El análisis
Nacionalistas los dos, y cada uno más cerca de un partido del 78 que del otro
Coinciden sin una sola discrepancia en las catorce preguntas sobre la nación y divergen en diecinueve de las veinte sobre el Estado. El eje de régimen los separa ciento treinta puntos: de los siete nacionalismos periféricos del test, el PNV es el único que defiende el sistema del 78.
01Dos partidos de la República y dos posguerras distintas
RegistroEsquerra Republicana nace en 1931 de la confluencia de varios grupos de la izquierda catalana, con Francesc Macià y Lluís Companys al frente, y en cuestión de días pasa de proclamar la República Catalana a negociar la Generalitat. El PNV es treinta y seis años anterior: lo funda Sabino Arana en Bilbao en 1895 sobre una base católica y foralista que deriva con el tiempo en democracia cristiana.
Los dos gobernaron bajo la Segunda República, los dos quedaron del lado derrotado y los dos sostuvieron instituciones en el exilio: la Generalitat de Josep Tarradellas y el Gobierno vasco de José Antonio Aguirre y Jesús María de Leizaola. Companys fue detenido por la Gestapo en Francia, entregado y fusilado en Montjuïc en 1940. Es la mitad de la biografía que comparten y que sus posiciones actuales no dejan ver.
La divergencia llega después. El PNV preside el Gobierno vasco casi toda la etapa autonómica y se vuelve pieza estable de las mayorías de Madrid, pese a no haber respaldado la Constitución del 78. Esquerra pasa décadas en la marginalidad bajo la hegemonía convergente antes de volver al centro del tablero con el tripartito y luego con el proceso. Ni siquiera compiten: naciones distintas, electorados distintos y ni un grupo común en el Parlamento Europeo.
02Catorce preguntas sobre la nación y ninguna discrepancia
CalibraciónLos ejes territorial, identitario e internacional suman catorce preguntas y las responden igual las catorce. En territorio los separan veinte puntos y los dos están arriba del todo: naciones con derecho a decidir, avance hacia un Estado claramente federal, ningún castellano impuesto como lengua vehicular y ninguna recentralización. Los dos suscriben federalizar un Estado que ninguno tiene por destino final.
En identitarismo los separan quince puntos y los dos caen del lado de las minorías protegidas, no del etnonacional. El eje no es simétrico: su centro es el universalismo, y ahí la posición la fija tener una nación sin Estado. Coinciden en las seis, y tres desmienten el reflejo de leer todo nacionalismo como etnicista: ni la identidad cultural española es un bien que blindar, ni la inmigración una amenaza, ni procede priorizar a los españoles, que a ninguno le sirven de sujeto.
En el internacional los separan otros quince y vuelven a hacer pleno: España gana más en la Unión Europea de lo que pierde en soberanía, ningún marco supranacional cede ante la soberanía nacional, sí a regularizar a los inmigrantes con arraigo y no a blindar fronteras. De ahí sale el detalle que desmonta el tópico: el territorio no es su eje más cercano. Identidad, Europa y expresión están los tres por debajo.
03El régimen, ciento treinta puntos
CalibraciónEl eje de régimen los separa ciento treinta puntos y divergen en sus cuatro preguntas. El PNV sostiene que la monarquía parlamentaria debe preservarse, que la Constitución del 78 sigue funcionando, que el sistema no debe sustituirse y que sus élites no han traicionado a los ciudadanos. Esquerra responde lo contrario a las cuatro, y la primera la lleva en el nombre: la erre es la de republicana.
La cifra se entiende mirando el bloque. El test recoge siete nacionalismos periféricos, y son los siete partidos más arriba del eje territorial. Seis son rupturistas del 78 y el PNV es el único continuista. Entre esos siete hay veintiún pares posibles, y los seis que incluyen al PNV son exactamente los seis mayores desacuerdos de régimen, de ciento diez puntos para arriba; los otros quince no llegan a cuarenta.
Una pregunta enseña la anomalía mejor que ninguna. Ante la afirmación de que las élites del régimen del 78 traicionaron a los ciudadanos y deben ser desalojadas en bloque, trece de los diecisiete partidos dicen que sí. Los cuatro que lo niegan son el PP, el PSOE, Ciudadanos y el PNV. Esquerra está con los trece.
04Veinte preguntas sobre el Estado y un solo acuerdo
CalibraciónEconomía, religión, costumbres y régimen suman veinte preguntas y solo coinciden en una. En economía divergen siete de las ocho: el PNV apoya bajar impuestos a las empresas y flexibilizar el despido, y rechaza subir el salario mínimo, blindar las pensiones por reparto, una sanidad exclusivamente pública y la renta básica. Esquerra sostiene lo contrario en cada una y añade los topes al alquiler, donde el vasco se abstuvo.
El único acuerdo del bloque es el impuesto extraordinario sobre las grandes fortunas, y el modelo solo lo registra porque lleva una corrección escrita a mano: el PNV lo votó a favor y lo aplica en Euskadi. Es lo que separa a una democracia cristiana con hacienda propia de un liberalismo de manual, y el único punto en que el nacionalismo vasco firma la fiscalidad del catalán.
En religión los separan noventa y cinco puntos y divergen en las cuatro preguntas: concertada religiosa, privilegios de la Iglesia, símbolos en edificios públicos y asignatura con efectos académicos plenos. En costumbres, ochenta puntos y otras cuatro de cuatro, incluida la memoria histórica como política activa del Estado, que Esquerra defiende y el PNV no, aquí por deducción y no por un voto anotado. Dos partidos perseguidos por la misma dictadura discrepan sobre cómo tratarla.
05Donde se parecen, y no por defender nada
CalibraciónTres ejes empatan como su menor distancia, quince puntos: identidad, Europa y expresión. El tercero merece mirarse, porque coinciden en sus cuatro preguntas y ninguna es una defensa de la libertad de expresión. Ninguno suscribe que una opinión no deba ser delito por su contenido, cosa que entre los diecisiete solo firman Ciudadanos y Se Acabó La Fiesta. Los dos ven necesarias las leyes de discurso de odio y ninguno acepta que la regulación de medios y redes sea mínima.
La cuarta pregunta del eje los retrata igual de bien. Los dos derogarían los tipos que penalizan las ofensas a la corona, a las fuerzas armadas y a los símbolos del Estado, y en ambos casos hizo falta anotarlo aparte: su posición general no lo predecía. Despenalizan el símbolo que no sienten propio y conservan la protección penal de los colectivos. La asimetría es la misma y apunta al mismo sitio.
En libertad civil los separan veinticinco puntos y coinciden en tres de cuatro: aborto, eutanasia y consumo adulto de drogas, los tres fuera del alcance penal del Estado. El PNV está ahí donde su etiqueta democristiana no lo pondría, movido por su voto y no por su doctrina. Esquerra es de los que menos correcciones necesitan, solo dos, y las dos las comparte con el PNV con idéntico valor: sus coincidencias más literales son excepciones escritas una por una.
Las cifras finales no sirven a ninguno. Esquerra tiene que explicar por qué el test la sitúa más cerca del PSOE que del PNV, o sea de uno de los dos propietarios del régimen que quiere sustituir. El PNV, por qué defiende como propio un marco que no respaldó y por qué está más cerca del PP que de Esquerra. Y hay un dato que desactiva la etiqueta común: registra con Esquerra un sesenta y siete por ciento y veintidós coincidencias de cuarenta y dos, y con Bildu un sesenta y ocho y otras veintidós. Ser nacionalismo de izquierda catalán o serlo vasco le da la misma distancia exacta. Lo que comparten los nacionalismos periféricos es una pregunta, no una respuesta.