El análisis
Coinciden en el aparato del Estado y rompen en para qué sirve
Territorio, internacional y expresión, doce preguntas, sin una sola discrepancia. En religión, régimen y costumbres, ni una respuesta común de las otras doce. La afinidad es del setenta y dos por ciento; el recuento pregunta a pregunta, veintiuna de cuarenta y dos, es un empate exacto a la mitad.
01Un fuero de 1895, una plataforma de 2023
RegistroEl PNV no nace de una plataforma sino de un fuero: lo funda Sabino Arana en Bilbao en 1895 sobre una base católica y foralista que el tiempo convierte en democracia cristiana. Desde ahí ha presidido el Gobierno vasco casi toda la etapa autonómica sin haber suscrito nunca el pacto de 1978: pidió la abstención en aquel referéndum y sostiene su autogobierno sobre un título foral anterior a la propia Constitución.
Sumar nace casi ciento treinta años después, en 2023, como plataforma impulsada por Yolanda Díaz, entonces vicepresidenta del Gobierno. No es un partido nuevo sino una confluencia de organizaciones ya existentes: Izquierda Unida, los Comuns catalanes, Más Madrid, Compromís. Su propósito fue conservar un espacio de gobierno a la izquierda del PSOE.
El registro práctico los sitúa del mismo lado de la aritmética parlamentaria: son socios habituales de las legislaturas del PSOE en Madrid, uno desde el Gobierno y otro desde fuera. Es la convivencia entre un nacionalismo confesional con siglo y cuarto de historia y una coalición que no llega a los tres años.
02Ocho preguntas sobre el Estado, ninguna discrepancia
CalibraciónEl territorial y el internacional son sus dos menores distancias, veinte puntos y diez, sin una sola pregunta sin coincidir: naciones con derecho a decidir, Estado federal, ningún castellano vehicular impuesto y ninguna recentralización; Unión Europea, sin blindar fronteras y regularizando a quien lleva tiempo trabajando aquí.
Es un bloque de acuerdo poco frecuente: solo diez de los ciento treinta y seis pares registran menor distancia internacional, y apenas doce no superan veinte puntos a la vez en territorio e internacional. Este par entra en ambos grupos, la compañía de Esquerra y Bildu, con la diferencia de que aquí uno de los dos ni siquiera pide otro Estado.
El detalle interesante es quién empuja más: el PNV marca setenta y cinco en territorio y cincuenta y cinco en internacional, por encima de Sumar en los dos. Su plurinacionalismo no es el matiz institucional que sugiere su etiqueta democristiana, sino una posición más intensa que la de la coalición que se dice izquierda transformadora.
03El dinero, donde sí discuten
CalibraciónLa economía es la mayor distancia del par, ochenta y cinco puntos, con una sola coincidencia de ocho preguntas. Sumar defiende subir el salario mínimo, las pensiones íntegras por reparto, la sanidad exclusivamente pública y una renta básica universal; el PNV rechaza las cuatro. Sumar se opone a bajar impuestos a las empresas y a flexibilizar el despido; el PNV apoya las dos. Sobre los topes al alquiler no tiene posición documentada.
La única coincidencia es el impuesto a las grandes fortunas, que el PNV votó a favor y aplica en Euskadi. Es la excepción que confirma el resto: de los siete partidos del polo de mercado, el PNV es el de margen más estrecho, diez puntos. Su liberalismo económico es real pero comedido; el de Sumar tampoco es el más intenso de los diez partidos intervencionistas del test.
Traducido, el desacuerdo no enfrenta a un partido de mercado con una socialdemocracia de gestión, la lectura fácil dado el resto del par. Enfrenta a una democracia cristiana capaz de pactar un impuesto a las fortunas con la izquierda vasca, y a una coalición que agrupa desde el poscomunismo hasta el ecologismo.
04La Iglesia y la costumbre, sin una sola coincidencia
CalibraciónEn religión y costumbres, ocho preguntas y ninguna respuesta común. El PNV defiende la concertada religiosa, los símbolos religiosos en edificios públicos y la religión con efectos académicos, y se opone a eliminar los privilegios fiscales de la Iglesia; Sumar sostiene lo contrario en las cuatro. En costumbres protege el modelo familiar de referencia, la tauromaquia y lo heredado, mientras Sumar defiende la memoria histórica como política de Estado, que el PNV rechaza.
Es la cara más literal de su perfil democristiano: religión es su tercera mayor distancia, setenta y cinco puntos, con las cuatro invertidas. Pero conviene medir la intensidad, no solo la dirección. De los siete partidos del polo confesional, el PNV es el de margen más estrecho, veinte puntos, muy por detrás de Vox, el PP o Núcleo Nacional: confesional frente a Sumar, bastante menos frente a su propio bando.
Sumar, del lado secular, no dosifica igual: ninguna de las ocho preguntas le deja neutral. El PNV llega a su polo por el camino corto; Sumar lo recorre entero. La vieja cuestión religiosa española, que la Transición aparcó sin resolver, sigue viva dentro de un pacto de investidura que nunca la menciona.
05El régimen, cuatro veces; la identidad, casi nunca
CalibraciónEl régimen es la segunda mayor distancia, ochenta puntos, y otro pleno: el PNV sostiene que la monarquía debe preservarse, que la Constitución funciona y que sus élites no han traicionado a nadie; Sumar responde lo contrario en las cuatro. Pero ninguno ocupa el extremo de su bando. El PNV es el segundo continuista más moderado de los cinco que defienden el régimen, tras Vox, sesenta puntos frente a los setenta, setenta y cinco y ochenta de PSOE, PP y Ciudadanos. Sumar, con menos veinte, es el más próximo al centro de los doce que quieren sustituirlo: cuestiona el régimen desde el Gobierno, no desde fuera.
En identidad coinciden en cinco de seis preguntas, y el eje no es simétrico: su centro es el universalismo, y aquí los dos caen del mismo lado, el de las minorías protegidas, no en polos opuestos. Suscriben las cuotas de paridad, el lenguaje inclusivo institucional y los derechos colectivos, y niegan que la identidad cultural española deba protegerse o que la inmigración amenace la cultura receptora. La sexta, priorizar a los españoles en servicios, no la comparten: Sumar dice que no, y el modelo deja al PNV sin postura, porque su sujeto político son los vascos, el mismo criterio de los demás nacionalismos periféricos.
En expresión los separan treinta puntos y aun así coinciden en las cuatro preguntas: ninguno cree que una opinión no deba ser nunca delito, ambos ven necesarias las leyes contra el discurso de odio, rechazan las penas por ofender símbolos y no aceptan una regulación mínima de medios. La distancia mide intensidad, no dirección. Repartido el test en dos bloques, el patrón queda desnudo: territorio, internacional, expresión, identidad y civil suman veinte coincidencias y dos divergencias de veintidós; economía, tradición, religión y régimen suman diecinueve divergencias y una coincidencia de veinte. Casi no hay término medio.
A Sumar, alternativa declarada al régimen del 78, le toca explicar por qué comparte territorio, Europa y casi toda la identidad con una democracia cristiana centenaria, y por qué su oposición al régimen es la más moderada de los doce que lo cuestionan. Al PNV, socio que se presenta como sobrio, le toca explicar por qué el partido que impulsó la abstención en el referéndum de 1978 defiende hoy ese régimen en las cuatro preguntas del eje, con el margen más moderado de los tres partidos de tradición gubernamental que lo hacen. Coinciden en cómo organizar el Estado y rompen en para qué sirve organizado: eso es lo que ni la afinidad del setenta y dos por ciento ni el empate a veintiuno resuelven.
