El análisis
Su único empate exacto es la certeza de que hay opiniones castigables
De cuarenta y dos afirmaciones coinciden en cuatro, y ninguna es suya: dos las firman quince de los diecisiete partidos, otra la responden diez y la cuarta es una casilla que ambos dejan vacía. Su único eje sin distancia es el que mide si una opinión puede ser delito.
01Cuatro casillas de cuarenta y dos, y ninguna es suya
CalibraciónSu afinidad es del cincuenta y cuatro por ciento, el puesto noventa y tres de los ciento treinta y seis pares posibles, y coinciden en cuatro afirmaciones, el puesto ciento veinticuatro. Seis de los nueve ejes no producen ni una coincidencia: economía, costumbres, religión, cuerpo, territorio y régimen, veintiocho respuestas en direcciones contrarias.
Las cuatro caen fuera de esos seis, y conviene medir cuánto distinguen. Dos son de expresión y las suscriben quince de los diecisiete: ninguno acepta que una opinión no deba ser nunca delito por su contenido, ni que la regulación de medios y redes sea mínima. La tercera, rechazar que la soberanía prime sobre cualquier marco supranacional, la responden diez. La cuarta no es una respuesta: es una casilla vacía.
Siete de los nueve ejes los colocan a distinto lado del cero, y solo veinticinco de los ciento treinta y seis pares llegan ahí. Los dos que no cruzan son el de expresión, donde marcan el mismo número exacto, y el internacional, donde comparten lado únicamente porque el Bloque queda en cinco puntos, el último del lado cosmopolita.
02Fraga volvió a Galicia y enfrente creció un frente
RegistroAlianza Popular la funda en 1976 Manuel Fraga Iribarne, que había sido ministro de Franco, y de su refundación de finales de los ochenta sale el Partido Popular. Fraga era gallego, y su última etapa no transcurrió en Madrid: presidió la Xunta de Galicia desde 1990 hasta 2005. El PP no es un adversario lejano del Bloque, es quien ha gobernado su comunidad casi toda la etapa autonómica.
El BNG tampoco nació como partido, sino como frente: se constituye en una asamblea celebrada en A Coruña en 1982 que reúne organizaciones previas, la más influyente la Unión do Povo Galego, de los años sesenta. Su referente es Castelao, que escribió Sempre en Galiza en el exilio, y su agravio fundacional, el estatuto gallego plebiscitado en 1936 que el golpe dejó sin vigencia.
Sus primeros diputados se negaron a acatar la Constitución y acabaron expulsados del Parlamento gallego, y el frente no aceptó el marco autonómico hasta mediados de los ochenta. Su única experiencia de gobierno fue la vicepresidencia de la Xunta en coalición con los socialistas gallegos, y quien le puso fin fue Alberto Núñez Feijóo, luego líder del PP en toda España, cuya Xunta redujo por decreto la presencia del gallego en la enseñanza.
03El empate exacto está en la palabra
CalibraciónEn libertad de expresión su distancia es de cero puntos: los dos marcan veinticinco del lado de las opiniones punibles, la cifra exacta de Esquerra Republicana. Solo ocho de los ciento treinta y seis pares empatan en este eje, y de esos ocho este es el que menos coincidencias acumula en todo el cuestionario.
El empate no nace de defender nada. Solo dos de los diecisiete quedan del lado de la libertad simétrica, Ciudadanos y SALF, y son los únicos que responden que sí a la pregunta más directa del eje: que ninguna opinión debe ser delito por su contenido, la considere alguien fascista, de odio, antiespañola o blasfema. El PP y el Bloque responden que no.
Lo que los separa es el catálogo, no la premisa. El Bloque tiene por necesarias las leyes contra el discurso de odio y derogaría los tipos que castigan las ofensas a la corona y a los símbolos del Estado, corrección que el modelo anota en su caso. El PP responde al revés en ambas y es uno de los cuatro partidos que conservan ese segundo catálogo. Cada uno despenaliza la ofensa al símbolo que no siente propio.
04El territorio es su mayor distancia y no ordena nada
CalibraciónEl eje territorial los separa ciento cuarenta y cinco puntos, la mayor de sus nueve distancias, y divergen en sus cuatro preguntas. Una nombra Galicia de forma expresa: si Cataluña, País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir su autogobierno. El Bloque responde que sí; el PP que no, y defiende el castellano vehicular por ley y la recentralización.
La cifra dice menos de lo que parece. De los siete partidos que el test coloca arriba en pluralismo territorial, el Bloque es el segundo menos distante del PP, solo por detrás del PNV: Esquerra y Junts quedan a ciento sesenta, la CUP a ciento sesenta y tres, Aliança Catalana y EH Bildu a ciento cincuenta y cinco. Y aun así el PP coincide con el Bloque en menos afirmaciones que con cinco de esos seis: solo la CUP queda por debajo.
Lo que ordena el par son los otros ejes. Ciento veinticinco puntos de régimen, las cuatro preguntas divergentes: el PP es el segundo más continuista de los diecisiete, tras Ciudadanos, y el Bloque el menos rupturista de los seis nacionalistas periféricos del lado contrario. Ciento cinco en economía, las ocho divergentes: el PP marca cincuenta del lado del mercado, la cifra de Vox y de Ciudadanos, y el Bloque cincuenta y cinco del intervencionista, la de Esquerra. Y ciento cinco en religión, ochenta en costumbres y setenta en el cuerpo.
05Dos silencios y una casilla firmada al revés
CalibraciónEl eje identitario los separa sesenta y cinco puntos y no mide grados de una misma cosa: su centro es el universalismo y sus polos son contrarios, identitarismo de minorías a un lado y de mayoría al otro. El PP queda en el segundo, el más próximo al centro de los siete de ese lado. El Bloque queda en el primero por lo mismo que EH Bildu y Esquerra: la nación que defiende no tiene Estado.
Dos de sus treinta y ocho divergencias son un silencio, uno de cada lado. El PP es el único de los diecisiete que no se pronuncia sobre si la inmigración a gran escala amenaza la cultura del país receptor: rechaza ese marco y evita la frase. El Bloque es el único que no se pronuncia sobre si España gana más en la Unión Europea de lo que pierde en soberanía: el modelo recoge ahí un euroescepticismo sectorial, el de la pesca y el lácteo, que no impugna la pertenencia.
Queda la cuarta coincidencia, que tampoco es un acuerdo. A la pregunta de si el Estado debe priorizar a los ciudadanos españoles frente a los inmigrantes en sanidad, vivienda y ayudas, los dos quedan neutrales por motivos contrarios, y el modelo lo corrige a mano en ambos: el PP porque no ha excluido a los inmigrantes de la sanidad universal, el Bloque porque su sujeto no son los españoles sino los gallegos. Ocho de los diecisiete dejan ya esa casilla vacía.
El par incomoda a los dos. Al PP, porque el test le da con el Bloque la misma afinidad que con Sumar y con Falange Española, y porque el territorio, que es lo que nombra como obstáculo, lo separa del Bloque menos que de otros cinco plurinacionales. Al Bloque, porque su único empate exacto con el partido que más años ha gobernado Galicia está en el eje que mide si una opinión puede ser delito, y ahí los dos caen del lado punitivo. Nada de lo que comparten es suyo, y en siete de los nueve ejes están a distinto lado del cero: el único donde marcan la misma cifra es el que a ninguno de los dos le conviene.