El análisis
Cuarenta y dos preguntas, cero desacuerdos: la ruptura no fue doctrinal
Responden lo mismo en las cuarenta y dos afirmaciones del test, sin una sola divergencia, y su afinidad es del noventa y dos por ciento. Dos partidos que rompieron en público, y que siguen rotos, no discrepan en nada que este cuestionario sepa medir.
01La escisión más reciente de la izquierda española
RegistroPodemos nace en 2014 del ciclo abierto por el 15-M, impulsado por Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón y un grupo de politólogos de la Complutense. Su armazón teórico era explícito y poco habitual: el populismo de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, construir un pueblo frente a una casta en lugar de representar a una clase preexistente.
La primera fractura fue interna: en Vistalegre II se enfrentaron los dos proyectos fundacionales, el de Iglesias y el de Errejón, y el ganador se quedó con el aparato. Llegó después la coalición con el PSOE, con Iglesias de vicepresidente, y al anunciar su retirada este señaló a Yolanda Díaz, ministra de Trabajo procedente de Izquierda Unida, como quien debía encabezar el espacio.
Sumar se lanza en 2023 como plataforma de Díaz para reagrupar ese espacio, y Podemos entra tras una negociación tensa cuyo punto de fricción público fue la exclusión de Irene Montero de la candidatura. Terminadas las elecciones, Podemos abandonó el grupo parlamentario de Sumar y se pasó al Grupo Mixto. Desde entonces, con Ione Belarra al frente, la acusación de haber liquidado el espacio en lugar de reunirlo es permanente.
02Cuarenta y dos de cuarenta y dos
CalibraciónEl test somete a los diecisiete partidos a las mismas cuarenta y dos afirmaciones repartidas en nueve ejes. Sumar y Podemos responden lo mismo en las cuarenta y dos: ni un matiz, ni una casilla distinta. De los ciento treinta y seis pares posibles entre los diecisiete partidos, solo tres coinciden en todo el cuestionario, y este es uno.
La coincidencia no se queda en lo genérico. En economía sostienen los dos los topes al alquiler, el impuesto a las grandes fortunas, la subida del salario mínimo, las pensiones por reparto sin planes capitalizados, una sanidad exclusivamente pública y la renta básica universal: las dos últimas marcan el techo de la socialdemocracia clásica, y lo cruzan juntos. En identidad apoyan los dos las cuotas y el lenguaje inclusivo, y niegan que la inmigración amenace la cultura del país.
La coincidencia más fina está en libertad de expresión, porque no es genérica sino una asimetría exacta. Los dos aceptan que el Estado penalice el discurso de odio hacia colectivos protegidos, y ninguno suscribe que una opinión nunca deba ser delito por su contenido. A la vez, los dos quieren derogar los tipos que protegen a la corona, a las fuerzas armadas y a los sentimientos religiosos: el modelo necesita la misma corrección para ambos.
03La postura es binaria, la posición es gradual
CalibraciónY sin embargo su afinidad es del noventa y dos por ciento, no del cien. La cifra no sale de las respuestas sino de la distancia entre sus dos vectores de nueve ejes, donde cada partido ocupa un punto en una escala continua. Se puede estar del mismo lado de una frontera a distinta distancia de ella.
En ocho de los nueve ejes Podemos está más lejos del centro que Sumar, siempre en la misma dirección: más intervencionista, más secular, más reformista en costumbres, más libertario en autonomía corporal, más restrictivo en discurso, más identitario de minorías y más plurinacional. Son diferencias de cinco y de diez puntos: el mismo programa a más volumen, no otro programa.
El noveno eje rompe el patrón. En el internacional, Podemos no está más lejos en la misma dirección sino bastante más cerca del polo contrario. Ese eje y el de régimen suman sesenta de los ciento veinte puntos de distancia repartidos entre los nueve, y pesan todavía más en el cálculo de afinidad, que penaliza las separaciones grandes. El desacuerdo real de este par, si lo hay, cabe en dos ejes de nueve.
04El régimen: treinta y cinco puntos con las mismas respuestas
CalibraciónLa mayor distancia del par está en el eje de régimen, y es el caso más limpio de por qué una postura binaria no basta. En las cuatro preguntas responden igual: los dos rechazan preservar la monarquía parlamentaria, los dos quieren sustituir el régimen institucional actual, los dos niegan que la Constitución del 78 siga funcionando y los dos afirman que sus élites traicionaron a los ciudadanos.
La calibración los separa igualmente porque no mide qué firman, sino cuánto organiza esa posición el resto de su política. Sumar queda apenas del lado rupturista: sostiene la crítica al 78 mientras ocupa ministerios del 78 y negocia dentro de sus reglas. Podemos queda mucho más abajo, con la sustitución del régimen como columna vertebral del discurso, no como aspiración aplazada.
Es la diferencia entre suscribir un diagnóstico y construir la identidad política sobre él. Un cuestionario de posturas no puede distinguirlas, porque la casilla es la misma. Un vector graduado sí, y por eso la mayor discrepancia medible entre ambos solo aparece cuando se dejan de mirar las respuestas y se miran las posiciones.
05Europa, y la pregunta que el test no hace
CalibraciónLa segunda distancia está en el eje internacional, y repite el fenómeno: respuestas idénticas, posiciones separadas. Los dos sostienen que España gana más en la Unión Europea de lo que pierde en soberanía, los dos rechazan que la soberanía nacional prime sobre cualquier marco supranacional, los dos apoyan regularizar a inmigrantes con arraigo y los dos se oponen a blindar fronteras.
La distancia viene de lo que el cuestionario deliberadamente no pregunta: las cuatro afirmaciones miden la aceptación de marcos supranacionales en general, no la pertenencia a una alianza militar concreta. Ahí está la diferencia de fondo. El europeísmo crítico de Sumar convive con la política atlantista del gobierno que integra, mientras que la oposición a la OTAN y al gasto militar es seña de identidad de Podemos.
Ese hueco es un límite asumido por diseño: una pregunta nominal sobre una alianza concreta envejece mal y arrastra el debate al terreno tribal que el test evita. La consecuencia: quien crea que estos dos discrepan sobre impuestos, vivienda, derechos civiles o modelo territorial tiene los datos en contra; quien crea que discrepan sobre el lugar de España en el mundo tiene un punto, y es el único que tiene.
El par plantea un problema que ninguno de los dos puede resolver a su favor. Si responden igual a las cuarenta y dos afirmaciones, comparten lado en los nueve ejes y solo se separan de verdad en dos, la ruptura no se explica por doctrina: no hay doctrina en disputa. Se explica por lo que un test ideológico no mide ni pretende medir, que es el control del aparato, la propiedad de la marca, quién encabeza la candidatura y la competencia por un electorado idéntico. Incomoda a los dos: convierte la traición denunciada en disputa de poder, y confirma que el espacio que se quería reagrupar nunca estuvo dividido por programa.