El análisis
Discrepan en intensidad: lo que de verdad los separa no lo mide ningún eje
Coinciden en cuarenta y una de las cuarenta y dos afirmaciones, y la que falta no es un desacuerdo sino una casilla que a Esquerra no le encaja. Sus dos mayores distancias, régimen y territorio, suman noventa puntos y no cambian ni una respuesta.
01Un partido de 1931 y una plataforma de 2023
RegistroEsquerra Republicana de Catalunya se funda en 1931 y es el partido de Francesc Macià y Lluís Companys, que proclamaron la República catalana desde la Generalitat. Republicana, laica y de izquierdas desde el origen, atravesó la clandestinidad y el exilio, ha presidido el Govern y su dirección acabó juzgada y condenada tras el proceso soberanista.
Sumar llega por un camino sin equivalencia. Se lanza en 2023 como plataforma de Yolanda Díaz, entonces vicepresidenta segunda del Gobierno, para reagrupar el espacio a la izquierda del PSOE tras el desgaste de Unidas Podemos. No es un partido clásico con militancia e historia, sino una confluencia de formaciones y figuras alrededor de una candidatura, y la ruptura con Podemos llegó enseguida.
En Madrid sostienen la misma mayoría desde sillas distintas: Sumar desde el consejo de ministros y Esquerra desde fuera, apoyando investiduras a cambio de competencias y desjudicialización. Pero, a diferencia de otras parejas del bloque periférico, estos dos sí se disputan un voto: el componente catalán de Sumar concurre en Cataluña contra Esquerra. Esa competencia explica su fricción pública mejor que ninguno de los nueve ejes.
02La única casilla distinta no es un desacuerdo
CalibraciónSu afinidad es del ochenta y siete por ciento y solo nueve de los ciento treinta y seis pares posibles puntúan más alto. Coinciden en cuarenta y una de las cuarenta y dos afirmaciones: únicamente tres pares responden igual a todas, y otros seis se quedan, como este, a una casilla.
La que falta pregunta si el Estado debe priorizar a los ciudadanos españoles frente a los inmigrantes en sanidad, vivienda y ayudas. Sumar responde que no; Esquerra queda neutral, porque no usa a los españoles como categoría propia. Ocho de los diecisiete dejan esa casilla vacía: los siete nacionalismos sin Estado y el PP, por otro motivo documentado. De los seis pares con una sola divergencia, cuatro la tienen ahí.
Conviene enunciarlo como límite del instrumento y no como hallazgo: uno rechaza el criterio y al otro la pregunta no le alcanza. Contarlo como discrepancia es una asimetría del modelo. Sin ese hueco serían el cuarto par en responder igual a las cuarenta y dos, sin una sola casilla que los distinguiera.
03Los dos ejes que más los separan no mueven ni una respuesta
CalibraciónLa mayor distancia del par está en el régimen: cincuenta puntos, Sumar en veinte del lado rupturista y Esquerra en setenta. Y responden idénticamente a las cuatro preguntas del eje: ninguno preserva la monarquía parlamentaria, los dos quieren sustituir el régimen institucional, los dos niegan que la Constitución siga funcionando y los dos sostienen que sus élites traicionaron a los ciudadanos.
La diferencia es de cuánto, no de qué. Sumar es el menos rupturista de los doce partidos que el test coloca en ese lado: impugna el régimen del 78 mientras ocupa sus ministerios y negocia dentro de sus reglas. Esquerra está bastante más adentro, con seis partidos todavía por debajo. Uno suscribe un diagnóstico; el otro organiza su política alrededor de él.
El territorio repite el patrón: cuarenta puntos, la segunda distancia, y otra vez las cuatro respuestas iguales. Esquerra puntúa noventa y cinco, empatada con Junts y por detrás solo de la CUP; Sumar, cincuenta y cinco, y entre los partidos que concurren en toda España solo Podemos queda más lejos. Juntos suman noventa puntos, casi la mitad de lo que los separa, sin producir una divergencia.
04Quién es más radical, y en qué
CalibraciónEl desacuerdo de grado no apunta siempre al mismo lado, y eso desmonta el paquete que suele venderse junto. Sumar es más intervencionista, setenta y cinco frente a cincuenta y cinco, y más identitario de minorías, setenta y cinco frente a cincuenta, el tercero de los diecisiete tras Podemos y la CUP. Esquerra es más federal y comparte con la CUP el extremo secular del test.
En economía responden igual a las ocho preguntas, y dos pesan más que las otras seis: la sanidad exclusivamente pública y la renta básica universal, las dos en que el PSOE frena a toda su izquierda. Marcan el perímetro de la socialdemocracia clásica y las cruzan juntos, con veinte puntos entre ellos y ninguna consecuencia en el recuento.
En identidad coinciden en cinco de las seis: cuotas de paridad, lenguaje inclusivo oficial, derechos colectivos de los grupos históricamente diferenciados, y niegan que la identidad cultural española sea un bien a proteger o que la inmigración amenace la cultura receptora. Esa tercera afirmación cita entre esos grupos a las naciones sin Estado: Esquerra la firma para la suya, Sumar para una que no es la suya.
05La palabra, donde los dos están del mismo lado incómodo
CalibraciónQuedan quince puntos en libertad de expresión, sin divergencias y sin motivo para el elogio. Ninguno suscribe que una opinión no deba ser nunca delito por su contenido, los dos consideran necesarias las leyes contra el discurso de odio y ninguno quiere una regulación mínima de medios y redes. El eje es simétrico y los dos quedan en la mitad que pena opiniones.
Los dos derogarían además los tipos que protegen a la corona, a las fuerzas armadas, a los símbolos del Estado y a los sentimientos religiosos, y el modelo necesita la misma corrección expresa en ambos. Recortan el catálogo penal que ampara al Estado que quieren cambiar y conservan el que ampara a los colectivos que reconocen.
Sus dos menores distancias son de cinco puntos y caen en libertad civil y en el eje internacional. En el cuerpo y en la frontera son intercambiables: aborto, eutanasia, consumo adulto de drogas sin persecución, ninguna ampliación del reconocimiento facial, pertenencia a la Unión Europea, regularización de los inmigrantes con arraigo y ningún blindaje de fronteras.
La incomodidad va en las dos direcciones. Sumar está más cerca de Esquerra, ochenta y siete, que del PSOE, ochenta, con quien comparte consejo de ministros; y Esquerra, más cerca de Sumar que del PSOE, setenta y uno, cuya mayoría sostiene. Y aun así, lo único que de verdad los separa no aparece: uno quiere refundar el Estado en clave plurinacional y el otro quiere marcharse de él. El eje territorial pregunta cuánta periferia, no cuál; el del régimen, si sustituirlo, no qué poner en su lugar. A Sumar le queda explicar por qué su proyecto de Estado es indistinguible, casilla por casilla, del de un partido cuyo objetivo es la secesión. A Esquerra, cómo un cuestionario de cuarenta y dos afirmaciones recorre entera su posición política sin tropezarse ni una vez con la independencia.