El análisis
Cada uno es liberal exactamente donde el otro no lo es
Los separan ciento treinta y cinco puntos en economía, su mayor distancia, y divergen en treinta y ocho de las cuarenta y dos afirmaciones. De las cuatro que comparten, dos sirven para negar que una opinión no deba ser nunca delito.
01Cuatro casillas de cuarenta y dos, y siete ejes en blanco
CalibraciónSu afinidad es del cuarenta y ocho por ciento y divergen en treinta y ocho afirmaciones de cuarenta y dos. Siete de los nueve ejes no producen ni una coincidencia: economía, costumbres, religión, cuerpo, identidad, territorio y régimen se responden al revés pregunta por pregunta, las treinta y cuatro. Solo catorce de los ciento treinta y seis pares llegan a siete ejes limpios, y ninguno a ocho.
Las cuatro coincidencias caen enteras en sus dos menores distancias, veinticinco puntos cada una. Dos son europeas: España gana más en la Unión de lo que pierde en soberanía, y la soberanía nacional no debe primar sobre los marcos supranacionales. Las otras dos son negativas: ninguno suscribe que una opinión no deba ser nunca delito por su contenido, ni que la regulación estatal sobre medios y redes sea mínima.
Conviene desactivar el superlativo. Cuarenta y ocho por ciento no es la menor afinidad del test: veintiocho pares quedan por debajo. Tampoco es la menor del PP, más lejos de la CUP, ni la de Podemos, más lejos de Falange, de Vox y de Núcleo Nacional. Y esas cuatro casillas son las mismas que el PP comparte con Sumar: el desacuerdo no es con Podemos, es con el espacio entero.
02Ciento treinta y cinco puntos: la frontera es el dinero
CalibraciónEl eje económico es su mayor distancia y divergen en las ocho preguntas. El PP defiende bajar los impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y rechaza los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, subir el salario mínimo, las pensiones por reparto intactas, la sanidad exclusivamente pública y la renta básica universal. Podemos responde lo contrario en las ocho.
Importa dónde cae cada uno. El PP marca cincuenta del lado del mercado y solo Aliança Catalana queda por delante. Podemos marca ochenta y cinco del intervencionista, y solo la CUP y Frente Obrero quedan más allá. No discuten el ritmo de una reforma: discuten para qué existe el Estado.
Ese cincuenta del PP es la cifra exacta de Vox y de Ciudadanos, así que la distancia económica de Podemos con los tres es idéntica, ciento treinta y cinco puntos, y con las mismas ocho divergencias. Desde donde está Podemos, tres partidos que llevan una década disputándose el mismo electorado son un solo punto del mapa.
03Uno redactó las reglas; el otro nació para impugnarlas
RegistroAlianza Popular la funda en 1976 Manuel Fraga Iribarne, que había sido ministro de Franco, con la apuesta de reformar el orden anterior en lugar de romperlo. Fraga participó en la ponencia que redactó la Constitución y firmó el texto. De la refundación de finales de los ochenta, con José María Aznar al frente, salió el Partido Popular.
Podemos se presenta en 2014, impulsado por profesores de ciencia política de la Complutense alrededor de Pablo Iglesias, con Íñigo Errejón y Juan Carlos Monedero entre los fundadores, y recoge el malestar de las plazas de 2011. Su marco no enfrentaba izquierda contra derecha sino casta contra gente, tomado de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe. El adversario no era el PP: era el bipartidismo entero, con el PSOE dentro.
Entre ambos no hay historia de pacto ni de negociación, a diferencia de la que el PP acumula con nacionalistas vascos y catalanes. Su cruce institucional más señalado fue la moción de censura que desalojó del Gobierno a Mariano Rajoy y que Podemos apoyó: no un acuerdo, sino la ocasión en que uno contribuyó a echar al otro. Uno defiende un edificio del que se considera copropietario; el otro nació diciendo que está mal levantado.
04El cuerpo y la palabra
CalibraciónEn libertad civil hay ochenta y cinco puntos y las cuatro preguntas divergen. El eje mide la libertad de Locke y Mill: ausencia de coacción estatal sobre lo que no daña a terceros. El PP rechaza el aborto como decisión exclusiva de la mujer, la eutanasia como derecho amplio y despenalizar el consumo adulto de drogas, y defiende ampliar cámaras y reconocimiento facial. Queda cuarto de diecisiete por el lado de la coacción, detrás solo de Vox, Núcleo y Falange.
En libertad de expresión la distancia es de veinticinco puntos, la menor del par junto con la internacional, y los dos están del mismo lado, que no es el liberal. Podemos queda tercero de diecisiete en restricción del discurso, detrás solo de Núcleo y Falange; el PP queda a media tabla. Lo que comparten es la negación del principio, y con ellos quince de los diecisiete.
El eje es simétrico y ahí se comprueba. Podemos sostiene las leyes que penalizan el discurso de odio hacia colectivos protegidos y derogaría los tipos que amparan a la corona, los símbolos del Estado, las fuerzas armadas y los sentimientos religiosos. El PP hace lo inverso en ambas cosas, y es uno de los cuatro partidos que conservan ese segundo catálogo. Ninguno defiende la palabra: defiende la suya.
05El régimen, el territorio y una identidad que no es simétrica
CalibraciónEn régimen hay ciento treinta puntos y ninguna respuesta común. El PP preserva la monarquía parlamentaria, da por vigente la Constitución del 78, rechaza sustituir el sistema institucional y niega que sus élites hayan traicionado a los ciudadanos. Podemos responde lo contrario a las cuatro: es el desacuerdo que lo fundó, medido pregunta a pregunta.
El recuento invierte quién es la excepción. Sustituir el régimen lo firman doce de los diecisiete partidos, y la frase sobre las élites que traicionaron, trece: las posiciones de Podemos son las mayoritarias del arco y las del PP quedan en minorías de cinco y de cuatro. Podemos tampoco es el extremo de su lado: siete partidos quedan más abajo en rupturismo, y su cifra es la de Junts.
Quedan ciento treinta puntos en territorio y ciento diez en identidad, con las diez preguntas de ambos ejes divergentes. El identitario no mide grados de una misma cosa: su centro es el universalismo y sus polos son contrarios. Podemos ocupa el máximo del test en la protección de minorías; el PP está enfrente, pero es el más próximo al centro de los siete de ese lado, y no se pronuncia sobre si la inmigración amenaza la cultura receptora ni sobre priorizar a los españoles en los servicios.
El par deja a los dos sin su mejor argumento. Quien vea en el PP al partido de la libertad tiene que explicar por qué es el cuarto de diecisiete en el eje que mide la coacción del Estado sobre el cuerpo, el consumo y la privacidad. Quien vea en Podemos al partido que devuelve la voz tiene que explicar por qué es el tercero de diecisiete en restringir lo que puede decirse, por delante de todos salvo de los dos partidos falangistas. Y sus dos coincidencias en ese eje no son un resto de consenso sino su reverso: los dos sostienen que hay opiniones castigables y que el Estado debe intervenir sobre medios y redes. A partir de ahí solo discuten el catálogo.