El análisis
De acuerdo en qué sociedad conservar, en nada sobre quién decide
En tradición y religión coinciden en las ocho preguntas, y solo otros cuatro partidos hacen ese pleno con Vox. En autonomía corporal, identidad, territorio y frontera son dieciocho preguntas seguidas sin una coincidencia.
01Uno nace en Bilbao, el otro se forma contra lo que Bilbao construyó
RegistroEl PNV lo funda Sabino Arana en Bilbao en 1895 sobre una base católica y foralista que deriva en democracia cristiana, y ha presidido el Gobierno vasco casi toda la etapa autonómica. No respaldó la Constitución de 1978, defendió la abstención en el referéndum y ancla su autogobierno en un título foral anterior al texto.
Vox se constituye a finales de 2013 con antiguos cuadros del PP, con más biografía vasca de lo que su discurso recentralizador sugiere: Santiago Abascal se formó en un PP alavés que vivía con escolta, y entre sus figuras iniciales está José Antonio Ortega Lara, el funcionario de prisiones al que ETA secuestró.
El método es el contrario. El PNV ha sostenido investiduras y presupuestos de los dos partidos del turno, incluida la de José María Aznar y la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy días después de aprobarle las cuentas. Vox levantó su identidad sobre la negativa a esa transacción.
02Diecisiete de veinte: la sociedad en la que sí se entienden
CalibraciónEn tradición hacen pleno: familia de padre, madre e hijos como modelo legal preferente, tauromaquia como patrimonio, costumbres heredadas preservadas activamente y ninguna memoria histórica como política de Estado. En religión, otro pleno: concertada religiosa con dinero público, símbolos religiosos en edificios públicos, religión con efectos académicos y ningún recorte de los privilegios de la Iglesia.
Al PNV le hace falta poco para llegar ahí: queda en veinte en religión y en diez en economía, y en los dos casos pisa el polo por el margen más estrecho de los siete partidos que lo ocupan, con Vox en ochenta y cinco y en cincuenta. El eje religioso los separa sesenta y cinco puntos sin una sola divergencia: mide dirección, y coincide. En economía coinciden seis de ocho.
Las dos divergencias económicas son las de una democracia cristiana con hacienda propia: el PNV apoya el impuesto a las grandes fortunas, que votó y aplica en Euskadi, y sobre los topes al alquiler no se pronuncia. El pleno cultural, en cambio, lo mete en una lista corta: solo cinco de los dieciséis restantes lo hacen con Vox, y los otros cuatro son el PP, Núcleo Nacional, Falange y SALF.
03Dieciocho preguntas sin una sola coincidencia
CalibraciónLos otros cuatro ejes van al revés. En autonomía corporal los separan ochenta puntos y divergen las cuatro: el PNV sostiene que el aborto es decisión de la mujer, la eutanasia un derecho amplio y el consumo adulto de drogas asunto no perseguible; Vox responde que no a las tres. Su etiqueta democristiana lo situaba del lado de la coacción y su voto real obligó a corregir el modelo.
El territorial es el mayor desacuerdo del par, ciento sesenta y cinco puntos, y otro pleno invertido: naciones con derecho a decidir, Estado federal, ningún castellano vehicular impuesto y ninguna recentralización de un lado, lo contrario del otro. En el internacional, noventa y cinco puntos y el mismo cuadro: europeísmo, regularización con arraigo y ningún blindaje de fronteras.
El identitario los separa ciento veinte puntos y no es un eje simétrico: su centro es el universalismo. Vox, en menos ochenta y cinco, ocupa el polo del identitarismo de mayoría; el PNV, en treinta y cinco, el de las minorías protegidas, y llega ahí por la pregunta que incluye a las naciones sin Estado entre los grupos reconocibles. No son dos versiones del mismo fenómeno: están en polos opuestos, la separación máxima que el modelo admite. En la pregunta sobre priorizar a los españoles el modelo deja al PNV sin postura: su sujeto político no son los españoles. Vox contesta que sí.
04El empate en expresión que no es un acuerdo
CalibraciónEn libertad de expresión marcan el mismo número, menos diez, y son los dos que menos pisan el polo punitivo de los quince que están en él. El empate no premia a nadie: ninguno suscribe que ninguna opinión deba ser delito por su contenido, que solo firman Ciudadanos y SALF, y ninguno acepta que la regulación de medios y redes sea mínima.
Las dos divergencias están perfectamente cruzadas. Vox mantiene el castigo penal a las ofensas a los símbolos del Estado, la corona, las fuerzas armadas y los sentimientos religiosos, y rechaza las leyes sobre discurso de odio hacia colectivos protegidos; el PNV hace lo contrario en las dos. Cada uno protege lo suyo y despenaliza lo del otro, y las dos asimetrías se anulan hasta dar la misma cifra.
El caso de la corona lo resume. Los dos defienden la monarquía parlamentaria, pero de los cinco que lo hacen solo dos conservan su escudo penal, el PP y Vox, y dos lo retiran, Ciudadanos y el PNV. Se puede sostener una institución sin castigar a quien la insulta.
05El régimen del 78, sostenido con un pie fuera por los dos
CalibraciónEl régimen los separa treinta y cinco puntos y coinciden en tres de las cuatro preguntas: la monarquía debe preservarse, el sistema institucional no debe sustituirse y la Constitución sigue funcionando en lo esencial. Solo cinco de los diecisiete partidos son continuistas, y los dos están dentro.
Vox ocupa ese polo por el margen más estrecho de los cinco: veinticinco, frente al sesenta del PNV, el setenta del PSOE, el setenta y cinco del PP y el ochenta de Ciudadanos. La única divergencia del eje explica ese margen: Vox suscribe que las élites del 78 han traicionado a los ciudadanos y deben ser desalojadas en bloque, y el PNV lo niega. Retórica antisistema en un partido que defiende la monarquía y la Constitución.
El reproche vale para los dos. El continuista más firme del par defendió la abstención en aquel referéndum y sigue anclando su autogobierno en un título anterior al texto: sostiene el marco mientras le rinda autogobierno y sea renegociable. El otro lo defiende mientras acusa de traición a quienes lo administran. Ninguno está del todo dentro del edificio que dice apuntalar.
La afinidad es del cincuenta y siete por ciento y coinciden en diecinueve de las cuarenta y dos afirmaciones. A Vox le sobra que el único partido ajeno a la derecha nacional española que le firma entera tradición y religión sea el nacionalismo vasco, con más afinidad que el PSOE o Ciudadanos. Al PNV le sobra que el partido decidido a disolver su marco institucional le suscriba ese programa sin una objeción, y que por debajo de Vox solo le queden Falange, Núcleo Nacional y Frente Obrero. Las dieciocho preguntas donde nunca coinciden no discuten qué sociedad quiere cada uno: discuten quién tiene derecho a decidirlo.