El análisis
Los dos abandonaron el centro universalista, y no fueron al mismo sitio
El eje identitario los separa ciento setenta puntos, la mayor de sus nueve distancias, y los coloca en polos opuestos: uno protege a las minorías, el otro a la mayoría. Su afinidad es del treinta y nueve por ciento y de cuarenta y dos afirmaciones coinciden en tres.
01Dos respuestas a la misma quiebra
RegistroLos dos nacen del mismo agotamiento. La crisis de 2008 y los años de ajuste erosionaron la credibilidad del turno entre PP y PSOE y abrieron un hueco que antes no existía. De ahí salieron dos formaciones nuevas, una por cada lado, con el mismo diagnóstico: el sistema de partidos ya no representaba a quien decía representar.
Podemos se constituye en 2014 alrededor de un grupo de profesores de ciencia política de la Complutense encabezado por Pablo Iglesias, en el clima que dejó el 15-M de 2011. Su marca discursiva fue la casta: una clase política y económica cerrada sobre sí misma. Años después entró en un gobierno de coalición con el PSOE.
Vox se funda a finales de 2013 con antiguos cuadros del PP, entre ellos Santiago Abascal. Fue marginal hasta que las elecciones andaluzas de 2018 lo metieron en un parlamento autonómico y en la aritmética de la derecha. También construyó su discurso contra unas élites, pero no las mismas: no el poder económico, sino el consenso político que a su juicio había cedido la unidad nacional.
02El eje identitario: máxima distancia, no equivalencia
CalibraciónConviene precisar qué mide este eje, porque no es simétrico y el debate público lo trata como si lo fuera. Su centro no es la indiferencia sino el universalismo: el Estado protege individuos, no colectivos. Desde ahí se sale en dos direcciones contrarias: una protege activamente a las minorías discriminadas, la otra a la mayoría cultural frente a su dilución.
Vox y Podemos ocupan esos dos extremos, separados por ciento setenta puntos sobre una escala de doscientos, y divergen en las seis preguntas del eje sin una sola coincidencia. Podemos sostiene las cuotas de paridad, el lenguaje inclusivo oficial y los derechos colectivos de grupos históricamente diferenciados, y niega que la inmigración amenace la cultura receptora o que haya que priorizar a los españoles en el acceso a servicios. Vox responde lo contrario en las seis.
Aquí falla la lectura de la herradura. Es tentador concluir que, si ambos abandonaron el centro universalista, son lo mismo con distinta bandera. El eje dice lo contrario: salir del centro no los acerca, porque salieron por lados opuestos y llegaron tan lejos como el modelo permite. Confundir ese abandono común con proximidad entre los extremos es un error de categoría.
03La economía, donde la herradura tampoco aparece
CalibraciónSi la convergencia existiera en algún sitio sería la economía: los dos han hecho campaña contra un orden que consideran injusto. La calibración lo desmiente. Los separan ciento treinta y cinco puntos y divergen en las ocho preguntas del eje.
Vox defiende bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y se opone a los topes al alquiler, al impuesto sobre las grandes fortunas, a subir el salario mínimo, a blindar las pensiones por reparto, a la sanidad exclusivamente pública y a la renta básica. Podemos sostiene lo contrario en los ocho y queda cerca del extremo intervencionista.
El dato desmonta dos lecturas habituales. Vox no es económicamente rupturista: está del lado del mercado, con moderación, y quien lo vote esperando una impugnación del orden económico proyecta algo que su programa no sostiene. Y Podemos no comparte con él ninguna crítica material al capitalismo: comparten un tono contra las élites, no un diagnóstico sobre quién posee qué.
04Dios, territorio y cuerpo
CalibraciónTradición y religión suman doscientos ochenta puntos. Vox defiende la familia de padre, madre e hijos como modelo legal, la tauromaquia, las costumbres heredadas, la concertada religiosa con dinero público, los símbolos religiosos en edificios públicos y la asignatura de religión. Podemos rechaza las seis, y defiende la memoria histórica como política de Estado y el fin de los privilegios fiscales de la Iglesia.
En territorio la distancia es de ciento cincuenta y cinco puntos, la segunda del par, con Vox casi en el extremo unitario: castellano garantizado por ley como lengua vehicular en todas las escuelas, recentralización de competencias y negativa a que Cataluña, País Vasco y Galicia sean naciones con derecho a decidir. Podemos suscribe la premisa plurinacional y las cuatro respuestas inversas.
Libertad civil añade ciento quince puntos. Podemos defiende el aborto como decisión exclusiva de la mujer, la eutanasia como derecho amplio y la despenalización del consumo adulto de drogas, y se opone a ampliar cámaras y reconocimiento facial. Vox responde lo contrario en los cuatro casos, vigilancia incluida. Es el eje clásico de Locke y Mill sobre el cuerpo y la policía.
05Las tres coincidencias, y lo que significan
CalibraciónSus dos menores distancias son la de expresión, cuarenta puntos, y la internacional, sesenta. Ninguna nace del acuerdo: la internacional se estrecha porque el cosmopolitismo de Podemos está frenado por su rechazo a la OTAN mientras Vox es eurocrítico, y aun así divergen en las cuatro preguntas. La de expresión, en cambio, sí produce coincidencias reales.
Dos de sus tres únicas coincidencias están ahí, y ambas son negativas. Ninguno suscribe que una opinión no deba ser nunca delito por su contenido, la considere alguien fascista, de odio, antiespañola o blasfema. Ninguno acepta que la regulación estatal sobre medios y redes deba ser mínima. Los separa qué discurso perseguir: Vox rechaza penalizar el discurso de odio hacia colectivos protegidos y defiende los tipos que amparan símbolos del Estado, corona y fuerzas armadas; Podemos hace lo inverso.
La tercera está en régimen: ambos afirman que las élites del 78 han traicionado a los ciudadanos y deben ser desalojadas en bloque. Es literalmente la misma frase. Pero el resto del eje los separa ochenta puntos y explica que signifique cosas distintas. Vox defiende la monarquía parlamentaria, niega que el régimen deba sustituirse y sostiene que la Constitución funciona; Podemos responde lo contrario. Uno es antiélite sin ser antisistema; el otro, rupturista declarado.
El resultado incomoda a ambas lecturas fáciles. Quien sostenga que los extremos se tocan tiene que explicar por qué divergen en treinta y nueve de cuarenta y dos afirmaciones y por qué su distancia identitaria es la mayor de sus nueve ejes: no se tocan, están enfrentados. Quien sostenga que no comparten nada tiene que explicar las tres coincidencias: los dos creen que hay opiniones castigables, los dos quieren que el Estado intervenga sobre medios y redes, y los dos afirman que el régimen traicionó a los ciudadanos. No comparten ideología: comparten la desconfianza hacia el discurso libre y la certeza de que el sistema es ilegítimo, que es lo que la crisis de la que nacieron produjo a ambos lados.