El análisis
Cero de distancia en Europa, ciento ochenta y ocho en el territorio
Su afinidad es del treinta y cinco por ciento, la tercera más baja de los ciento treinta y seis pares del test, con solo cinco coincidencias de cuarenta y dos afirmaciones. Y sin embargo el eje internacional los deja a distancia cero exacta: el mismo número sostiene el atlantismo soberanista de Vox y el rechazo de la CUP a presentarse siquiera a las elecciones europeas.
01Cinco coincidencias, dos catálogos opuestos
CalibraciónVox y la CUP tienen una afinidad del treinta y cinco por ciento, la tercera más baja de los ciento treinta y seis pares del test, por detrás de Ciudadanos frente a Falange y frente a Núcleo. Coinciden en cinco de las cuarenta y dos afirmaciones, divergen en treinta y siete, y sumadas las nueve distancias por eje es el tercer par más alejado del test.
Dos coincidencias están en libertad de expresión: ninguno acepta que ninguna opinión sea delito por su contenido, y ninguno quiere una regulación mínima de medios y redes. Los dos admiten que el Estado castigue el discurso; cambia el catálogo. Vox protege los tipos que amparan la corona y los símbolos del Estado y rechaza ampliar los delitos de odio; la CUP responde lo contrario en ambas.
Las otras dos están en internacional: los dos niegan que España gane más en la Unión Europea de lo que pierde en soberanía, y anteponen la soberanía nacional a cualquier marco supranacional. La quinta, la más citada del test, es que las élites del 78 han traicionado a los ciudadanos y deben ser desalojadas en bloque. Lo que sigue explica por qué esas cinco frases no acortan la distancia real.
02Un partido fundado desde dentro, otro desde la asamblea
RegistroVox no nace fuera del PP, nace dentro. Lo fundan a finales de 2013 antiguos cuadros populares encabezados por Santiago Abascal, que venía del PP vasco, junto a Alejo Vidal-Quadras, reclamando que el partido había cedido terreno en la defensa de la unidad nacional frente al desafío independentista catalán. Fue marginal hasta 2018, cuando entró por primera vez en un parlamento autonómico.
La Candidatura d'Unitat Popular tiene una genealogía distinta y más larga: sus antecedentes municipalistas se remontan a mediados de los ochenta, cuando confluyen candidaturas de la izquierda independentista en ayuntamientos catalanes bajo esa sigla. No se presenta al Parlament de Catalunya hasta 2012, casi tres décadas después de sus primeras candidaturas locales.
La diferencia no es solo de fecha, es de arquitectura. Vox tiene un liderazgo estable y personalista; la CUP se organiza en asamblea, rota representantes y limita por estatutos las carreras institucionales, sin portavoz único permanente. Cada uno se define además contra un adversario distinto: Vox contra la blandura territorial del PP; la CUP contra la vía institucional de Esquerra y contra el propio Estado español.
03El territorio, el desacuerdo casi al límite
CalibraciónLa mayor distancia del par está en el territorio: ciento ochenta y ocho puntos sobre doscientos posibles. No es la máxima del test (la CUP llega a ciento noventa y seis frente a Núcleo y a Falange), pero está entre las más altas de los ciento treinta y seis pares, empatada con Aliança Catalana frente a esas dos formaciones y con EH Bildu frente a Núcleo.
La CUP puntúa noventa y ocho, la posición más federalista y plurinacional de los diecisiete partidos, por delante de Junts y de Esquerra: Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir su encaje, España debería avanzar hacia un Estado federal asimétrico, y rechaza blindar el castellano como lengua vehicular y recentralizar competencias.
Vox marca noventa puntos en sentido opuesto, la tercera posición más centralista, solo por detrás de Núcleo y Falange: niega que esas tres comunidades sean naciones, exige el castellano garantizado por ley en toda España y defiende recentralizar competencias. En las cuatro preguntas del eje no hay una sola respuesta compartida.
04Economía e identidad, extremos que no se cruzan
CalibraciónEn economía la distancia es de ciento cuarenta puntos. La CUP puntúa noventa de intervención, la posición más estatalista de los diecisiete, por delante de Frente Obrero y de Podemos: rechaza bajar impuestos y flexibilizar el despido, y apoya topes al alquiler, el impuesto a las fortunas, subir el salario mínimo, blindar pensiones y sanidad pública, y la renta básica. Vox está en el cincuenta de mercado, igual que PP y Ciudadanos, y responde lo contrario en las ocho preguntas.
Conviene precisar lo que esa cifra no dice. Vox no comparte la herradura anticapitalista que une a Núcleo y a Falange con buena parte de la izquierda: esos dos, de raíz nacional-sindicalista, puntúan sesenta y cinco y setenta y cinco de intervención, más cerca de la CUP que de Vox. Vox es, aquí, un partido de mercado moderado sin matices.
En identidad la distancia es de ciento sesenta y cinco puntos, y el eje no es simétrico: su centro es el universalismo. La CUP puntúa ochenta del identitarismo de minorías, la segunda posición más alta tras Podemos: cuotas de paridad, lenguaje inclusivo oficial, derechos colectivos de grupos discriminados. Vox puntúa ochenta y cinco del identitarismo de mayoría, la tercera tras Núcleo y Falange: identidad cultural española frente a una inmigración que considera amenaza. No son identitarismos parecidos: son los dos polos del eje, y alejarse ambos del centro no los acerca.
05Europa, donde el mismo número esconde motivos opuestos
CalibraciónEl internacional es el único eje con distancia cero exacta, la mínima posible, compartida solo por otros tres pares: PP frente a Sumar, Junts frente a EH Bildu, y Aliança Catalana frente a SALF. Vox y la CUP puntúan menos cuarenta cada uno, y no es la posición más soberanista del test: Falange, Núcleo, Frente Obrero, Aliança Catalana y SALF marcan cifras más extremas.
El motivo es opuesto. Vox es soberanista selectivo: eurocrítico y a la vez atlantista, defensor de la OTAN, y su rechazo a la Unión Europea no alcanza a las alianzas militares occidentales. La CUP rechaza también la OTAN y ve la Unión Europea tan antidemocrática que no se presenta a sus elecciones, algo que ningún otro partido del test hace: la misma cifra sostiene un atlantismo soberanista y un antiimperialismo que rechaza los dos bloques.
Ese euroescepticismo no cierra a la CUP a la inmigración: apoya regularizar a quienes llevan tiempo en España y rechaza blindar fronteras, lo contrario de Vox. Y en régimen, distancia de ciento diez puntos, la coincidencia sobre las élites del 78 no iguala la posición de fondo: Vox es monárquico y constitucionalista, veinticinco puntos del lado continuista; la CUP está en menos ochenta y cinco. Uno denuncia a las élites de un régimen que no quiere sustituir; la otra quiere sustituirlo.
La conclusión incomoda a los dos. Quien sostenga que en los extremos todo se parece tiene que explicar por qué divergen en treinta y siete de cuarenta y dos afirmaciones y por qué su distancia sumada en los nueve ejes es la tercera mayor del test. Quien sostenga que no comparten nada tiene que explicar por qué coinciden, palabra por palabra, en que ninguna institución debería tener la última palabra sobre lo que se puede decir y en que las élites del 78 traicionaron a los ciudadanos. No comparten programa: comparten la certeza de que el orden vigente es ilegítimo, y proponen sustituirlo por dos países que no podrían parecerse menos entre sí.
