El análisis
Coinciden hasta en el rechazo a Bruselas, y aun así no comparten nación
La afinidad entre la CUP y Frente Obrero es del sesenta y uno por ciento: en economía los separan solo dos puntos, la menor distancia económica no nula del test, y en régimen la distancia es cero. En territorio, ciento setenta y tres puntos, abren la mayor grieta que Frente Obrero registra con cualquiera de sus otros dieciséis rivales.
01Dos puntos en economía, cero en régimen
CalibraciónLa CUP puntúa menos noventa en economía y Frente Obrero menos ochenta y ocho: los dos partidos más intervencionistas del test. Coinciden en las ocho preguntas del eje: rechazan bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y apoyan los topes al alquiler, el impuesto a las fortunas, el salario mínimo, las pensiones por reparto, la sanidad pública y la renta básica. Esos dos puntos son la menor distancia económica no nula de las ciento treinta y seis parejas del test.
En régimen no hay ni siquiera esa distancia: los dos puntúan menos ochenta y cinco y coinciden en las cuatro preguntas. Ninguno defiende la monarquía, los dos quieren sustituir el sistema del 78, ninguno da la Constitución por vigente y los dos creen que las élites han traicionado a los ciudadanos. Es una de solo cinco parejas del test con distancia cero, junto a Podemos con Junts, Aliança Catalana con la CUP y con Frente Obrero, y Núcleo con Falange.
El bloque se completa con religión: veinticinco puntos de distancia y las cuatro preguntas coincidentes. Ninguno financiaría la concertada religiosa, los dos eliminarían los privilegios fiscales de la Iglesia, ninguno permitiría símbolos religiosos en lo público y los dos rechazan la asignatura confesional con efectos académicos. La CUP llega por laicismo asambleario; Frente Obrero, por anticlericalismo marxista.
02Una candidatura vecinal y una escisión del comunismo organizado
RegistroLa CUP nace de la base, no de una dirección. Sus primeras candidaturas municipales aparecen en pueblos catalanes a mediados de los ochenta, asambleas locales al margen de los partidos estatales. No confluyen en una organización única hasta 2012, cuando se federan para concurrir al Parlament, y mantienen desde entonces la misma lógica: sin líder único, con portavocías rotatorias.
Frente Obrero recorre el camino inverso. Antes de ser partido fue una corriente dentro de Reconstrucción Comunista, fundada en 2009 por militantes del PCE y del PCPE críticos con Washington y con el bloque ruso-chino. Se presenta como frente de masas en octubre de 2018 en el Ateneo de Madrid, se inscribe como partido al año siguiente y no se independiza hasta su primer congreso, en 2022, con el historiador Roberto Vaquero al frente.
Son dos maneras opuestas de organizarse, antes incluso de ser dos maneras opuestas de entender la nación: la CUP construye autoridad de abajo arriba; Frente Obrero, desde una escisión doctrinal que cristaliza en un congreso fundacional. Ambas trayectorias terminan coincidiendo en dieciocho respuestas sobre mercado, religión y régimen pese a un origen tan distinto.
03Las dos preguntas que rompen el patrón de Frente Obrero
CalibraciónEn internacional la distancia es de treinta y cinco puntos: la CUP puntúa menos cuarenta, Frente Obrero menos setenta y cinco, los dos soberanistas. De las cuatro preguntas coinciden en dos: ninguno cree que España gane más en la UE de lo que pierde en soberanía, y los dos priorizan la soberanía nacional sobre cualquier marco supranacional. Con los otros cinco socios habituales de la izquierda plurinacional (Podemos, Sumar, Esquerra, Bildu, BNG), fijados en dieciocho, aquí llegan a veinte.
Las otras dos preguntas sí los separan: la CUP apoya regularizar a los inmigrantes con arraigo y rechaza reforzar fronteras; Frente Obrero defiende lo contrario. El vector de la CUP está bajado por su euroescepticismo, de los más duros del arco parlamentario: rechaza presentarse a las europeas por considerar la UE antidemocrática. Sin corrección le atribuiría también cierre migratorio, lo contrario de su línea real.
