El análisis
Se fundó contra su proyecto de país, y coincide con él en dieciséis de cuarenta y dos preguntas
Ciudadanos nace en la Cataluña del tripartit que Esquerra empujaba hacia el soberanismo, y el test mide esa distancia con una precisión curiosa: sus dos mayores desacuerdos, territorio y régimen, dan exactamente el mismo número, ciento cincuenta. Fuera de esas dos preguntas de fondo, la afinidad general es del cincuenta y siete por ciento y coinciden en dieciséis de las cuarenta y dos afirmaciones del test, casi todas en religión, costumbres y libertad civil.
01Nace en la Cataluña del tripartit, se disuelve en el PP
RegistroCiudadanos se funda en Barcelona en 2006, tras un manifiesto firmado por intelectuales catalanes como Albert Boadella, Félix de Azúa, Arcadi Espada y Francesc de Carreras. El motivo declarado no era combatir a un partido concreto sino llenar un hueco: no había, según sus fundadores, una opción no nacionalista en Cataluña que no fuese además conservadora, un espacio que el PP no lograba ocupar.
El momento no es casual. Cataluña llevaba desde 2003 gobernada por el tripartit de PSC, Esquerra e Iniciativa, y Esquerra era el socio que más empujaba el proyecto soberanista. Ese mismo 2006 se somete a referéndum la reforma del Estatut, recortada después en las Cortes; Esquerra pide el no por considerarla insuficiente. Ciudadanos nace en medio de esa disputa sobre cuánto autogobierno reclamar.
Los caminos posteriores divergen del todo. Esquerra lideró el ciclo independentista de la pasada década, vio a su dirección juzgada y condenada, y acabó facilitando la investidura de Pedro Sánchez a cambio de indultos, reforma del Código Penal y amnistía. Ciudadanos, con Rivera y luego Arrimadas, fue la fuerza más votada en unas catalanas sin gobernar, ejerció de bisagra en el Congreso y terminó absorbido por el PP, que heredó sus cargos y su electorado. El partido nacido contra la hegemonía nacionalista no sobrevivió a ella.
02Dos preguntas de fondo, la misma distancia exacta
CalibraciónEn territorio Ciudadanos puntúa cincuenta y cinco del lado unitario y Esquerra noventa y cinco, cerca del extremo pluralista: ciento cincuenta puntos, sin término medio en las cuatro preguntas. Esquerra defiende que Cataluña, el País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir, y un Estado federal; Ciudadanos lo niega, exige el castellano vehicular por ley y pide recentralizar competencias.
En régimen la distancia es la misma, ciento cincuenta, también sin matices: las cuatro preguntas se responden en direcciones opuestas. Ciudadanos defiende la monarquía, sostiene que la Constitución del 78 sigue funcionando y niega que las élites hayan traicionado a los ciudadanos: con ochenta puntos, es el partido más continuista de los diecisiete que mide el test. Esquerra responde lo contrario en las cuatro, con setenta puntos del lado rupturista.
Que ambos ejes empaten no es una regla del modelo, es coincidencia aritmética. En régimen Ciudadanos sí es el extremo absoluto del test; en territorio no, porque Núcleo y Falange puntúan aún más bajo. Esquerra tampoco es el extremo en ninguno: la CUP la supera en pluralismo territorial, y seis partidos son más rupturistas que ella en régimen. La resta de los vectores da igual el mismo número: ciento cincuenta, las dos mayores distancias del par.
03La economía, sin una sola coincidencia
CalibraciónEn economía Ciudadanos puntúa cincuenta del lado del mercado y Esquerra cincuenta y cinco del lado intervencionista: ciento cinco puntos de distancia, la segunda mayor del par, y la única de las nueve donde no hay ni una coincidencia. Ciudadanos defiende bajar los impuestos a las empresas y flexibilizar el despido; Esquerra rechaza las dos ideas.
El resto del eje es igual de sistemático. Esquerra defiende topes legales al alquiler, un impuesto extraordinario sobre las grandes fortunas, seguir subiendo el salario mínimo, blindar las pensiones por reparto, una sanidad exclusivamente pública y una renta básica universal; Ciudadanos se opone a las seis.
