El análisis
Coinciden en que el Estado puede castigar la opinión, no en cuál
Los separan ciento sesenta y cinco puntos en régimen y ciento cincuenta en política internacional, de las mayores distancias del test. Y sin embargo su menor distancia de las nueve, veinticinco puntos, está en libertad de expresión: los dos creen legítimo que alguna opinión sea delito, aunque no la misma.
01Diez coincidencias que caben en tres ejes de nueve
CalibraciónLa afinidad entre PSOE y Falange Española de las JONS es del cuarenta y uno por ciento, y coinciden en solo diez de las cuarenta y dos afirmaciones ideológicas del test. De los ciento treinta y seis pares posibles, trece tienen menos afinidad que este y otros tres lo igualan exactamente: no es el suelo del test, pero está pegado a él.
Lo revelador es dónde se concentran las diez coincidencias: siete en economía, dos en libertad de expresión y una en territorio. En los otros seis ejes, tradición, religión, cuerpo, identidad, marcos supranacionales y régimen, no comparten ni una sola respuesta de veintiséis posibles.
Esa geometría fija la tesis del par. Donde más se alejan es donde cabía esperar, régimen del 78 y política internacional. Donde menos, libertad de expresión, es la sorpresa: el eje que el test diseñó simétrico para cazar por igual a quien pena la opinión ajena desde la derecha y desde la izquierda, y aquí caza a los dos.
02Dos genealogías que solo se cruzan una vez
RegistroFalange Española, fundada por José Antonio Primo de Rivera en 1933, se fusiona al año siguiente con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista bajo el lema de no ser ni capitalismo ni marxismo, y rechaza también el Estado liberal y el sistema de partidos. José Antonio muere fusilado durante la Guerra Civil, y en 1937 Franco decreta la unificación forzosa de falangistas y carlistas en un partido único bajo su mando.
El PSOE llega a ese periodo desde el extremo contrario: partido obrero del siglo diecinueve, el régimen que absorbe la doctrina falangista lo ilegaliza y lo persigue casi cuarenta años. Su refundación política ocurre en el exilio, en el congreso de Suresnes, donde una generación joven encabezada por Felipe González desplaza a la vieja dirección.
Ahí está el único episodio que de verdad comparten. El partido único que en 1937 fundió a Falange con el carlismo es el mismo Estado que prohibió al PSOE durante décadas; cuando el Movimiento se disuelve en 1977 y se redacta la Constitución del 78, con Gregorio Peces-Barba en la ponencia, lo que se legaliza es el pluralismo de partidos que la doctrina falangista había rechazado por principio. Sus herederos no reconocen ese pacto, y esa negativa es la que hoy mide el eje de régimen.
03Ni capitalismo ni marxismo, a cuarenta y cinco puntos del PSOE
CalibraciónEn economía Falange marca setenta y cinco puntos del lado intervencionista, la misma cifra que Sumar y solo por detrás de la CUP, Frente Obrero y Podemos. El PSOE está en treinta: la distancia entre ambos es de cuarenta y cinco puntos, menor que la que la separa de Vox, el PP o Ciudadanos, ciento veinticinco, pero muy superior a la que la separa de Sumar, cero, o de Podemos, diez.
Ese cuarenta y cinco no impide que compartan casillas concretas. Coinciden en siete de las ocho preguntas económicas: rechazan bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y apoyan los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, subir el salario mínimo, blindar las pensiones por reparto y rechazar la renta básica universal. La única divergencia es la sanidad: el PSOE no se pronuncia sobre reducir los conciertos privados, Falange exige que sea exclusivamente pública.
Es el mismo patrón que separa afinidad de recuento en otros pares del test: la posición es gradual, la postura es binaria. Conviene no confundir el rechazo compartido al capitalismo con una premisa común. El de Falange es corporativo y jerárquico, declara la propiedad privada función al servicio de la nación; el del PSOE es socialdemócrata, gestiona el capitalismo con Estado de bienestar y no se propone sustituirlo.
04Coinciden en que alguna opinión debe ser delito
CalibraciónLa libertad de expresión es la menor de sus nueve distancias, veinticinco puntos, y ahí caen dos de sus diez coincidencias. Ninguno suscribe que ninguna opinión deba ser delito por su contenido, ni acepta que la regulación estatal sobre medios y redes deba ser mínima. No es una rareza de este par: solo dos de los diecisiete partidos del test responden lo contrario, casi todo el arco comparte esa premisa.
Lo que distingue al par no es la premisa, es el catálogo. El PSOE considera necesarias las leyes que penalizan el discurso de odio hacia colectivos protegidos, y se queda neutral sobre las que castigan las ofensas a los símbolos del Estado, a la corona o a los sentimientos religiosos: no las defiende, tampoco pide derogarlas. Falange responde al revés, rechaza las leyes de discurso de odio vigentes y afirma sin matices esas otras ofensas.
El propio modelo documenta por qué: Falange sería favorable a perseguir el antiespañolismo, la blasfemia o el discurso comunista, y por eso rechaza el catálogo actual, que entiende como herramienta del régimen que combate. Es el eje que el test diseñó simétrico a propósito, y aquí hace justo lo que promete: coloca a los dos del mismo lado por razones opuestas.
05Cuatro de cuatro: el régimen no deja ni una coincidencia
CalibraciónEn régimen, la mayor de sus nueve distancias, ciento sesenta y cinco puntos, no comparten ninguna de las cuatro preguntas. El PSOE defiende la monarquía parlamentaria y sostiene que la Constitución del 78 sigue funcionando en lo esencial; Falange, empatada con Núcleo Nacional en la posición más rupturista de los diecisiete, responde lo contrario en las cuatro.
El internacional, ciento cincuenta puntos, repite el patrón: el PSOE es el segundo partido más europeísta del test, solo por detrás de Ciudadanos, y Falange es el más soberanista de los diecisiete, antiUE y antiOTAN sin matices. En identidad, ciento treinta puntos, no son dos identitarismos comparables: el centro del eje es el universalismo, y de ahí el PSOE se aleja hacia la protección de minorías mientras Falange, empatada con Núcleo en el extremo, se aleja hacia la protección de la mayoría cultural. Son polos contrarios, no una coincidencia de fondo.
El territorio, ciento dieciocho puntos, deja la única grieta del bloque: los dos rechazan que Cataluña, el País Vasco y Galicia tengan derecho a decidir sobre su autogobierno, por motivos opuestos. Falange lo niega porque no reconoce naciones dentro de España, empatada con Núcleo en la posición más centralista de las diecisiete; el PSOE sí acepta llamarlas naciones y defiende un Estado federal, pero rechaza la vía unilateral. La misma casilla, dos razones sin nada en común.
El par incomoda a los dos por el mismo motivo. Al PSOE, porque coincide con una de las formaciones más rupturistas y anticapitalistas del test en que el Estado puede criminalizar opiniones y regular medios más allá de lo mínimo, aunque discrepen sobre cuáles. A Falange, porque su rechazo al capitalismo la deja económicamente más cerca de Sumar y de Podemos que del PSOE al que combate como parte del mismo régimen, y porque el pluralismo de partidos que hoy la deja competir es justo lo que su doctrina fundacional negaba.
