El análisis
La CUP es el peor encaje de SALF, pese a compartir el rechazo al 78
De las dieciséis comparaciones que registra SALF, ninguna da una afinidad menor que la de la CUP: 46%, con solo seis coincidencias de cuarenta y dos preguntas. Los separan ciento setenta y ocho puntos en territorio, la distancia mayor del par, aunque en régimen coincidan en tres de cuatro preguntas.
01Una asamblea sin líder, un canal con uno solo
RegistroLa CUP nace como marca electoral compartida por candidaturas locales de pueblos y ciudades catalanas que empiezan a presentarse a finales de los ochenta, cada una surgida de su propia asamblea vecinal. La regla de origen sigue vigente: los cargos rotan, las decisiones bajan a la militancia de base y ningún dirigente encarna al partido en solitario. Tarda años en unificarse como fuerza capaz de entrar en el Parlament.
Se Acabó La Fiesta llega por el camino inverso. Luis Pérez Fernández, conocido como Alvise Pérez, construye durante años una audiencia en Telegram publicando denuncias sobre corrupción, sin partido ni aparato detrás. Cuando ese canal se presenta a las elecciones europeas, la organización nace ya con una única cara reconocible y sin estructura territorial previa.
La diferencia no es solo de origen, es de mecánica. Si la CUP quiere cambiar de postura, necesita convencer a docenas de asambleas; si SALF quiere cambiar, basta con que lo decida quien dirige el canal. Esa arquitectura distinta corre en paralelo a la distancia que el modelo mide entre ambas.
02Tumbar el 78 sin ponerse de acuerdo en el trono
CalibraciónEl régimen es, con cincuenta y cinco puntos, la segunda distancia más pequeña del par, y de sus cuatro preguntas coinciden en tres: los dos sostienen que el sistema institucional debería sustituirse, que la Constitución del 78 ya no funciona y que las élites han traicionado a los ciudadanos y deben desalojarse en bloque. Esta última la comparten trece de los diecisiete partidos: no distingue a este par, es la postura mayoritaria del arco.
La única divergencia del eje es la monarquía. La CUP la rechaza sin matices, coherente con su republicanismo. SALF no tiene postura fijada: es el único de los diecisiete que el modelo deja sin respuesta en esa pregunta, y también el único con las cuatro preguntas de régimen corregidas a mano, porque su rupturismo es denuncia práctica sobre la Casa Real y la 'casta', no un programa institucional sobre qué vendría después.
En expresión coinciden en un punto llamativo: ninguna mantendría las leyes que penalizan ofensas a la corona, a las fuerzas armadas o a los sentimientos religiosos. Para la CUP es una corrección obligada, porque su antimonarquismo es tan explícito que el cálculo automático la había situado defendiendo esas mismas leyes. Para SALF es coherencia con su libertarismo de la palabra. Fuera de esa pregunta, en expresión no coinciden en nada.
03Veinte puntos que esconden el desacuerdo real sobre quién entra
CalibraciónEl internacional es, con veinte puntos, la distancia más pequeña de las nueve, y a primera vista parece el eje donde más se parecen. Coinciden en las dos preguntas que enmarcan el debate: España no gana más de lo que pierde en la Unión Europea, y la soberanía nacional debe primar sobre cualquier marco supranacional. Llegan ahí por vías distintas: la CUP desde un euroescepticismo anticapitalista tan duro que rechaza presentarse a las europeas; SALF desde un soberanismo nacional-populista.
Pero las dos preguntas que convierten ese marco en política concreta dan la respuesta contraria. La CUP defiende regularizar a los inmigrantes que llevan tiempo viviendo y trabajando en España y se opone a blindar fronteras; SALF sostiene lo opuesto en ambas. El modelo corrige a mano las dos respuestas de la CUP, porque su vector bajo en este eje viene del rechazo a Bruselas y no de una posición migratoria: sin esa corrección, el cálculo le habría atribuido la postura contraria a su línea antirracista.
Veinte puntos de distancia agregada no significan proximidad real: son dos rechazos a la UE con motivos opuestos que aterrizan cerca en la puntuación, mientras la pregunta que de verdad importa, qué se hace con quien ya está aquí, los deja en polos contrarios.
04Ciento setenta y ocho puntos: quién es la nación y quién decide
CalibraciónEn territorio la distancia es de ciento setenta y ocho puntos, la mayor del par, y no coinciden en ninguna de las cuatro preguntas. La CUP marca noventa y ocho, el valor más alto de los diecisiete partidos del test: Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir, España debería federalizarse y ninguna comunidad tiene competencias que recentralizar. SALF marca menos ochenta, del lado contrario: castellano garantizado por ley como lengua vehicular y recentralización de competencias.
En identidad la distancia es de ciento cincuenta puntos, la segunda mayor. El eje no es simétrico: su centro es el universalismo, y sus polos protegen a sujetos opuestos, minorías de un lado y mayoría cultural del otro. La CUP puntúa ochenta hacia las minorías: cuotas de paridad, lenguaje inclusivo, derechos colectivos para grupos discriminados. SALF puntúa menos setenta hacia la mayoría: identidad cultural española como bien a proteger, inmigración a gran escala como amenaza. No son dos identitarismos con distinto acento, son respuestas incompatibles a la misma pregunta.
Sumadas, territorio e identidad concentran más de un tercio de la distancia total entre los dos partidos en los nueve ejes: la pregunta de fondo, quién cuenta como sujeto de una nación y cómo se organiza el Estado que la contiene, resuelta en direcciones opuestas por dos formaciones que en régimen acaban de firmar casi lo mismo.
05Economía, cuerpo y costumbre: el resto del catálogo
CalibraciónEn economía la distancia es de ciento veinticinco puntos y las ocho preguntas divergen las ocho. La CUP puntúa menos noventa, el intervencionismo más alto del test: sanidad pública, pensiones íntegras, renta básica universal, topes al alquiler, impuesto a las grandes fortunas. SALF puntúa más treinta y cinco, del lado del mercado, y responde lo contrario en las ocho, del despido a la fiscalidad empresarial.
Tradición y religión suman doscientos diez puntos sin apenas coincidencias: SALF defiende la familia con padre, madre e hijos como modelo legal, la tauromaquia protegida, la concertada religiosa y los símbolos religiosos en lo público; la CUP se opone a las cuatro y añade que la memoria histórica debe ser política de Estado. En libertad civil, ochenta puntos: la CUP apoya el aborto, la eutanasia y despenalizar las drogas; SALF queda sin postura en aborto, eutanasia y vigilancia, y solo fija posición clara al oponerse a la despenalización.
La afinidad final, 46%, es la más baja que SALF registra en sus dieciséis comparaciones, por debajo incluso de Podemos o Esquerra, con quienes comparte el mismo rechazo genérico al 78. El régimen les da su bloque de acuerdo más limpio; todo lo demás, quién es la nación, qué protege el Estado y cómo se reparte la riqueza, los deja en extremos opuestos.
El resultado incomoda a los dos. A la CUP le toca explicar que su rechazo al 78 lo comparte con un partido cuya economía, identidad y modelo territorial son los que combate desde el municipalismo asambleario. A SALF le toca una pieza más incómoda: entre sus dieciséis comparaciones, su peor encaje es precisamente la formación con la que más coincide en denunciar a las élites y en sustituir el sistema. Compartir el diagnóstico sobre quién ha fallado no dice nada sobre quién debería gobernar después.
