El análisis
Coinciden en Dios, en el cuerpo y en Europa, y en nada que sea Estado
Régimen, territorio y economía suman dieciséis afirmaciones sin una respuesta común, y son sus tres mayores distancias: ciento sesenta, ciento cuarenta y cinco y ciento veinte puntos. En religión los separan cinco, con la media del test en setenta y uno.
01Dos hijos de la cuestión territorial
RegistroCiudadanos se funda en Barcelona en 2006, tras un manifiesto de intelectuales catalanes, porque en Cataluña no había opción no nacionalista que no fuese además conservadora. Nace en un territorio con lengua propia y contra el nacionalismo que lo gobernaba, con una doctrina explícita: ciudadanía constitucional, ley igual para todos y rechazo de todo identitarismo, incluido el español.
La izquierda abertzale procede del extremo contrario de esa misma cuestión. ETA se constituye en 1959 con jóvenes salidos del nacionalismo vasco, y a su alrededor existió durante décadas un espacio político que no condenó su violencia y al que la Ley de Partidos de 2002 dejó fuera de las urnas. Hubo víctimas en partidos de todos los signos, y hubo terrorismo de Estado, el del GAL, con condenas firmes. ETA cesó su actividad armada en 2011 y se disolvió en 2018.
EH Bildu se constituye en 2012 tras un debate interno que asumió las vías exclusivamente políticas, con Arnaldo Otegi como figura del giro (condenado en el caso Bateragune, con sentencia anulada tras apreciar el Tribunal Europeo de Derechos Humanos falta de imparcialidad). Cuando Ciudadanos nace, aquella ley y los pactos antiterroristas ya estaban firmados sin él. Da el salto estatal en 2015, ejerce de bisagra con los dos bloques y acaba sin concurrir a unas generales, mientras el otro sostiene mayorías. Nada de eso entra en los ejes.
02Dieciséis afirmaciones sobre el Estado, ninguna compartida
CalibraciónTres ejes enteros no producen una sola coincidencia: economía, con ocho preguntas, territorio y régimen con cuatro cada uno. Son también sus tres mayores distancias, en orden inverso al del recuento. Los tres preguntan por el Estado: bajo qué reglas se organiza, quién decide y qué hace con el dinero.
El régimen es la máxima separación y no por azar. Ciudadanos registra la puntuación más alta de los diecisiete en continuismo del 78, por delante del PP: la monarquía debe preservarse, la Constitución funciona en lo esencial, el sistema no debe sustituirse y sus élites no han traicionado a nadie. EH Bildu responde lo contrario a las cuatro. Como Ciudadanos ocupa la cima del eje, es el mayor desacuerdo de régimen de los dieciséis pares de EH Bildu.
Divergen las cuatro preguntas territoriales y las ocho económicas, pero esa forma no es del par. De los ciento treinta y seis pares del test, doce tienen vacíos exactamente esos tres ejes: seis de Ciudadanos y seis del Partido Popular, y en los dos casos las contrapartes son las mismas seis, Sumar, Podemos, Esquerra, EH Bildu, la CUP y el Bloque. No es una hostilidad particular hacia el abertzalismo ni siquiera una peculiaridad de Ciudadanos: es la geometría del desacuerdo de los dos partidos de mercado continuistas con todo el bloque de izquierda, estatal y periférico.
03Dios, las costumbres y el cuerpo: nueve de doce
CalibraciónSu menor distancia es la religiosa, cinco puntos, en un eje cuya separación media es de setenta y uno. Coinciden en tres de las cuatro: los privilegios de la Iglesia deben eliminarse, los símbolos religiosos no son legítimos en edificios públicos y la religión no debe tener efectos académicos plenos.
