas, y la distancia, noventa puntos, es la tercera mayor del par. El Bloque defiende topes al alquiler, un impuesto a las grandes fortunas, pensiones públicas sin capitalización, sanidad exclusivamente pública y renta básica universal; SALF sostiene que bajar impuestos a las empresas crea más empleo del que destruye, que flexibilizar el despido facilita contratar, y rechaza las ocho propuestas del Bloque, incluida la subida del salario mínimo.
En costumbre y religión tampoco hay coincidencia. SALF defiende la familia de padre, madre e hijos como modelo legal de referencia, la tauromaquia como patrimonio, las costumbres heredadas frente al cambio rápido, la concertada religiosa con financiación pública, los símbolos religiosos en edificios públicos y la asignatura de religión con efectos académicos; el Bloque rechaza las seis y, a cambio, defiende la memoria histórica como política de Estado y elimina los privilegios fiscales de la Iglesia.
En autonomía corporal el patrón cambia: de cuatro preguntas, tres las contesta solo el Bloque, a favor del aborto y la eutanasia como decisiones personales y en contra de ampliar la vigilancia con cámaras y reconocimiento facial. SALF no tiene postura declarada en ninguna, corregida a mano en las tres. La única discrepancia limpia es sobre las drogas: el Bloque no perseguiría el consumo adulto que no daña a terceros, SALF sí. Es la misma variante que la monarquía: donde SALF calla, el modelo registra divergencia, no acuerdo.
El resultado incomoda a los dos por razones distintas. Al Bloque le toca admitir que su aliado más cercano contra el 78 es un movimiento español, centralista y de mercado, en el polo opuesto en identidad e inmigración a todo lo que defiende desde Castelao. A SALF le toca admitir que quien comparte su acusación contra las élites es un partido independentista, laico, redistribuidor y favorable al aborto y la eutanasia, con el que discrepa en las treinta y ocho preguntas restantes. Estar de acuerdo en derribar la casa no dice nada sobre qué se construye después: cuatro coincidencias de cuarenta y dos, tres de ellas sobre el mismo edificio que quieren tirar por motivos distintos.
