El análisis
El PP tiene más en común con el PNV que con el PSOE, y no es por el territorio
Los separan ciento cuarenta puntos en territorio y no coinciden en ninguna de las cuatro preguntas del eje: el PNV responde ahí exactamente igual que Junts. Y aun así coinciden en veintitrés de las cuarenta y dos afirmaciones, más del doble que el PP con el PSOE.
01Los fundadores de uno habían ilegalizado al otro
RegistroEl PNV lo funda Sabino Arana en Bilbao en 1895 sobre una base católica y foralista que con el tiempo deriva en democracia cristiana. Ha presidido el Gobierno vasco durante casi toda la etapa autonómica, con una única interrupción socialista, y siempre se ha definido por el autogobierno antes que por el eje de izquierda y derecha.
Alianza Popular la funda Manuel Fraga Iribarne en 1976, y a su alrededor se agrupan antiguos altos cargos del régimen recién terminado. Ese régimen había ilegalizado el nacionalismo vasco, empujado al exilio al Gobierno de Euskadi de José Antonio Aguirre y perseguido durante casi cuarenta años a la militancia del partido con el que hoy comparte veintitrés de cuarenta y dos respuestas.
La Constitución los separa por escrito. Fraga participa en la ponencia constitucional y firma el texto; el PNV defiende la abstención en el referéndum y ancla su autogobierno en un título foral anterior a él, el que sostiene el concierto económico. Después alternan alianza y ruptura, siempre por el modelo de Estado: Ajuria Enea, la investidura de José María Aznar en 1996, el portazo tras el pacto de Lizarra y el respaldo a la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy días después de aprobarle los presupuestos.
02El régimen del 78, donde el pleno es completo
CalibraciónEn el eje de régimen los separan quince puntos y responden lo mismo a las cuatro preguntas: la monarquía parlamentaria debe preservarse, el sistema institucional no debe sustituirse, la Constitución sigue funcionando en lo esencial y las élites del 78 no han traicionado a los ciudadanos. Solo cinco de los diecisiete partidos quedan del lado continuista, y el PNV es el cuarto, tras Ciudadanos, el PP y el PSOE.
Ahí está la anomalía. De los diez partidos que el test sitúa del lado del pluralismo territorial solo dos defienden el régimen, y uno de ellos, el PSOE, apenas se aparta del centro en territorio. El PNV es el único que combina una posición casi extrema de pluralismo con el continuismo institucional.
La incoherencia es de los dos. El continuista del test es el partido que no respaldó aquel texto y sigue anclando su autogobierno en un título anterior a él: lo sostiene mientras le rinda autogobierno y siga siendo renegociable. Y el PP defiende la misma Constitución mientras sostiene que las comunidades tienen demasiadas competencias y que el Estado debería recentralizar parte, es decir, mientras propone revertir el reparto que ese texto abrió.
03Ciento cuarenta puntos y ninguna coincidencia
CalibraciónEl territorial es el mayor desacuerdo del par por un margen enorme, ciento cuarenta puntos, más del doble que el siguiente, y divergen en las cuatro preguntas. El PNV sostiene que Cataluña, País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir sobre su autogobierno y que España debe avanzar hacia un Estado federal, y rechaza imponer el castellano como lengua vehicular y recentralizar competencias. El PP responde lo contrario a las cuatro.
En ese eje el PNV no se distingue de Junts: responden igual a las cuatro y el PP diverge de ambos en las cuatro. Y sin embargo su afinidad con el PNV es del setenta y uno por ciento y con Junts del sesenta y dos. Lo que mueve la aguja no es el territorio, idéntico, sino dos bloques enteros, el del régimen y el religioso: con el PNV hace pleno en los dos, con Junts no coincide en ninguna de esas ocho preguntas.
El dato ordena el mapa. De los veintiséis pares del test que divergen en las cuatro preguntas territoriales y a la vez coinciden en las cuatro del régimen, solo dos lo hacen desde el continuismo: este y el de Ciudadanos con el PNV. Los otros veinticuatro coinciden porque las dos partes quieren sustituir el sistema del 78, no porque quieran conservarlo.