En tradición los separan quince puntos y en libertad civil veinticinco, y en ambos coinciden tres de cuatro. Ninguno acepta la familia de padre, madre e hijos como modelo legal preferente, ni la tauromaquia como patrimonio, ni preservar las costumbres heredadas. Los dos defienden el aborto como decisión de la mujer y la eutanasia como derecho no recortable, y rechazan más cámaras y reconocimiento facial.
Las tres divergencias de esos ejes son la misma figura repetida: Ciudadanos deja la casilla en blanco. Memoria histórica, concertada religiosa y consumo adulto de drogas, las tres anotadas en el modelo como correcciones manuales. Criticó la ley de memoria sin oponerse, mantuvo la concertada en los gobiernos que compartió con el PP y nunca defendió la despenalización del consumo. Su laicismo era doctrina antes que programa.
04La palabra: rechazar los dos catálogos o solo el ajeno
CalibraciónLa expresión es el eje de menor separación media del test, treinta y un puntos; aquí valen ochenta. No porque EH Bildu sea un caso extremo: las cinco mayores distancias del eje son todas de Ciudadanos, que puntúa sesenta en la libertad simétrica, treinta y cinco por delante del segundo. Ningún partido saca esa ventaja en otro eje.
Su única coincidencia aquí es rechazar los tipos que castigan las ofensas a los símbolos del Estado, a la corona y a la religión, donde responden igual once de los diecisiete. Dicen más las otras tres: Ciudadanos sostiene que ninguna opinión debe ser delito y que la regulación de medios y redes debe ser mínima, y en ambas solo le acompaña SALF; EH Bildu responde que no a las dos y considera necesarias las leyes contra el discurso de odio.
El eje se construyó simétrico a propósito y registra la asimetría de cada uno. EH Bildu despenaliza la ofensa a los símbolos de un Estado que no siente propio y conserva la protección penal de los colectivos: rechaza un catálogo, no el principio. Ciudadanos rechaza los dos, y el precio de esa coherencia es la compañía: en ese polo solo tiene a un partido del que le separa todo lo demás.
05Europa, la inmigración y un centro que es una posición
CalibraciónEl internacional los separa cincuenta puntos y es el único eje donde coinciden en las cuatro: España gana más en la Unión de lo que pierde en soberanía, esta no prima sobre los marcos supranacionales, hay que regularizar a los inmigrantes con arraigo y no blindar fronteras. Solo tres pares de los ciento treinta y seis coinciden en las cuatro separados por cincuenta puntos o más.
Esa hoja del partido más europeísta de los diecisiete la firman enteros, además de EH Bildu, Sumar, Podemos, Esquerra y el PNV: nadie de su propio bloque. Los cincuenta puntos son intensidad y no dirección, europeísmo sin matices frente a europeísmo crítico con la arquitectura de la Unión.
En identitarismo vuelven a ser cincuenta, y aquí importa la forma del eje, cuyo centro no es indefinición sino universalismo. No están en polos opuestos: uno está en el de las minorías protegidas y el otro en el cero exacto, el único de los diecisiete, y responde que no a las seis preguntas, cosa que ningún otro hace. Coinciden en dos, y por negación: ninguno firma que la identidad cultural española sea un bien a proteger ni que la inmigración amenace la cultura receptora. Misma casilla, premisa opuesta.
Sale un cincuenta y cinco por ciento de afinidad y dieciséis de cuarenta y dos, y lo incómodo no es el recuento sino el reparto. A Ciudadanos lo separan de EH Bildu cinco puntos de religión, quince de tradición y veinticinco de libertad civil; del PP que absorbió su electorado, ciento veinticinco, noventa y cinco y noventa y cinco. Quien lo votaba por el laicismo, por el cuerpo y por que ninguna opinión fuese delito acabó más cerca del partido que trataba como límite exterior que de su heredero. Y a EH Bildu la vieja cuestión confesional lo pone a cinco puntos de un liberal español y a ochenta del PNV, el tronco del que salió. Ninguna de las nueve distancias mide, aun así, lo que de verdad hay entre ellos.