Conviene no confundir esta distancia con la del territorio o el régimen. Ciento cinco puntos es una discrepancia real y total, ocho de ocho preguntas, pero menor que las dos que sí tocan el máximo del par. Lo que separa a Ciudadanos de Esquerra en Cataluña no es sobre todo cuánto Estado: es qué es Cataluña y qué es España, y esas dos preguntas pesan más en el modelo que toda la agenda fiscal junta.
04La palabra y la identidad: simetría contra selectividad
CalibraciónEn libertad de expresión Ciudadanos puntúa sesenta, la cifra más alta de los diecisiete partidos del test en el polo de la libertad simétrica; solo SALF le acompaña en ese lado, y bastante más abajo. Esquerra queda en veinticinco, del lado que acepta perseguir cierto discurso. En la pregunta más dura del eje, si ninguna opinión debe ser delito la considere alguien fascista, de odio, antiespañola o blasfema, Ciudadanos dice que sí y Esquerra que no.
Hay sin embargo una coincidencia que rompe el estereotipo. Esquerra propuso eliminar del Código Penal las injurias a la Corona, a los sentimientos religiosos y a los símbolos del Estado, y votó a favor de derogarlas; ahí coincide con Ciudadanos. Donde se separan es en el catálogo simétrico: Esquerra sostiene que las leyes contra el discurso de odio son necesarias, y Ciudadanos las rechaza también.
En identidad la distancia es de cincuenta puntos, pero el eje no mide dos identitarismos opuestos: mide distancia desde el centro universalista. Ciudadanos está en ese cero exacto, el único de los diecisiete, y rechaza cuotas, lenguaje inclusivo y la idea de una identidad española que proteger. Esquerra puntúa cincuenta hacia el identitarismo de las minorías, y aun así coincide con Ciudadanos en rechazar la identidad española como bien colectivo, porque su sujeto nunca fue España.
05Donde casi no hay distancia: cuerpo, costumbre y clero
CalibraciónLas dos menores distancias del test están aquí. En costumbres los separan solo cinco puntos: ninguno defiende la familia tradicional como modelo legal, ni la tauromaquia como patrimonio, ni preservar activamente las costumbres heredadas. La única discrepancia es la memoria histórica como política de Estado, que Esquerra respalda y Ciudadanos ni apoya ni rechaza: se abstuvo en la Ley de Memoria Democrática pese a criticar aspectos centrales.
En religión la distancia es de diez puntos y los dos están del lado secular: coinciden en eliminar los privilegios fiscales de la Iglesia, en rechazar los símbolos religiosos en lo público, y en negar efectos académicos a la asignatura de religión. Solo divergen en la concertada religiosa, que Ciudadanos mantuvo en los gobiernos autonómicos que compartió con el PP.
En libertad civil los separan veinte puntos: los dos defienden el aborto y la eutanasia como decisión propia, y rechazan ampliar la videovigilancia; solo discrepan en drogas. Y en internacional, con treinta y cinco puntos de distancia porque Ciudadanos es más cosmopolita, coinciden en las cuatro preguntas: Europa, soberanía, regularizar inmigrantes y no reforzar fronteras. Es el ejemplo más claro de que afinidad y coincidencia miden cosas distintas.
Ninguna de las dos partes sale cómoda de esta comparación. Quien vote a Ciudadanos por su origen antinacionalista tiene que digerir que el test lo sitúe más cerca de Esquerra que del PP en religión, costumbres y libertad civil: es más heredero de la Ilustración laica que de la derecha cultural. Quien vote a Esquerra por su defensa de la libertad tiene que digerir que el único partido, junto a SALF, que rechaza perseguir cualquier discurso, el fascista y el de odio por igual, sea precisamente su rival fundacional, mientras Esquerra conserva un catálogo propio de opiniones punibles. Se fundaron el uno contra el otro por el territorio, y ahí siguen, empatados en la mayor distancia posible del par; en casi todo lo demás, piensan más parecido de lo que ninguno querría admitir.