04La empresa, la familia y la Iglesia
CalibraciónEn religión coinciden en las cuatro preguntas: los dos defienden la financiación pública de la concertada de orientación religiosa, los símbolos religiosos en escuelas y edificios públicos y la asignatura de religión con efectos académicos plenos, y los dos se oponen a eliminar los privilegios fiscales y patrimoniales de la Iglesia. El eje los separa cuarenta puntos, porque el PP es bastante más confesional en la escala, y aun así no hay una sola divergencia.
En tradición vuelven a hacer pleno: familia de padre, madre e hijos como modelo que las leyes deben favorecer, tauromaquia como patrimonio, costumbres heredadas preservadas activamente, y ninguno suscribe la memoria histórica como política activa del Estado. En economía coinciden en seis de las ocho: bajar impuestos a las empresas, flexibilizar el despido, y no al salario mínimo, a las pensiones por reparto intactas, a la sanidad exclusivamente pública y a la renta básica.
Las dos divergencias económicas son las de una democracia cristiana con hacienda propia: el PNV no se pronuncia sobre los topes al alquiler, a los que el PP se opone, y apoya el impuesto a las grandes fortunas, que el PP rechaza y que él votó y aplica en Euskadi. Con el otro partido del turno el cuadro se invierte: el PP coincide con el PSOE en cero de las cuatro preguntas de religión, cero de las cuatro de tradición y una de las ocho de economía. Con el PNV, en catorce de esas dieciséis.
05El cuerpo, la palabra y la identidad
CalibraciónEn libertad civil no coinciden en nada, y el contraste con el bloque religioso es el hallazgo del par. El PNV sostiene el aborto como decisión exclusiva de la mujer, la eutanasia como derecho amplio y la despenalización del consumo adulto de drogas, y el PP se opone a las tres. La cuarta se invierte: el PP quiere más cámaras y reconocimiento facial y el PNV no se pronuncia. Próximo a la Iglesia en lo confesional y separado de ella en lo corporal.
En libertad de expresión los separan quince puntos, tan pocos como en el régimen, y no por buenas razones. Ninguno suscribe que ninguna opinión deba ser delito por su contenido y ninguno acepta que la regulación estatal de medios y redes sea mínima. Difieren en el catálogo: el PP conserva los tipos que protegen a la corona, los símbolos del Estado y los sentimientos religiosos, y rechaza penalizar el discurso de odio hacia colectivos protegidos; el PNV, al revés en las dos.
Su menor distancia es la internacional, diez puntos, y aun así solo coinciden en la mitad del eje: los dos defienden la pertenencia a la Unión Europea, pero el PNV apoya regularizar a los inmigrantes con arraigo y rechaza reforzar fronteras, y el PP al revés. En identidad los separan sesenta puntos hacia lados contrarios de un eje cuyo centro es el universalismo: el PNV del lado de las minorías protegidas, porque la nación que defiende no tiene Estado; el PP del de la mayoría, con la identidad cultural española como bien a proteger. Su única coincidencia ahí, la neutralidad sobre priorizar a los españoles en el acceso a servicios, llega por motivos opuestos: el PP no los excluye de la sanidad universal, y el sujeto político del PNV no son los españoles.
El par incomoda a los dos. Al PP le obliga a explicar por qué su tercera afinidad más alta de dieciséis, tras Vox y Se Acabó La Fiesta, es un partido que quiere una España plurinacional y federal. Al PNV, por qué el test lo pone más cerca del PP, setenta y uno, que de EH Bildu, sesenta y ocho, con quien comparte sujeto nacional, y por qué defiende sin fisuras un régimen cuyo texto fundacional pidió no votar. Su acuerdo no está en la idea de España sino debajo de ella: la empresa, la familia, la Iglesia y las reglas del juego. Suficiente para pactar casi todo y no para pactar lo único que a los dos les define.