Esa corrección distingue a este par de los otros cuatro que Frente Obrero ya tiene publicados con la izquierda plurinacional: con Podemos, Sumar, Esquerra y Bildu, las catorce preguntas de identidad, territorio e internacional no dejan ni una coincidencia. Con la CUP el bloque se resquebraja donde nadie lo esperaría: en la relación con Europa.
04Ciento setenta y tres puntos: la nación que no comparten
CalibraciónEn territorio la CUP puntúa noventa y ocho y Frente Obrero menos setenta y cinco: ciento setenta y tres puntos, sin una coincidencia. La CUP sostiene que Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir y que España debería ser federal; rechaza el castellano como lengua vehicular única y la recentralización. Frente Obrero defiende lo contrario en las cuatro: es la mayor distancia territorial que le mide el test con cualquiera de sus dieciséis rivales.
En identidad la distancia es de ciento veinte puntos, pero el eje no compara dos versiones de lo mismo: su centro es el universalismo, y de ahí se sale hacia polos opuestos, minorías o mayoría cultural. La CUP puntúa ochenta hacia el primero; Frente Obrero menos cuarenta hacia el segundo, lejos de Núcleo y Falange. No comparten ninguna de las seis preguntas: la CUP apoya cuotas, lenguaje inclusivo y derechos de minorías; Frente Obrero defiende la identidad cultural española frente a la inmigración masiva.
La sexta pregunta, priorizar a los españoles, deja a la CUP en neutral, no en desacuerdo: la misma corrección que se aplica a Esquerra, Junts y Bildu, porque su sujeto no son 'los españoles'. Es la lógica del territorio otra vez: la CUP decide el encaje de una nación catalana; Frente Obrero ve en la fragmentación territorial la derrota de la clase trabajadora española.
05El cuerpo, la costumbre y a quién le toca callar
CalibraciónEn libertad civil la CUP puntúa cuarenta y Frente Obrero menos diez: cincuenta puntos, sin una coincidencia. La CUP defiende el aborto, la eutanasia y el consumo adulto de drogas sin interferencia estatal; Frente Obrero se opone a las tres. En vigilancia estatal la CUP rechaza ampliar cámaras y reconocimiento facial, y Frente Obrero queda neutral: su autoritarismo es de clase, no securitario.
En tradición la distancia es de ochenta puntos, y se invierten los papeles habituales: Frente Obrero puntúa veinticinco, tradicionalista, uno de los pocos partidos de izquierda con signo positivo en este eje; la CUP, menos cincuenta y cinco, reformista. Frente Obrero defiende la familia tradicional como modelo legal y las costumbres heredadas; la CUP rechaza ambas. En tauromaquia y memoria histórica Frente Obrero queda neutral; la CUP apoya la memoria activa y rechaza proteger la tauromaquia.
En expresión la distancia baja a veinte puntos, y no es acercamiento liberal: los dos rechazan que ninguna opinión deba ser delito, es decir, aceptan que alguna sí lo sea, y rechazan una regulación mínima de medios. Divergen en el catálogo: la CUP apoya penar el discurso de odio hacia colectivos protegidos y Frente Obrero se opone; sobre las ofensas a la Corona, la CUP las rechaza sin matices y Frente Obrero, republicano de raíz marxista, queda neutral.
El resultado incomoda a los dos. La CUP construye su identidad sobre un internacionalismo antirracista y sin fronteras, y aun así comparte con Frente Obrero el rechazo a que España gane algo en la Unión Europea: dos preguntas internacionales que ningún otro socio plurinacional comparte con él. A Frente Obrero, cuyo españolismo proletario debería situarlo en las antípodas de un independentismo catalán, el test le da con la CUP su menor distancia económica y una coincidencia total en el rechazo al 78. Pero en el territorio no hay margen: ciento setenta y tres puntos es la mayor grieta que abre con cualquiera, y ningún acuerdo sobre el mercado o Bruselas la cierra.
