El análisis
El desacuerdo no es Euskadi: es la democracia cristiana
El PNV es el partido más afín al PSOE de los dieciséis, y el PSOE lo es del PNV: un máximo mutuo que solo se da en cinco de los ciento treinta y seis pares. Catorce de sus diecinueve divergencias caben en tres ejes, y ninguno es el territorial.
01Un partido de Bilbao y otro de Suresnes
RegistroEl PNV lo funda Sabino Arana en Bilbao en 1895 sobre una base católica y foralista que deriva en democracia cristiana, y ha presidido el Gobierno vasco casi toda la etapa autonómica. No respaldó la Constitución de 1978, defendió la abstención en el referéndum y ancla su autogobierno en un título foral anterior al texto. Meses después negoció el Estatuto de Gernika, que sí ganó su referéndum.
El PSOE llega desde otra genealogía. Partido obrero del siglo XIX, ilegalizado y exiliado durante casi cuarenta años, se refunda políticamente en el congreso de Suresnes con una generación joven encabezada por Felipe González. Uno nació para defender una nación sin Estado; el otro, para representar a una clase dentro de uno.
El registro práctico es una sucesión de acuerdos en las dos direcciones. El PNV y los socialistas vascos han cogobernado Euskadi; Patxi López alcanzó la Lehendakaritza con votos del PP; el PNV apoyó los presupuestos de Rajoy y poco después la moción de censura que hizo presidente a Sánchez. Ninguno ha intentado nunca ser el sustituto del otro.
02Un máximo mutuo entre dos familias distintas
CalibraciónLa afinidad entre ambos es del ochenta y tres por ciento, la más alta que el PSOE registra con los otros dieciséis, por delante de Sumar, su socio de gobierno. Es también la más alta del PNV, por delante de Junts. Cada uno es la mayor afinidad del otro, y esa reciprocidad solo aparece en cinco de los ciento treinta y seis pares.
Los otros cuatro máximos mutuos son parejas de la misma familia: Sumar y Podemos, Esquerra y Bildu, Núcleo Nacional y Falange, Vox y Se Acabó La Fiesta. El de PSOE y PNV es el único entre dos partidos sin tradición doctrinal, electorado ni nación de referencia comunes.
El otro indicador dice algo distinto: coinciden en veintitrés de las cuarenta y dos afirmaciones, un recuento de media tabla. La afinidad mide distancia entre posiciones; el recuento, respuestas binarias. Divergen porque sus desacuerdos se concentran en ejes donde están a distinto lado del cero pero cerca de él: cruzar el centro voltea respuestas sin alejar las posiciones.
03El territorio no es el problema
CalibraciónEl eje territorial los separa cincuenta y cinco puntos y empata como su mayor distancia, así que la lectura evidente es que discuten de Euskadi. Los datos no la sostienen. Están del mismo lado, el del pluralismo territorial, y de las cuatro preguntas coinciden en tres: Estado federal, ninguna imposición del castellano como lengua vehicular y ninguna recentralización.
La única divergencia es la premisa: si Cataluña, País Vasco y Galicia son naciones con derecho a decidir. El PSOE acepta la palabra nación y rechaza el derecho a decidir. Y eso no dice nada del PNV: es la única pregunta territorial que separa al PSOE también de Esquerra, Junts, Bildu, la CUP y el BNG, o sea una propiedad del socialista.
Donde no discuten nada es en el régimen: coinciden en las cuatro preguntas. Defienden la monarquía parlamentaria, sostienen que la Constitución del 78 funciona y no debe sustituirse, y niegan que sus élites hayan traicionado a los ciudadanos, algo que suscriben trece de los diecisiete partidos. Son además los dos únicos del test a la vez del lado plurinacional y del continuista: nadie más quiere plurinacionalizar el 78 en lugar de sustituirlo.
04Catorce de diecinueve divergencias en tres ejes
CalibraciónLos tres únicos ejes que los ponen a distinto lado del cero son economía, costumbres y religión. En tradición chocan en las cuatro preguntas: el PNV defiende el modelo familiar de referencia, la tauromaquia y las costumbres heredadas, y rechaza la memoria histórica como política de Estado. En religión, otras cuatro de cuatro: concertada, privilegios de la Iglesia, símbolos públicos y religión con efectos académicos.
En economía divergen seis de las ocho, y lo revelador es la dirección. Con Sumar, Podemos, Esquerra, Bildu, el BNG y la CUP el PSOE tiene exactamente dos, siempre las mismas y siempre por su izquierda: sanidad exclusivamente pública y renta básica. Con el PNV tiene seis y todas por su derecha: impuestos a las empresas, despido, salario mínimo, pensiones por reparto. Su mayor afinidad es el único socio que tira hacia el otro lado.
Ninguno es doctrinario ahí. El PNV ocupa el polo de mercado y el confesional por el margen más estrecho de los siete que los pisan, y coincide con el PSOE en el impuesto a las grandes fortunas, que votó a favor y aplica en Euskadi. El PSOE responde en clave secular a las cuatro preguntas religiosas mientras los conciertos siguen vigentes, incluidas sus propias legislaturas. Uno es confesional con fiscalidad de izquierda; el otro, laicista de discurso y acomodado en la práctica.
05Dos ceros exactos y un acuerdo incómodo
CalibraciónDos de los nueve ejes marcan distancia cero exacta: libertad civil e identitarismo. No es redondeo. PSOE y PNV son los dos únicos partidos de los diecisiete con valor idéntico en ambos, y solo cinco de los ciento treinta y seis pares empatan a cero en dos o más ejes. Fuera de los tres anteriores quedan cinco divergencias, y en cuatro lo que hay no es un choque sino el silencio de uno de los dos.
Los caminos hasta ahí son opuestos. El PNV llega al empate civil tras una recalibración: su etiqueta democristiana lo situaba del lado de la coacción y su voto en eutanasia, aborto y cannabis lo movió al liberal. El PSOE llega desde arriba, frenado por una práctica de videovigilancia menos garantista que su programa. En identitarismo igual: el socialista llega por la paridad y el lenguaje inclusivo; el vasco, porque su demos son los vascos y priorizar a los españoles no le aplica.
Queda el acuerdo que ninguno exhibe. En expresión están del mismo lado y coinciden en tres de las cuatro preguntas: ninguno suscribe que una opinión no deba ser nunca delito por su contenido, los dos ven necesarias las leyes de discurso de odio y ninguno acepta que la regulación de medios y redes sea mínima. Discrepan en un tipo penal, no en la premisa: el PNV respaldó despenalizar las ofensas a la corona y a los símbolos del Estado, y el PSOE rebajó esas penas sin retirarlas.
La conclusión no sirve a ninguno de los dos relatos habituales. Quien presente al PNV como el socio que el PSOE compra con competencias tiene que explicar por qué es el partido del que menos lo separa el test, por delante de su socio de gobierno, y por qué en territorio coinciden en tres de cuatro preguntas. Quien lo presente como una derecha vasca sin más tiene que explicar por qué su mayor afinidad está en el PSOE y no en el PP. Discuten la empresa, la parroquia y la costumbre, no la nación: son los dos únicos que quieren un 78 plurinacional en vez de otro régimen, y por eso ninguno puede ser la alternativa del otro.