El análisis
Coinciden en tumbar el 78; ni siquiera ahí se ponen de acuerdo en la Corona
Coinciden en cuatro de las cuarenta y dos afirmaciones del test, y las cuatro se concentran en solo dos de los nueve ejes: expresión y régimen. En los otros siete, del territorio a la identidad, EH Bildu y Se Acabó La Fiesta no comparten ni una respuesta.
01Un 'no' en la papeleta de 1978, un partido sin nombre propio
RegistroLa coalición que hoy continúa en EH Bildu nace en 1978 como Herri Batasuna, uniendo a varias organizaciones de la izquierda abertzale. Su primer acto conjunto fue la campaña por el NO en el referéndum que sometió a votación la Constitución aquel diciembre: nació ya rechazando el texto fundacional del régimen, no por desgaste posterior. Sus primeros diputados mantuvieron durante años la práctica de no ocupar su escaño en el Congreso.
De esa coalición, atravesada después por la violencia de ETA, desciende con relevos de sigla la EH Bildu actual, constituida en 2012. Se Acabó La Fiesta tampoco arrancó con el nombre que quería: Alvise Pérez pretendía presentarse a las europeas de 2024 bajo su propio nombre, pero la ley electoral prohíbe usar el de una persona física conocida, así que concurrió como agrupación de electores. Solo se inscribió como partido en el registro del Interior meses después.
El contraste importa. Un rechazo al régimen que arranca en la papeleta que lo fundó, sostenido después con años de asientos vacíos en Madrid, no es el mismo rupturismo que uno cuyo primer choque con las reglas del juego fue una norma sobre qué nombre podía llevar una lista electoral. Los dos acaban coincidiendo en sustituir el sistema, pero llegan ahí con historias que no se parecen en nada.
02El territorio, la mayor distancia, sin una sola coincidencia
CalibraciónDe los nueve ejes, el territorial es el que más separa al par: ciento setenta puntos, con Bildu en noventa, cerca del extremo plurinacional, y SALF en menos ochenta, centralista. Las cuatro preguntas se responden en sentido contrario: Bildu sostiene que Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir su autogobierno, y que España debería ser un Estado federal; SALF niega ambas cosas, exige el castellano vehicular por ley y pide recentralizar.
Es de los bloques más limpios del par: cada uno describe con sus cuatro respuestas el perfil que su propia ficha anuncia, soberanista vasco uno, centralista español el otro.
El territorio comparte ese cero con otros seis ejes completos: economía, tradición, religión, libertad civil, identidad e internacional. El tamaño de la distancia no predice el acuerdo; ninguno de esos siete aporta una coincidencia. Las cuatro que sí existen se concentran en los dos que quedan, expresión y régimen.
03Un identitarismo de minorías frente a uno de mayoría
CalibraciónEl identitario es la segunda mayor distancia, ciento veinte puntos, y el eje que peor tolera la lectura rápida. Su centro no es un punto neutro entre dos identitarismos parecidos: es el universalismo, y desde ahí se sale hacia dos polos opuestos. Bildu puntúa cincuenta hacia el de las minorías; SALF, menos setenta, hacia el de la mayoría cultural.
Conviene subrayar lo que la etiqueta de nacionalismo periférico no anticipa: Bildu no ocupa el polo etnonacional, el que protegería una mayoría vasca frente a su dilución. Ocupa el mismo lado que Podemos o Sumar. Coincide con SALF en que el Estado proteja los derechos colectivos de grupos discriminados, pregunta que nombra entre ellos a las naciones sin Estado; en cuotas y lenguaje inclusivo, Bildu dice que sí y SALF que no.
La otra mitad del eje pregunta por la mayoría española, y ahí SALF sí tiene posición: identidad cultural española como bien a proteger, inmigración como amenaza, prioridad a los españoles en servicios. Bildu se opone a las dos primeras y queda neutral en la tercera, no por indecisión sino porque esa pregunta no nombra a su sujeto.
04El régimen concentra el acuerdo, y no es un hallazgo exclusivo
CalibraciónEl régimen no es el eje donde menos los separa la puntuación, esa distinción es de la expresión, con cuarenta y cinco puntos, pero es donde se concentra lo poco que comparten: tres de sus cuatro coincidencias en todo el test están aquí. Los dos creen que el sistema del 78 debería sustituirse, niegan que la Constitución siga funcionando en lo esencial y afirman que las élites del régimen han traicionado a los ciudadanos.
Conviene no sobrevalorar el bloque. Ninguna de las tres es un hallazgo exclusivo: sustituir el régimen lo apoyan doce de los diecisiete partidos del test, dar la Constitución por agotada lo comparten otros doce, la traición de las élites la firman trece. No se acercan tanto entre sí como se suman, cada uno por su lado, a una mayoría del arco que ya piensa así.
La cuarta pregunta, si la monarquía debe preservarse, es la única sin coincidencia, y eso que once de los diecisiete también se alinean con el rechazo de Bildu. SALF es el único partido sin postura fijada ahí, el único cuyas cuatro respuestas de régimen exigen corrección manual: ataca a la Corona en la práctica sin formular nunca alternativa republicana. El eje termina en cincuenta puntos, más que el de la palabra, por esa pieza que le falta.
05La palabra los acerca más que nadie y aporta menos que el régimen
CalibraciónEl resto de bloques sin coincidencia repite el patrón. En economía, ciento cinco puntos y las ocho preguntas divergentes: Bildu defiende los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, la sanidad pública y la renta básica; SALF se opone a las cuatro y también rechaza subir el salario mínimo y blindar las pensiones por reparto, con un perfil de mercado moderado, treinta y cinco puntos, por detrás del PP, Vox, Ciudadanos y Aliança Catalana.
En tradición y religión, ochenta y cinco puntos cada eje, tampoco una casilla común: el reformismo cultural y el laicismo de Bildu contra la familia de referencia, la tauromaquia protegida y la concertada religiosa que defiende SALF. En libertad civil, sesenta y cinco puntos, cambia la forma sin cambiar el resultado: donde Bildu tiene posición, aborto, eutanasia, videovigilancia, el modelo corrige a neutral tres de las cuatro respuestas de SALF. En internacional, ochenta y cinco puntos, la europeísta crítica de Bildu se opone al soberanismo de SALF.
Queda la expresión, y ahí está la ironía del par: es el eje donde menos los separa la puntuación y, aun así, solo aporta una de las cuatro coincidencias posibles. Bildu defiende las leyes contra el discurso de odio hacia colectivos protegidos y quiere más regulación de medios; SALF, uno de los dos únicos partidos del test junto con Ciudadanos del lado positivo del eje, rechaza ambas cosas. Solo coinciden en derogar las penas por ofender a la corona o al Estado: SALF por libertad simétrica, Bildu porque esos símbolos no son los suyos.
El par incomoda a los dos. A Bildu le corresponde explicar que su rechazo al régimen, con casi medio siglo de recorrido, coincide en las mismas tres casillas con un partido que, al entrar en las instituciones, todavía discutía qué nombre podía llevar en la lista. A SALF, que el eje donde el modelo lo acerca más a Bildu, la palabra, es justo el que menos aprovecha: una coincidencia de cuatro, frente a las tres del régimen. Comparten la conclusión, sustituir el 78, y ninguna pieza de lo que vendría después: ni el sujeto nacional que reclama Bildu ni el Estado unitario que reclama SALF.
